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Historia Alternativa

Revolución de 1977 (Chile No Socialista)

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Revolución de 1977
Fecha 21 de mayo de 1977 - 1 de junio de 1977
Lugar Chile Chile
Causas Derrota electoral de la izquierda en las elecciones de 1976 y 1977
Resultado Victoria gubernamental
Revolucionarios derrotados
Consecuencias
Beligerantes
Chile Gobierno de Chile Izquierda Revolucionaria
  • Bandera del MIR (Chile).png MIR
  • MAPU-Bandera.png MAPU
  • Bandera Roja.png Militares pro-revolución
Figuras políticas
Presidente de Chile Eduardo Frei M. Carlos Altamirano (PS)
Óscar Garretón (MAPU)
Miguel Enriquez (MIR)
Comandantes
Chile Augusto Pinochet
Chile Gustavo Leigh
Chile José Toribio Merino
Bandera Roja.png Carlos Ominami D.
Bandera del MIR (Chile).png Andrés Pascal
MAPU-Bandera.png Eduardo Aquevedo
Bajas
1.236 soldados muertos y 5.340 heridos 9.890 muertos y 15.237 heridos

254 civiles muertos y más de 2.300 heridos
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La Revolución de 1977 fue una fallida insurrección armada, que comenzó cuando un grupo de revolucionarios de izquierda ejecutó un intento de Golpe de Estado en Chile contra el entonces presidente constitucional Eduardo Frei Montalva. La intentona golpista no logró sus objetivos y los rebeldes se rindieron. Pese a que los militares obtuvieron una victoria contundente en la denominada «Operación Dragón», los revolucionarios causaron graves problemas inicialmente, lanzando un intento de magnicidio en contra del presidente. Los guerrilleros fueron apoyados por algunos militares sublevados, que posteriormente fueron arrestados y algunos fueron exiliados.

Este evento transformó radicalmente la vida política chilena, fortaleciendo la alianza -considerada hasta entonces solo instrumental- entre el Partido Demócrata Cristiano y el Partido Nacional, los que posteriormente fundarían la Alianza Democrática Nacional. En general, la fallida insurrección y el coste humano de ésta fue el factor principal del declive de la izquierda en el país.

Antecedentes

Durante muchos años dentro de la izquierda chilena se vieron confrontadas dos ideas contrapuestas: una revolución violenta para implantar un régimen socialista frente a la "via pacifica al socialismo". La primera era apoyada por grupos de extrema izquierda como el MIR, pero también por sectores dentro de los partidos tradicionales de izquierda, en especial en el Partido Socialista, cuyo Congreso de 1967 proclamo la vía armada como forma para alcanzar el poder. Algo considerado irónico, pues justamente la segunda idea era promovida por el senador del PS Salvador Allende, quién había logrado alinear a casi todos los partidos de izquierda detrás de su proyecto para alcanzar el poder por la vía electoral, y así realizar las transformaciones estructurales que decían el país necesitaba. Sin embargo, los fracasos reiterados de Allende en las elecciones presidenciales de 1952, 1958 y 1964 le pesaron muy en contra, y cuando en 1970 nuevamente volvió a ser derrotado, sus principales críticos anunciaron que definitivamente su idea no era posible, y solo la vía armada podría traer el socialismo a Chile.

Si bien Allende no abandono sus planes, y anuncio que volvería competir en las elecciones presidenciales de 1976, la extrema izquierda continuo preparando a sus miembros para una confrontación y consiguiendo armamentos y apoyo desde el extranjero. Ante esta situación, Allende busco dialogar con los lideres del MIR y el MAPU para que le brindaran una vez más su apoyo, y no intentaran una acción que desestabilizara al país. Aunque Allende