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Claus-Von-Stauffenberg

El 20 de julio de 1944 es una fecha destacada en la cronología de la Segunda Guerra Mundial. Ese día, el coronel Claus von Stauffenberg colocó una bomba a un metro escaso de Adolf Hitler, mientras se celebraba una conferencia en el cuartel general del Führer en Rastenburg. El artefacto estalló, pero una increíble cadena de casualidades y coincidencias hizo que el dictador germano saliese ileso del atentado. El golpe de Estado que se desarrolló en Berlín a continuación también sería víctima de la fatalidad, lo que le condenaría al fracaso. Nunca antes estuvo el régimen nacionalsocialista tan cerca de ser derribado, pero de forma milagrosa éste sobrevivió, al igual que su líder. Las doce horas transcurridas entre el estallido de la bomba y el aplastamiento final del golpe han sido narradas en innumerables libros y han sido llevadas al cine en varias ocasiones.

¿Qué hubiese pasado si Stauffenberg no se hubiera visto agobiado por un militar sin rango y no hubiese dejado atrás, sin entrar a la reunión, a su ayudante de campo que llevaba la segunda bomba? ¿Qué hubiese ocurrido si ambas bombas hubiesen cumplido con su propósito, nada menos que asesinar a uno de los mayores dictadores de la historia?

Un año de guerra se ahorra el continente europeo y centenares de vidas humanas, que acumuló el fracaso de la explosión de aquella bomba, se salvan. El derrocamiento del nacionalsocialismo produce un diálogo con los aliados occidentales que conduce a una rendición condicional y el comienzo de una nueva estrategia militar angloamericana con el objetivo de aislar a los soviéticos y reducir su área de influencia. Loscomunistas que sometieron durante cuatro décadas al este del viejo continente se ven desprovistos de su enemigo y disponen de menos argumentos para pactar su dominio de naciones enteras con su aliado circunstancial que eran las democracias occidentales. Los años siguientes estarían marcados por un comunismo, que si bien no modificaría la fecha de su colapso, estaría profundamente debilitado en el resto del mundo.

Noticias

Punto de Divergencia

El atentado del 20 de julio

En la guerra los acontecimientos importantes son el resultado de causas triviales
Julio César

La conferencia militar de Hitler con otros jefes militares empezó en una amplia sala poco después del mediodía, donde acudieron el mariscal de campo Wilhelm Keitel, los generales Alfred Jodl, Walter Warlimont y otros altos oficiales, entre los cuales se hallaba Stauffenberg, bordeando una enorme mesa con mapas; minutos después de empezada la reunión Stauffenberg, quien llegó retrasado, activó las dos bombas en su maletín en un cuarto junto a Haeften. Entró en la reunión y se acercó lo más que pudo a Hitler, colocó el maletín muy cerca de los pies de Hitler, Haeften dejó la siguiente bomba muy cerca y luego pidió permiso para retirarse por unos minutos fuera del recinto alegando una llamada por recibir, dejando su maletín en la sala junto a la gran mesa. Uno de los asistentes tropezó con el maletín y lo colocó detrás de uno de los pedestales de la gran mesa, pero esto no sería motivo de salvación para Hitler, al estar la segunda bomba muy cerca de su presencia, siendo esta la responsable de su fallecimiento.

A las 12:40 las dos bombas explotaron con gran potencia destruyendo gravemente la sala de conferencias, matando a nueve oficiales, además de Adolf Hitler e hiriendo gravemente a otros dos, Jodl y Keitels. Stauffenberg observó la humareda desde fuera de la Guarida del Lobo, y supuso que era imposible que Hitler hubiese sobrevivido y con gran dificultad pudo salir de Wolfsschanze y retornar a Berlín. A las 15 horas, el general Friedrich Fromm recibió una llamada desde Rastenburg del general Erich Fellgiebel, del cuerpo de señales y participante de la conspiración, quien avisó a sus demás cómplices que Adolf Hitler no había sobrevivido al ataque. La noticia permitió a los conspiradores reunidos en el Bendlerblock entregar de forma anticipada la orden de movilización del ejercito de reserva, activando Olbricht la «Operación Valkiria». En la Wolfsschanze mientras tanto, existía incertidumbre mientras se difundía rápidamente la noticia del fallecimiento del Führer. La causa de muerte según los militares, en un primer momento, correspondía a un bombardeo aéreo, pero ante la ausencia de informes de aviones enemigos en la zona, se empezó a sospechar de un atentado. La jerarquía del nacionalsocialismo se encontraba en un estado de confusión mientras esperaban noticias desde la capital, a la que había llegado en avión el coronel Stauffenberg. Una hora más tarde, el ejército de reserva se desplegaba en Berlín, mientras la radio oficial confirmaba la muerte de Hitler junto a una transmisión con un discurso del nuevo canciller, Carl Friedrich Goerdeler, en donde confirmaba la supuesta responsabilidad de las Schutzstaffel en el atentado, convirtiéndo el golpe de Estado en una operación de bandera falsa.

¡Hombre y mujeres alemanes, soldados de la Wehrmacht! Nuestro Führer, Adolf Hitler, ha muerto. El pueblo alemán está sumido en el más profundo dolor y respeto. Hace mucho tiempo, él ya se había percatado del terrible peligro que entrañaba el bolchevismo y por ello consagró su vida a combatirlo. Su vida constituyó un servicio único a Alemania. Su empeño en la lucha contra la marea bolchevique permanecerá vivo no sólo en Europa, sino también en todo el mundo civilizado. El ejército ha asumido el poder provisional del país ante la amenaza de un golpe de Estado por parte de las Schutzstaffel, responsables de este atentado. Plenamente consciente de cuál es mi deber, asumo en esta hora decisiva la jefatura del pueblo alemán. Mi primera tarea será la de poner a los alemanes a salvo de la aniquilación que arrastra consigo el enemigo bolchevique. Los combates militares solamente deben proseguir para conseguir este objetivo. Este gobierno está dispuesto a negociar los términos de paz con los británicos y americanos, para evitar que los aliados sigan obstaculizando la consecución de este fin. Si los angloamericanos continúan la lucha, no será para defender a sus respectivos pueblos, sino únicamente para propagar el bolchevismo en Europa. La lucha que el pueblo alemán ha sostenido en el curso de esta guerra y los padecimientos que ha soportado en la patria constituyen acontecimientos de trascendencia histórica. Por este motivo, ante los tiempos de necesidad que habrá de soportar nuestro pueblo, asumo el compromiso, en lo que esté en mi mano, de conseguir unas condiciones de vida soportables para nuestras valerosas mujeres y para nuestros valerosos hombres y niños. Por todos ello necesito vuestra ayuda. ¡Tened confianza en mí, de ese modo, vuestro camino será también mi camino! ¡Mantened el orden y la disciplina, tanto en las ciudades como en el campo! ¡Manteneos en vuestros puestos y cumplid cada uno con vuestro deber! Sólo así seremos capaces de mitigar los sufrimientos que han de venir y evitar el colapso total. Si ponemos todo nuestro empeño en ello, Dios nuestro señor, después de tanto sufrimiento y tanto sacrificio, no nos abandonará.
Carl Friedrich Goerdeler

A las 16 horas, Stauffenberg llegó al Bendlerblock y Fromm se puso a sus órdenes, siendo secundado por Olbricht y los otros oficiales de ejército. A esa misma hora, Heinrich Himmler incitaba a las Schutzstaffel a sublevarse contra el golpe de Estado, negando la participación de sus efectivos en la conspiración y ordenando a las tropas del resto de Alemania a no obedecer las órdenes del nuevo gobierno. Unos minutos más tarde, la sede ministerial de Joseph Goebbels fue cercada por las tropas de la guarnición de Berlín creyentes en las órdenes de Fromm y de Olbricht. En el momento de su detención, Goebbels consumió una pastilla de cianuro, produciéndose su muerte instantánea frente al coronel Otto Remer que tenía órdenes de arrestar al ministro de Propaganda, su secretario Wilfred von Oven y el ministro de Armamentos, Albert Speer, que estaban presentes en ese lugar. Este último se ofreció para colaborar con el nuevo régimen para evitar su encarcelamiento. En las horas posteriores, el ministro del Interior y el comandante en jefe de la Luftwaffe, Heinrich Himmler y Hermann Göring serían detenidos en la capital, existiendo confusión en las fuerzas armadas alemanas. Los sectores más radicalizados de las Schutzstaffel comenzaron a desobedecer las órdenes del nuevo gobierno, entrando en conflicto con las unidades de la Werhmacht.

Las escuadras de protección se sublevaron en el momento de la detención de su líder, iniciándose una balacera en el Bendlerblock. La rebelión sería aplastada en las próximas horas por el Ejército que se movilizó en todo el país tras asumir como comandante en jefe el mariscal de campo, Erwin von Witzleben. Las fuerzas de ocupación en el resto del continente, al enterarse del fallecimiento de Hitler, obedecieron las órdenes de las nuevas autoridades. Pese a que las unidades de las Waffen-SS en los países ocupados vieron con escepticismo los sucesos, no pudieron organizarse para enfrentar a los militares porque el gobierno se decidió a cortar sus comunicaciones internas desde Berlín. En Viena, París, Praga y otros lugares, oficiales nazis de alto rango fueron detenidos. En los días posteriores, la resistencia al golpe de estado fue disminuyendo pese a existir algunos focos de desobediencia pero eliminándose la posibilidad de una guerra civil a gran escala, que era la preocupación del nuevo gabinete. Los comandantes en el frente de batalla recibieron la orden de continuar la guerra y no distraerse por cuestiones políticas internas, pese a la preocupación existente. Además se les notificó a las fuerzas en combate las intensiones del nuevo gobierno por restablecer la paz e iniciar negociaciones con los aliados occidentales. Al día siguiente el general Ludwig Beck habló por la radio alemana como nuevo presidente, confirmando la conformación de un gobierno provisional y la caída del régimen nacionalsocialista, aún puesta en duda por los gobiernos occidentales pese al discurso previo de Goerdeler. El 6 de agosto, se recuperó en su totalidad su paz política interna en Alemania.

Reacciones internacionales

Los aliados lucharon contra el enemigo equivocado.
La noticia de la muerte de Adolf Hitler se difundió rápidamente por el resto del mundo. En un primer momento, el gobierno británico reafirmó su compromiso con la rendición incondicional alemana, al igual que el presidente estadounidense, aunque expresaron su satisfacción el derrocamiento del nacionalsocialismo. Ambos mandatarios tenían desconfianza con una eventual negociación para el término de hostilidades, puesto que la situación militar del Reich Alemán era desesperada. La guerra estaba prácticamente perdida para los alemanes, pero en el verano de ese año y en el curso de tan sólo seis semanas había empeorado drásticamente la situación para la Wehrmacht. Pese a que aún tenían recursos militares considerables así como el dominio de gran parte del continente, el frente oriental amenazaba con quedar roto en cualquier momento tras el inicio de una gigantesca ofensiva soviética en Bielorrusia y en el frente occidental se esperaba el más que anunciado desembarco aliado en Normandía. En la península italiana los alemanes se limitaban a resistir las acometidas angloamericanas, sin la más mínima esperanza de pasar a la ofensiva. En cuanto a la guerra aérea, los aviones aliados encontraban todavía menos oposición en los cielos alemanes y la población civil pagaba las consecuencias padeciendo atroces bombardeos. Esto estaba condenando cualquier posibilidad o margen de negociación militar, ya que los conjurados tenían cada vez más difícil obtener algún tipo de apoyo entre los Aliados.

En el momento de que los gobiernos aliados estaban dispuestos a continuar la guerra, varios políticos y la opinión pública se manifestaron a favor de negociar para terminar las hostilidades lo más rápido posible. El canciller alemán Carl Friedrich Goerdeler, un conservador que comenzó a tener la simpatía de la derecha inglesa, comenzó a difundir su mensaje dentro de las esferas políticas de los países aliados, preocupados por la creciente influencia soviética en el continente. La diplomacia alemana aseguraba que los angloamericanos continuarían la lucha no para defender a sus respectivos pueblos, sino únicamente para propagar el bolchevismo en el mundo. La opinión pública, desgastada por media década de guerra, comenzó a simpatizar con la idea de negociar los términos de paz en forma anticipada. Los republicanos estadounidenses y conservadores británicos insistían con que el nacionalsocialismo había sido derrotado por los mismos alemanes, cuyas nuevas autoridades democráticas tenían la disposición de establecer un diálogo, que debía tener una respuesta de los aliados. Estas discusiones políticas terminaron por provocar la disminución de la animosidad de la población hacia el pueblo alemán.

La intransigencia del presidente Franklin D. Roosevelt terminó por debilitar su candidatura a la reelección ante los constantes ataques de la oposición que lo presionaban a hacer las paces con los alemanes y romper la colaboración estadounidense con la Unión Soviética, que extendía rápidamente sus áreas de influencia mientras obligaba a retroceder al ejército alemán. La discusión política en Estados Unidos, que ocurría en el contexto de una campaña electoral, ocurría mientras los británicos avanzaban en la elaboración de un plan que buscaba firmar la paz con Alemania y ocupar militarmente su territorio con el compromiso de mantener su unidad nacional. La estrategia británica consistía en que los alemanes continuaran la guerra contra los rusos, mientras se retiraban ordenadamente de sus posiciones en el frente occidental para ser trasladadas al este y en consecuencia detener el rápido avance soviético en Europa. El primer ministro Winston Churchill aceptó la denominada Operación Impensable, nombre entregado al plan, buscando reducir el área de influencia soviética en el continente y prepararse para un eventual conflicto con Rusia, cuyo gobierno estaba inconforme con los acercamientos de sus aliados occidentales con el gobierno de Goerdeler. La cancillería alemana se puso en contacto con los estadounidenses y británicos quienes aceptaron finalmente las negociaciones, que se realizarían en Malta.

Las negociaciones con los aliados

La caída del régimen nacionalsocialista y el establecimiento de un nuevo gobierno dispuesto a restablecer la paz, obliga a Gran Bretaña a sentarse a negociar para evitar la prolongación de este baño de sangre.
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El presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, el primer ministro británico Winston Churchill y el canciller alemán Carl Friedrich Goerdeler, firmantes del Tratado de la Valeta.

Los diplomáticos alemanes llegaron a La Valeta con una propuesta bastante ambiciosa en comparación a su desesperada situación militar. Esta consistía en once puntos, entre ellos el cese inmediato de los bombardeos sobre Alemania, la detención de los planes de invasión, evitar más víctimas, mantenimiento de la capacidad militar en el este, renuncia a toda ocupación, gobierno libre y constitución independiente, total cooperación para el cumplimiento del armisticio, delimitación de las fronteras de 1914 en el este (previas al Tratado de Versalles, mantenimiento de Austria y los Sudetes y autonomía para Alsacia y Lorena, colaboración en la reconstrucción de Europa, juicio de los criminales contra el pueblo y por último, recuperación de la dignidad y el respeto. La propuesta incluía además un restablecimiento de la monarquía. El gobierno alemán se mostraba dispuesto a colaborar con las autoridades militares aliadas rompiendo relaciones diplomáticas con Japón, pero insistía en que una Alemania debilitada política o territorialmente sólo favorecería las ambiciones soviéticas sobre el continente europeo. Los términos propuestos por los alemanes serían descartados por los enviados estadounidenses, quienes exigían una entrega total, la disolución del estado alemán y una ocupación militar que incluyera a los franceses. Los británicos, para reconciliar ambas posiciones, propusieron dejar en su término medio esas cifras. La propuesta inglesa consistía en una rendición condicional a cambio de garantías como una ocupación exclusivamente por angloamericanos, mantener la unidad nacional del país, mantener la integridad territorial de sus legítimas fronteras étnico lingüísticas y el retorno de la independencia política en un periodo de un año bajo un restablecimiento monárquico, cuya corona entregaba más confianza a los aliados que el recuerdo de una república inestable donde prosperó el totalitarismo responsable de este conflicto bélico. El gobierno alemán expresó de forma inmediata la aceptación general de los términos propuestos por Gran Bretaña.

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Dewey derrota a Truman, la portada del Chicago Tribune tras la victoria del republicano en las elecciones presidenciales de 1944.

Los estadounidenses también accedieron, pese a que Roosevelt seguía siendo hostil a la rendición condicional por separado. El visto bueno del gobierno norteamericano al acuerdo era una respuesta a su abrupta caída en las encuestas, se vio obligado a ceder ante las presiones republicanas que lo acusaban de promover un apaciguamiento con los soviéticos y de tener una actitud indiferente hacia la vida de los soldados estadounidenses. El estrés resultante para el mandatario aceleró notablemente su declive físico falleciendo de forma temprana el 13 de septiembre de 1944, siendo reemplazado por el excéntrico vicepresidente Henry Wallace, cuyas opiniones de izquierda, religiosas y políticas, le hacen rápidamente muy impopular. La mayoría centrista del Partido Demócrata rechaza sus aspiraciones presidenciales y nombra como su candidato a Harry S. Truman, mientras los conservadores sureños proclaman a Harry Bird. El 7 de noviembre Truman sería derrotado por el republicano Thomas E. Dewey y si bien, el primero recibió 24 millones de votos, cifra superior a los 22 millones de su contendor, en el Colegio Electoral, Dewey venció a Truman 275 a 256, por victorias estrechas en Michigan, New Jersey, Missouri, Pennsylvania, Maryland, Idaho, Illinois, Nueva Hampshire y Nueva York.

Colegio Electoral 1944 (Valkiria Triunfa)

La votación del Colegio Electoral de los Estados Unidos en 1944.

Mientras ocurría este vuelco político en Estados Unidos, los rusos manifestaron su rechazo a los términos de paz, así como a sus consecuencias, principalmente por no haber estado presente durante las negociaciones y por haber percibido en esta exclusión un gesto de Gran Bretaña y Estados Unidos donde estos países mostraban más voluntad de colaboración con Alemania que con Rusia. En la propaganda soviética se consideró a la rendición condicionada como un complot de los aliados occidentales con los alemanes, con el objetivo de aislar al país. La diplomacia rusa, presa de la indignación de Stalin, se comprometió a la victoria total, denunciando un cambio de bando de los occidentales, quienes dejaron de colaborar militarmente con los soviéticos tras la Tratado de La Valeta, siguiendo finalmente una estrategia militar que impediría la expansión de la influencia soviética en el continente. Los términos de la rendición condicional alemana eran la renuncia de Alemania a Alsacia y Lorena, los Sudetes y Austria, restableciéndose los límites fronterizos posteriores al Tratado de Versalles, pero con la integración del puerto de Dánzig a territorio polaco, la entrega completa de las fuerzas alemanas, la ocupación de Alemania solo por los angloamericanos, la preservación de la industria alemana, castigos colectivos para los líderes nazis y criminales de guerra ante tribunales internacionales, desnazificación plena de la sociedad alemana, con devolución temprana a la independencia política y a una economía social de mercado. Alemania debería pagar indemnizaciones a los países que ha invadido, cuyo monto será establecido por las potencias ocupantes de acuerdo con las partes agraviadas.

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Algunos de los condenados en los juicios de Ginebra.

En conformidad con el tratado, el gobierno alemán arregló la liberación de 79 funcionarios del régimen, mientras que cientos más fueron juzgados en el país por tribunales alemanes. Los 79 funcionarios liberados fueron juzgados en el año siguiente en tribunales especiales en Ginebra, Suiza, y presididos por un juez alemán, un juez británico o estadounidense y un juez de una nación neutral. Entre los juzgados en Ginebra estaban Hermann Göring, Heinrich Himmler, Alfred Rosenberg y Joachim von Ribbentrop condenados a muerte, Rudolf Hess condenado a cadena perpetua y Albert Speer y Karl Dönitz condenados a cinco años de prisión. Martin Bormann se suicidó antes de llegar al juicio, Adolf Eichmann desapareció aunque más tarde sería encontrado en América del Sur. De los condenados a la horca, Göring y Himmler se suicidaron antes de su ejecución. Dönitz y Speer fueron liberados y vivieron tranquilamente hasta 1980 y 1981 respectivamente y Hess murió en 1987 aún siendo prisionero.

El Final de la Segunda Guerra Mundial

El término de la guerra en Europa

Alcanzaremos a los Estados Unidos.
Mapa de Europa (Valkyria Triunfa)

Mapa de Europa tras la Segunda Guerra Mundial.      Países aliados de Gran Bretaña y Estados Unidos.      Países neutrales, Polonia y Yugoslavia.      Países aliados de la Unión Soviética.

En las horas posteriores a la firma de la rendición condicional, las tropas alemanas comenzaron una retirada gradual en los frentes occidental e italiano hacia las fronteras de Alemania, dejando que el avance angloamericano llegara pacíficamente. La Wehrmacht concentró sus tropas en el Frente Oriental. A pesar de los frenéticos ataques del Ejército Rojo, los soviéticos se estancaron en el Río Niemen en el este de Prusia y la línea Narew-Vístula en Polonia, pero se las arreglan para volver a ocupar los estados bálticos y llevar a cabo un gran avance en Rumania. Las ofertas del gobierno alemán para un alto el fuego y el reconocimiento de las fronteras soviéticas anteriores a la Operación Barbarroja fueron rechazadas. Finlandia firma un armisticio con los soviéticos y los alemanes se retiran del país. En forma simultánea Rumania colapsa y se entrega a los soviéticos. Las tropas alemanas se retiran en Hungría y Transilvania y cavan en las montañas de los Cárpatos. Las tropas soviéticas invaden Bulgaria mientras las tropas angloamericanas completan la ocupación de Francia, Noruega, los países del Benelux e Italia. Los aliados occidentales aseguraron a Grecia que los alemanes se retirarían de su país. Las tensiones entre los angloestadounidenses y las milicias comunistas pronto estallan en lucha abierta.

Los combates en Grecia, y la negativa de la Unión Soviética de un alto el fuego en el este de Europa siguen siendo la preocupación principal de los norteamericanos, satisfechos por la paz draconiana con los alemanes y la colaboración de su gobierno, mientras desean un rápido término de las hostilidades en el este europeo para enfocarse completamente en la derrota de Japón. Los alemanes se retiran rápidamente de todos los territorios rusos ocupados antes de la Operación Barbarroja, en conformidad al Tratado de La Valeta. Las tropas alemanas reciben la orden de rendirse a la llegada de los efectivos angloamericanos, pero no están obligadas a entregarse al Ejército Rojo. La tropas angloamericanas ocupan rápidamente a Alemania, desarman sin resistencia a las tropas de la Wehrmacht. Las tropas alemanas en Prusia, Polonia y Hungría resisten contra las fuerzas soviéticas hasta la llegada de los angloamericanos. El Ejército Rojo, con la asistencia de las milicias comunistas yugoslavas de Serbia y Macedonia, ocupan Vardar. Las tropas alemanas, con la ayuda de las fuerzas croatas y húngaras, logran mantenerse en Vojvodina, en la línea de Sava y el Danubio, y en Bosnia, sobre el Drina, hasta que los angloamericanos llegan. Hungría se rinde a los aliados occidentales. Los aliados avanzan sobre Grecia a lo largo de la costa adriática hasta Albania.

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El presidente electo de los Estados Unidos, Thomas E. Dewey, junto al primer ministro de Gran Bretaña, Winston Churchill en 1945.

Stalin aún está lleno de rabia por haber sido excluido en gran parte de Europa Central, y la propaganda soviética denuncia nuevamente la "traición" occidental, pero finalmente no se atreve a abrir una nueva guerra con los angloamericanos. Las difíciles negociaciones entre los aliados y los soviéticos en Yalta producen el siguiente acuerdo: Gran Bretaña y Estados Unidos reconocen las fronteras soviéticas anteriores a 1941, y la Unión Soviética reconoce las fronteras y el estado político de Alemania tal como se define en el Tratado de La Valeta; Rumania, Bulgaria y Finlandia son reconocidos dentro de la esfera de influencia soviética; Hungría, Grecia, Albania, Alemania, Italia y Checoslovaquia son reconocidos dentro del ámbito angloamericano de influencia. A todos estos países se les permitirá recuperar la independencia nacional y gobernar en un sistema democrático. Polonia y Yugoslavia se dividen provisionalmente en zonas de ocupación occidentales y soviéticas, hasta que un gobierno unitario pueda ser elegido posteriormente para convertirse en estados neutrales (por nacionalidades yugoslavas, un plebiscito decidirá si se conforma un estado unitario multinacional o los estados nacionales separados serán restituidos). Los territorios de Transilvania y Voivodina, que Hungría anexó durante la guerra, deben ser provisionalmente administrado por los angloamericanos hasta que un referéndum definirá su propiedad. Los crímenes de guerra por parte de personas de las potencias del Eje, así como de las potencias occidentales y de la Unión Soviética, serán juzgadas por tribunales internacionales. Las reparaciones de las potencias del Eje hacia los países invadidos son reconocidos, su importe debe establecerse mediante negociaciones entre las potencias ocupantes y de los países perjudicados.

Stalin, inconforme, acepta los acuerdos de Yalta como un reconocimiento de la situación militar sobre el terreno, sin embargo, denuncia el armisticio con Finlandia, citando violaciones especiosas del alto el fuego y entrega órdenes para la ocupación del país: después de una heroica resistencia, el ejército finés se siente abrumado y Finlandia cae ocupada por los soviéticos. La guerra en Europa oficialmente llega a su fin el 10 de enero de 1945, según se rinde el gobierno finlandés, aunque las hostilidades continúan en Grecia, en el marco de la guerra civil.

Intervención en España y caída del regímen franquista

Los estadounidenses hemos combatido en una guerra sangrienta para detener el avance del totalitarismo y estamos dispuestos a defender el hemisferio occidental del expansionismo soviético que condena a los pueblos del mundo a la miseria. El primer paso para detener el avance del comunismo es restablecer la democracia y la libertad en los países que la han perdido.
Thomas E. Dewey, en su discurso inaugural el 20 de enero de 1945
Ocupación de España

Mapa de España tras la ocupación aliada. La zona británica estaba compuesta principalmente por Andalucía y las Islas Canarias, la francesa en Cataluña, el País Vasco y las Islas Baleares y la estadounidense en Castilla y León y Valencia.

A pesar de haber acabado con el conflicto en Europa, otro asunto se puso sobre la mesa durante los acuerdos de Yalta, y ese fue la situación de España tras la guerra. A pesar de no haber entrado en la guerra el régimen franquista había sido un cercano amigo de los países del Eje desde la Guerra Civil Española, fue por tanto que se barajaron diversas opciones sobre cómo proceder. A pesar de que en un inicio ni Dewey, ni Churchill tenían pensado intervenir en el país ibérico, entre otros motivos por miedo a devolver a un gobierno republicano español con tradiciones filo comunistas, ambos se vieron obligados a hacer algo cuando Stalin, airoso por haberse quedado apartado en el reparto de Europa, anunció en la conferencia su intención de reconocer y restituir al gobierno español legítimo, bajo el pretexto de que la guerra contra el fascismo en Europa todavía no se había terminado.

A pesar de que era inviable para la maquinaría soviética en aquel momento enviar tropas a España para apoyar a los comunistas republicanos, los líderes aliados se alarmaron bastante ya que temían que un gobierno republicano que hasta ahora había sido abandonado por los aliados, pudiera entregarse completamente a la Unión Soviética, con la que ya habían tenido tratos durante la Guerra Civil, y estos ahora financiados por la misma y junto a las guerrillas comunistas devolvieran el conflicto a España, causando no solo inestabilidades en el país, sino también abriendo la puerta a la instauración de un nuevo gobierno marxista-leninista en el país que lo pusiera a los pies del bloque comunista, aparte con el añadido de que los países occidentales no podrían intervenir en la península por miedo a un escándalo para las opiniones públicas de sus respectivos países, ya que estarían apoyando a un gobierno fascista en contra del gobierno legítimo en el exilio.

Bandera segunda republica

En 1946 sería proclamada la Tercera República Española. Su primer presidente sería el socialista moderado Indalecio Prieto

El peligro latente a una nueva intervención soviética en España es lo que provocó que, finalmente, un día después de la firma de los acuerdos de Yalta, el 12 de enero, el presidente electo Dewey, a una semana de asumir, se pusiera en contacto con el gobierno republicano español exiliado en México, a través del embajador estadounidense designado en el país por el mandatario entrante. Tras una reunión de varias horas en las que participaron no solo el Presidente de la República Diego Martínez Barrio, sino también otros políticos de importancia como Indalecio Prieto, se llegó a un acuerdo secreto por el cual los aliados intervendrían en España para restaurar el gobierno republicano a cambio de una serie de condiciones, entre las cuales están el desvincularse de la Unión Soviética y de todos los movimientos de extrema izquierda y del Partido Comunista Español. Martínez Barrio ya había intentado formar durante los meses anteriores un gobierno que remplazará al fallido gobierno de Negrín, quien desde Londres seguía considerándose el Presidente de iure del Consejo de Ministros de la República en el exilio, sin embargo dicha cuestión necesitaba de la reunión de unas Cortes Españolas en el Exilio, cosa que hasta ese momento no había sido posible, por la propia guerra y por las desavenencias entre prietistas y negrinistas. Sin embargo ahora con un acuerdo oficial con el gobierno estadounidense y la promesa de expulsar del gobierno a los comunistas, Martínez Barrio consiguió llevar a su bando al bando prietista, al igual que a otros sectores tanto de centro, como conservadores opositores al régimen franquista, y así fue como el 17 de enero tal y como estaba planeado las Cortes republicanas se reunieron en Ciudad de México, asistiendo la mayoría de los diputados que estaban en el exilio, descontando los diputados negrinistas y caballeristas, que quedaron fuera de la convocatoria, al igual que algunos que vivían en la península, los cuales delegaron el voto. En dicha reunión se decidió por mayoría la destitución de Juan Negrín como presidente y la formación de una Junta Nacional de la República, con Indalecio Prieto como nuevo presidente del consejo de ministros, y formado por algunos políticos conservadores opositores al franquismo.

Peron-franco

El presidente argentino Juan Domingo Perón recibe al jefe de estado español Francisco Franco tras su huida del país.

Con un gobierno en el exilio plenamente formado, y el conflicto en Europa Occidental terminado, a partir del 15 de enero de 1945, de forma discreta los altos mandos aliados, empezaron a movilizar tropas a las fronteras españolas, en especial a los voluntarios españoles que había dentro del ejército aliado. Francisco Franco, desconcertado por los movimientos de los aliados, trato de pedir explicaciones al alto mando angloamericano, pero como respuesta solo recibió silencio. El 28 de enero temiendo una intervención y producto de su desesperación, el general Franco declaro la guerra a Japón como un intento de entrar en la guerra a favor de los aliados y así evitar la invasión. Sin embargo, de nada sirvió ya que un día después, el 29 de Enero por la tarde, los Estados Unidos, Reino Unido y Francia reconocieron al gobierno republicano en el exilio como el gobierno legítimo de España y enviaron un ultimátum al régimen franquista, instándole a que se rindiera y permitiera el restablecimiento del gobierno legítimo, a lo que Franco se negó en una demostración de sobrestimación de la capacidad bélica español y de la resistencia de su régimen. Ante la negativa del gobierno franquista a rendirse, a la madrugada del día 30 de enero, tropas aliadas encabezadas por voluntarios españoles, y antiguos brigadistas internacionales atraviesan la frontera de los Pirineos y entran en Cataluña y el País Vasco simultáneamente, horas después a través de Gibraltar y el sur de la península tropas anglobritánicas desembarcan en territorio español. El avance aliado es rápido. En apenas 4 días zonas como Cataluña, el País Vasco y el sur de Andalucía son ocupadas sin mucha resistencia, principalmente por la propia miseria y estado de la población del lugar que ve en los aliados, la esperanza de salir de la situación tan precaria de la España de la posguerra y la represión brutal del gobierno franquista. Durante los días siguientes Franco trato mediante discurso de radio, de movilizar a la población, con tal de repeler lo que él llama una invasión extranjera, sin embargo la situación de precariedad de la población española de la época y el resentimiento de gran parte de la población por la brutal represión, hace que salvo en algunas partes como Castilla-León, Navarra o Galicia, la resistencia fuera mínima. El 10 de febrero las tropas aliadas alcanzaron Madrid, la cual se rindió sin apenas resistencia. Franco consciente de que la guerra estaba perdida, había huido de la capital los días anteriores a la llegada aliada, y se dirigió a Galicia donde el 14 de febrero, huye al exilio a la Argentina, donde fue acogido por el gobierno de Juan Domingo Perón. El día 20 febrero se rindió el último foco de resistencia franquista, culminando la ocupación aliada de España. El 22 de febrero los aliados se repartieron las áreas de ocupación en la península, y finalmente un día después el 23 de febrero, el gobierno republicano retornaba a España tras casi 6 años en el exilio. Tras la ocupación de España por los aliados, los republicanos se comprometieron a realizar un plebiscito para determinar la jefatura del Estado que estaría bajo observación internacional. Mientra esto ocurría en la península ibérica, la lucha armada en Grecia comenzaba a concluir, cuando las fuerzas monárquicas se impusieron al Partido Comunista de Grecia, consolidándose el país helénico dentro de la esfera de influencia occidental y sufriendo Stalin una nueva derrota en el continente europeo. Concluidas las hostilidades en el continente europeo, finalmente la mirada de las potencias aliadas occidentales y de los soviéticos gira hacia el este.

La rendición de Japón y el fin del conflicto en el Pacífico

Mientras los aliados intervenían en España para de esta forma concluir el Frente Occidental, la guerra entre Estados Unidos y el Imperio Japonés aún seguía siendo intensa, debido a que el emperador Hirohito no reconoció al nuevo gobierno alemán ni tampoco a las autoridades españolas republicanas; además de que los japoneses exigían una victoria total. El 29 de febrero de 1945, el gobierno alemán, que disponía del reconocimiento diplomático de las fuerzas aliadas que ocupaban militarmente el país, le declaró la guerra a Japón, aunque esto ni significó ninguna alteración más que la ruptura final del Pacto Tripartito. El estado alemán, si bien continuaba existiendo, no tenía ningún poder militar efectivo tras la ocupación de Gran Bretaña y los Estados Unidos. En ese entonces, la derrota japonesa era inminente tras la victoria estadounidense en Iwo Jima y Okinawa, previo a los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, lo que provocó la rendición japonesa. Al término de la guerra, Japón fue ocupado por los aliados occidentales. El país fue desmilitarizado; el emperador, aunque continuó en el trono, fue obligado a renunciar a su divinidad y promulgar una nueva constitución, democratizar el país y cambiar el sistema educativo. Después de una larga crisis de posguerra, Japón fue ayudado económicamente por Estados Unidos. Poco a poco el país se reconstruyó, la economía empezó a crecer hasta ser uno de los países más industrializados del mundo en los años sesenta y setenta.

Guerra Fría

Creación del Bloque del Este

Ninguna nación es libre si acepta el dominio de otro pueblo.

En una consecuencia directa del término de la guerra, el régimen comunista de Rusia se anexó varios países incorporándolos en la Unión Soviética. La mayoría de esos territorios habían sido cedidos en secreto a los soviéticos por medio del Pacto Ribbentrop-Mólotov con los alemanes. Estos territorios anexados incluían el este de Polonia y Finlandia y la totalidad de las naciones bálticas de Estonia, Letonia y Lituania. Los dos otros países ocupados que no fueron directamente anexados dentro de la Unión Soviética se convirtieron en estados satélites. En Rumania, el Partido Comunista utilizó tácticas intimidatorias y fraude electoral para obtener el ochenta por ciento de los votos, y acto seguido, eliminado el rol de los partidos centristas, resultó que la mayoría de los políticos contrarios al marxismo leninismo fueron ejecutados, exiliados o encarcelados. En Bulgaria, los rusos habían cruzado la frontera en fechas simultáneas al derrocamiento del nacionalsocialismo y crearon las condiciones para un golpe de estado. Los mandos militares soviéticos en Sofía asumieron la autoridad suprema y los comunistas, incluyendo a Kimon Georgiev, tomaron el completo control de la política interna. Stalin dirigió los sistemas en los dos países del Bloque del Este que habían rechazado la economía de mercado, la democracia como forma de gobierno y el imperio de la ley sometido a la intervención discrecional del Estado. Ambos eran estados económicamente hablando dependientes de la Unión Soviética en cantidades significantes de materias primas. En los primeros cinco años que siguieron al fin de la guerra, se produjo una masiva emigración desde estos dos estados a occidente. Posteriormente se implementaron restricciones que detuvieron la mayor parte de la emigración, excepto aquellas producidas bajo acuerdos bilaterales limitados.

Transición alemana a la democracia

En política lo importante no es tener razón sino que se la den a uno.
Bandera Alemania 1948

La bandera de Wirmer fue adoptada como bandera de Alemania tras el éxito del atentado del 20 de julio de 1944.

Una vez finalizada la guerra, el territorio alemán quedó dividido en dos zonas de ocupación por un periodo de un año. El comercio y la industria del país estaban muy deteriorados y la economía en general presentaba un panorama desolador, con un creciente mercado negro y el fantasma de una hiperinflación. El gobierno alemán se había disuelto y la ocupación militar era considerada una unidad económica, puesto que no existía una autoridad central, sino un consejo aliado de control. En los hechos, la autoridad máxima de cada zona de ocupación era el gobernador militar y comandante en jefe de la misma, con total autonomía de las demás regiones. La intervención angloestadounidense tendría una breve duración, como era el compromiso adquirido con las autoridades germanas en el diálogo previo a la rendición, aunque los ejércitos aliados se mantuvieron durante décadas en territorio alemán en el contexto de las tensiones con los soviéticos.

El futuro rumbo socioeconómico del país era discutido por los diferentes partidos políticos alemanes y también por los angloamericanos, que presentaron una propuesta de reforma monetaria. Las fuerzas ocupantes decidieron aunar esfuerzos para la reconstrucción del país, mientras convocaban para agosto las elecciones que restablecerían la independencia política de esa nación europea, de acuerdo a lo pactado con el gobierno alemán antes del término de hostilidades. El restablecimiento de un estado germano era visto con preocupación por Stalin, que tenía desconfianza de las intenciones aliadas que buscaban un rearme alemán para servir de dique de contención frente al expansionismo soviético. El dictador ruso no estaba conforme y estaba decidido a contrarrestar cualquier influencia política, económica o militar en sus fronteras, pero dado a los acuerdos vigentes que mantenía con los angloamericanos, no podía intervenir directamente en territorio alemán. La estrategia cambió en ese instante para los soviéticos que comenzaron a contactar a los dirigentes comunistas alemanes para que se presentaran a las elecciones generales que habían organizado los ocupantes para los meses siguientes. Los comicios permitirían conformar el parlamento alemán con posterioridad al restablecimiento de la monarquía, una de las condiciones impuestas por la diplomacia germana para rendirse. Esta situación estuvo exenta de plesbicito, a diferencia de naciones como Italia, España o Hungría que debieron hacer referéndums para definir la jefatura del estado.

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El Reichstag alemán tras las elecciones generales de 1945. Los partidos de derecha obtuvieron una mayoría absoluta.

El 19 de agosto unos cuarenta y cinco millones de ciudadanos alemanes fueron convocados a las elecciones generales. Los resultados de los comicios demostrarían el comienzo de un multipartidismo en el país. Los demócratas cristianos, encabezados por el centrista Konrad Adenauer, fueron el partido político más votado y lograron 220 escaños de 700, pero para formar gobierno debieron generar una coalición política con monárquicos (90) y liberales (76). La oposición quedó conformada por los comunistas (82), socialdemócratas (120), agrarios (48) y nacionales democráticos (64). La derecha se aglutinó de forma anticipada en un conglomerado al hacerse evidente que ningún partido tendría la mayoría absoluta en los comicios. Los angloamericanos reconocieron el resultado de las elecciones, comprometiéndose con la retirada gradual de sus ejércitos, una vez concretado el compromiso del retorno de la independencia política. Esto no sería efectivo luego de conversaciones con las nuevas autoridades germanas que permitirían la permanencia de fuerzas británicas y estadounidenses en el país, algo necesario para aumentar la seguridad de sus fronteras, especialmente en Prusia. En las semanas posteriores, el príncipe Guillermo de Prusia, fue proclamado como emperador de Alemania y el monarca entrante, en conformidad con los resultados de los comicios celebrados, nombró como canciller a Konrad Adenauer. Los socialdemócratas y comunistas germanos estaban indignados. Pieck y Schumacher condenaron el restablecimiento monárquico y criticaron a las fuerzas estadounidenses y británicas por ser "permisivas con el imperialismo", con el fin de aislar a los soviéticos. Pese a las coincidencias entre ambos partidos de oposición, no conformaron una coalición como pretendían los comunistas, quienes apostaban por un frente que permitiera tomar el mando del país, restaurar la república e instalar una democracia popular alineada con los intereses de Moscú.

La imposibilidad de llegar a un acuerdo de unión entre ambas fuerzas, daba seguridad a los intereses estadounidenses, de que la izquierda no llegaría al poder en Alemania, porque no tenía los votos, ni el suficiente apoyo de los rusos. El gobierno británico, ahora encabezado por Clement Attlee, llegaría a entendimientos con Kurt Schumacher, para que su partido rompiera definitivamente con los comunistas. Mientras esto ocurría, el presidente Dewey llegó a un acuerdo con el canciller Adenauer para una remilitarización gradual del país, lo que es visto con preocupación por Stalin, que teme una escalada militar que reduzca su área de influencia nuevamente.

En este contexto del término de la ocupación, el nivel industrial alemán seguía siendo inferior y las causas de esta situación eran diversas, ya que a las destrucciones materiales provocadas por la guerra y a algunas restricciones a la producción industrial alemana de posguerra, se sumaba también la gran cantidad de impuestos y controles que pesaban sobre las mercaderías que se comerciaban en los mercados legales. Si bien los precios de los bienes estaban oficialmente congelados, para poder adquirirlos los alemanes debían contar con tarjetas de racionamiento y reichsmarks, la moneda alemana durante el período nacionalsocialista. El problema lo constituían las tarjetas de racionamiento, ya que los reichsmark abundaban en el mercado: desde fines de la década del treinta, Alemania financió gran parte de su desarrollo armamentista por intermedio de la emisión monetaria. Este contexto explica el rápido crecimiento del comercio paralelo de bienes y la utilización de cigarrillos norteamericanos como patrón de cambio alternativo. Otro factor que afectó inicialmente a la industria fue la escasa mano de obra en relación a la población general, problema que sería solucionado en poco tiempo. En forma simultánea, las tensiones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, continuaron en aumento, principalmente con la aparición del Plan Marshall, cuyo envío de alimentos y productos manufacturados por parte del gobierno norteamericano serviría para paliar el déficit de producción que sufría todo el continente europeo y además ayudaría a mitigar la expansión del comunismo.

Doctrina Dewey

La contención global fue una política adoptada por Estados Unidos hacia la Unión Soviética durante los primeros años de la Guerra Fría. El propósito de esta política era derrotar a Rusia impidiendo la expansión del territorio bajo control de regímenes comunistas y otro tipo de expansión de su influencia. El concepto de contención surge principalmente de la idea según la cual el aislamiento conduce al estancamiento. El departamento de estado estadounidense confiaba en que el resultado de la contención global conduciría a la victoria de la alianza liderada por los Estados Unidos y Gran Bretaña sobre la Unión Soviética. Para ello, el gobierno norteamericano consideró fundamental establecer su dominio sobre Corea y Alemania, naciones que consideraba como diques de contención frente al expansionismo soviético. Es precisamente por ello, que los angloamericanos se negaron a entregar una zona de ocupación a los rusos en territorio germano como a un acuerdo que entregara territorios alemanes a los polacos en el este, puesto que esta nación iba a mantener un estatus neutral durante el conflicto. En el caso coreano, las fuerzas estadounidenses se consolidaron el sur del país, mientras los nacionalistas chinos obtenían cada vez una mayor ventaja en la guerra civil, lo que modificó el equilibrio sociopolítico del continente. En el momento en que los norcoreanos, con respaldo soviético desataron la guerra, los chinos y estadounidenses encerraron a las fuerzas comunistas. La reunificación coreana, como se menciona más adelante, permitirá un auge económico en el país que lo conducirá a ser una potencia. El armisticio que se firmaría en Vietnam, años más tarde, provocó la retirada de este teoría, siendo reemplazada por la de coexistencia pacífica.

Plan Marshall y nuevas delimitaciones fronterizas

El único medio de vencer en una guerra es evitarla.
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La propaganda estadounidense del Plan Marshall. La fotografía dispone de un error en la bandera alemana, que aún era cuestionada por los socialdemócratas.

Las autoridades norteamericanas, decididas a terminar con cualquier influencia marxista en el continente europeo, lanzaron el Plan Marshall que consistía en ayudas económicas por valor de unos veinte mil millones de dólares de la época para la reconstrucción de aquellos países de devastados tras la guerra. El plan estuvo en funcionamiento durante cuatro años desde abril de 1948. Los objetivos eran reconstruir aquellas zonas destruidas por la guerra, eliminar barreras al comercio, modernizar la industria europea y hacer próspero de nuevo al continente. El plan requirió de una disminución de las barreras interestatales, una menor regulación de los negocios y alentó un aumento de la productividad, la afiliación sindical y nuevos modelos de negocio modernos. Las ayudas del plan se dividieron entre los países receptores sobre una base más o menos per cápita. Se dieron cantidades mayores a las grandes potencias industriales, ya que la opinión dominante era que su reactivación sería esencial para la prosperidad general de Europa. Aquellas naciones aliadas recibieron algo más de ayuda per cápita que los antiguos miembros del eje o que se habían mantenido neutrales.

Unos años antes, los vencedores del conflicto bélico habían determinado las fronteras que regirían durante la posguerra, a excepción de las fronteras polacas que se mantenían pendientes. La forma de determinar los nuevos límites era la demografía, especialmente lengüistica de los habitantes de los territorios en disputa y los plebiscitos que se desarrollaron en algunas regiones. El resultado fue la mantención de los arbitrajes de Viena para Hungría, lo que le significó mantener el territorio que mantenía durante la ocupación alemana, incluyendo Transilvania. La anexión de esta última región, que pasó a influencia occidental, molestó a los soviéticos, que debían acatar esta determinación que habían reconocido. La población rumana de esa zona debió ser reubicada en la orilla sur del Río Dniéster. Yugoslavia debió ser una de las naciones más perjudicadas por el arbitraje de las fuerzas ocupantes, especialmente por ser un estado que pasaría a ser neutral y por tanto, fuera de las áreas de influencia de las dos grandes potencias. Italia se adjudicó la totalidad de la península de Istria y la minorías croatas y eslovenas debieron ser reubicadas. En la región de Kosovo, un plebiscito determinó su anexión a Albania, bajo influencia occidental. Macedonia quedaría bajo zona soviética, tras ser anexada a Bulgaria, país con un gobierno comunista que se veía beneficiado por los arbitrajes. Los rusos buscaban, para satisfacer la idea nacionalista búlgara, una salida al Mar Mediterráneo en Tracia Occidental, donde se estacionaría la flota soviética, idea que fue rechazada por Gran Bretaña, que rechazó la petición rusa luego de la derrota comunista en la Guerra Civil Griega. El tema más delicado era las fronteras alemanas orientales. Los estadounidenses deseaban respetar el acuerdo que firmaron con los germanos para concretar su rendición condicional, que obligaba a respetar las fronteras étnico-lengüisticas del país. Los soviéticos, por su parte, no reconocían este acuerdo, del que habían sido excluidos y buscaban un canje territorial que beneficiara a los polacos de territorio alemán para compensar pérdidas que tendrían por las ambiciones soviéticas sobre el este del país. Los angloamericanos tampoco reconocían la frontera oriental de Polonia establecida por los soviéticos. La situación se escaparía de las manos para ambas potencias y desencadenaría una de las primeras tensiones en la Europa de la posguerra.

El bloqueo de Prusia Oriental

Los rusos deseaban asediar Königsberg de la misma forma que hicieron los alemanes con Leningrado. Su objetivo era dejar morir a la población por el hambre y el frío, para luego forzar una negociación favorable a los soviéticos y así apoderarse de la ciudad, a la que según uno de sus planes iban a bautizar como Kaliningrado. El triunfo del puente aéreo fue una gran derrota para Rusia.
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Los ciudadanos alemanes de Königsberg observan la llegada de un avión estadounidense.

Los soviéticos se encontraban molestos después de la exclusión occidental en la delimitación fronteriza entre polacos y alemanes. Los límites entre ambas naciones se habían mantenido iguales a las fronteras previas al estallido del conflicto bélico, lo que impedía las pretensiones territoriales rusas sobre la región. Stalin era consciente de que los aliados habían establecido a Alemania como un dique de contención para el área de influencia que deseaba establecer la Unión Soviética sobre el este del continente europeo, teoría conocida como Doctrina Dewey. En el momento del cese de hostilidades, el Ejército Rojo tenía bajo su control el territorio polaco que les correspondía de acuerdo al obsoleto Pacto Ribbentrop-Mólotov y anexaron oficialmente los territorios al este de las fronteras del Gobierno General que habían establecido los alemanes durante su ocupación militar. Las tropas soviéticas en Polonia no querían abandonar la región hasta que el propio país firmara un decreto que certificara su neutralidad. Stalin pensó que los polacos podían volver de nuevo sus miras hacia occidente en cualquier momento, por lo que estaba decidido a mantener sus unidades militares en el país. El gobierno soviético movilizó a un gran contingente de militares sobre el país, en concordancia con la retirada angloamericana del corredor polaco, un compromiso que habían adquirido los occidentales con los diplomáticos rusos en el contexto de la constante búsqueda del estado soviético por acceder a puertos libres de hielo en invierno, tal como ocurría en la ciudad de Gdansk, que formaría parte del estado polaco neutral que deseaban establecer las democracias occidentales. La armada rusa se estableció en la ciudad, dejando a Prusia Oriental aislada del resto del territorio alemán y del área de influencia de Gran Bretaña y Estados Unidos.

En junio de 1948, la Unión Soviética cortó el acceso por carretera a Königsberg, la capital de la provincia. A partir de ese momento, las calles y los suministros de agua se interrumpieron, las comunicaciones se cortaron, al igual que el tráfico de ferrocarriles y mercancías. El suministro de alimento a la población civil dependía exclusivamente de la buena voluntad soviética. Los aliados, sorprendidos por esta contundente respuesta de los rusos a la exclusión en las delimitaciones fronterizas, buscaron la opción marítima para enviar mercancías a la provincia alemana, pero la flota soviética había establecido una cuarentena en la costa del territorio. Los militares rusos estaban convencidos de la insuficiencia de las fuerzas británicas y nortemaericanas, por lo que la administración militar soviética se decidió por continuar el bloqueo. En seguida, comenzó una campaña de suministro aéreo de alimentos, agua y otros bienes iniciada por los aliados occidentales. El éxito de la campaña provocó el levantamiento del bloqueo y la cuarentena por parte soviética un año más tarde, en 1949.

Las consecuencias del bloqueo fueron los diálogos establecidos entre soviéticos, polacos y occidentales por la situación de Polonia, que aún estaba pendiente. El 15 de mayo de 1950, los polacos y soviéticos llegaron a un acuerdo, con la mediación de las potencias occidentales. Ese mismo día se firmó un tratado que estableció la retirada de todas las fuerzas ocupantes en ese momento en suelo polaco y la recuperación de la soberanía política a cambio de la neutralidad. La flota soviética debió retirarse de Gdansk y se estableció en el puerto lituano de Klaipeda, ciudad que tendría un gran desarrollo en los años posteriores. En el tratado, las fronteras orientales de Polonia fueron las que existían durante el gobierno general, las occidentales las mismas que mantenían durante el periodo de entreguerras. Las pérdidas territoriales polacas a favor de Rusia fueron determinantes para que los soviéticos aceptaran dicho tratado. Las ciudades de Brest-Litovsk, Grodno y Vilna pasaron a perpetuidad a administración de la Unión Soviética.

Ruptura Tito-Stalin

Guerra Civil China

Artículo principal: Guerra Civil China

Luego del término de la Segunda Guerra Mundial, las hostilidades se reanudaron en China entre los nacionalistas encabezados por el generalísimo Chiang Kai-shek y los comunistas liderados por Mao Zedong. Rusia había firmado un tratado de amistad con los nacionalistas, desautorizó el apoyo a los comunistas chinos y no se retiró de Manchuria. El resultado fue una lucha en la que los nacionalistas finalmente vencieron gracias a su mayor número de efectivos y armamento más avanzado, una gran cantidad de territorio bajo su control y el apoyo internacional por parte de las potencias capitalistas. Las tácticas militares empleadas por las guerrillas marxistas no fueron suficientes tras la negativa soviética de retirarse de la primera base industrial del país, ya que tenía sus expectativas puestas en la península coreana, fronteriza con dicho territorio. Los nacionalistas abrieron camino hacia el norte con el objetivo de encontrarse con las fuerzas soviéticas y terminar con el conflicto interno. La guerra civil concluiría el 1 de octubre de 1949 cuando el presidente Chiang kai-shek proclamó la victoria en la ciudad de Nankín.

Más de un millón de tropas comunistas y otros miles de refugiados, principalmente partidarios de esa ideología, huyeron del país rumbo a Mongolia, donde serían recibidos por el mandatario de ese país Yumjaagiyn Tsedenbal o a la Unión Soviética, donde Mao Zedong obtendría el asilo diplomático. Los comunistas chinos siguieron afirmando su gobierno como la única autoridad legítima de China, hasta el fallecimiento de Chiang kai-shek cuando ocurrió una apertura democrática que permitió la participación de ese partido en las elecciones libres. Deng Xiaoping se convertiría en primer ministro del país en 1986 e iniciaría una apertura comercial con el resto del mundo y una política de reconciliación entre nacionalistas y comunistas, que siguen siendo hasta la actualidad, los dos partidos políticos más importantes del país.

Guerra de Corea

Artículo principal: Guerra de Corea

El triunfo del gobierno nacionalista en China el 1 de octubre de 1949 alteró completamente el equilibrio geoestratégico de Asia. Stalin, que venía de sufrir serios reveses en Europa (como el fracaso del bloqueo de Prusia Oriental o el cisma yugoslavo), quiso recuperar terreno en el continente y dio su aprobación de un ataque norcoreano a Corea del Sur. Mientras tanto, la dictadura militar instalada en el sur, reprimía ferozmente a los movimientos campesinos y sindicales, con cientos de asesinatos, desatando una virtual guerra civil.

Así, el 25 de junio de 1950, las tropas norcoreanas atravesaron el paralelo 38º y avanzaron hacia el sur, arrasando prácticamente a las fuerzas surcoreanas, que apenas pudieron replegarse en torno a Pusan. La reacción diplomática de los estadounidenses y chinos fue inmediata. Los norteamericanos pidieron la convocatoria del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y consiguieron un mandato para ponerse al frente de un ejército que respondiera a la agresión norcoreana. La resolución, tomada sin presencia de la Unión Soviética, fue cuestionada como ilegítima por aquél país, que había rechazado asistir a las reuniones del consejo como protesta por la negativa estadounidense de reconocer a Corea del Norte como estado soberano. Con el amparo legal de la resolución del Consejo de Seguridad, Estados Unidos formó un ejército bajo el mando del general Douglas MacArthur, que recuperó rápidamente el terreno perdido, apoyado por el bombardeo masivo de poblaciones norcoreanas, con uso de napalm. El 19 de octubre tomaron Pyongyang, la capital de Corea del Norte. En los días posteriores, el ejército nacionalista chino, con apoyo militar estadounidense, atravesó el Río Amnok e ingresó en Corea, encerrando a las unidades de las fuerzas norcoreanas, que serían derrotadas. Los últimos bastiones de resistencia de los norcoreanos serían en la ciudad de Rasŏn, ubicada en el límite con Rusia. Esta localidad sería capturada el 1 de noviembre, terminando de esta forma las hostilidades en la península con la victoria de los chinos y estadounidenses. El presidente norcoreano se exilió en territorio soviético hasta su fallecimiento a temprana edad en un atentado perpetrado por agentes de seguridad surcoreanos veinte años más tarde.

Esta nueva derrota del comunismo enfureció a un debilitado Stalin, que veía como la ideología comunista se encontraba prácticamente aislada en su país. La diplomacia soviética intentó negociar el reconocimiento de la soberanía coreana si esta nación se mantenía neutral, lo que fue descartado por los estadounidenses. El estado unificado pasaría a formar parte de la Doctrina Dewey, siendo la península el dique de contención contra los soviéticos en el continente asiático. El gobierno tras la reunificación, encabezado por Syngman Rhee, estrechó relaciones con el presidente chino Chiang Kai-shek y el primer ministro japonés Shigeru Yoshida, mejorando considerablemente la estabilidad sociopolítica del continente, pese a que existía preocupación por el conflicto bélico en Indochina.

Sublevación en Rumanía

La difícil situación económica en la que se encontraba Rumanía era uno de los mayores problemas que tenía el gobierno comunista de este país, que decidió subir los impuestos. La decisión de aumentar las normas de trabajo, una idea que era propia de los comunistas alemanes que comenzaron a asesorar al régimen, fue percibida como una provocación que llevaría previsiblemente al deterioro del estándar de vida. Entre sesenta y ochenta trabajadores del sector de la construcción de Budapest entraron en huelga después de que sus superiores anunciaran un recorte en los sueldos si no alcanzaban la cuota de trabajo. Su número aumentó rápidamente y se convocó a una huelga general y protestas para el día siguiente. La radio norteamericana con base en el este de Hungría informó sobre los eventos en la capital rumana, lo que probablemente ayudó a incitar el levantamiento en otras partes del país. En el trascurso de la semana, unos cuarenta mil manifestantes estaban reunidos en Budapest, mientras se llevaban a cabo muchas protestas en toda la república con al menos algunas suspensiones de trabajo y protestas en virtualmente todos los centros industriales y en las grandes ciudades del país. Las demandas originales de los manifestantes, como la restitución de las cuotas previas de menos trabajo, se convirtieron en demandas políticas. Los funcionarios del partido tomaron las calles y empezaron a discutir con pequeños grupos de manifestantes. Finalmente, los trabajadores demandaron la renuncia del gobierno de Rumania. El gobierno decidió usar la fuerza para detener la sublevación y se dirigió a la Unión Soviética para obtener apoyo militar. En total, se comprometieron dieciséis divisiones soviéticas con veinte mil soldados. El uso de la fuerza provocó más de doscientos muertos en todo el país.

Los acuerdos de cooperación militar

En respuesta a la formación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en 1949, organismo que incluía a países limítrofes a la esfera soviética como Hungría, Alemania, Checoslovaquia o Grecia, se fundó el Pacto de Helsinki, conocido oficialmente como Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua. Su objetivo expreso era contrarrestar la amenaza de occidente y en especial el rearme de Alemania, a la que los acuerdos de París permitían reorganizar sus fuerzas armadas. Los únicos dos estados que se mantuvieron al margen de estas dos organizaciones eran Polonia y Yugoslavia, naciones neutrales de acuerdo a los tratados vigentes en aquel entonces entre la Unión Soviética, Gran Bretaña y Estados Unidos.

Véase también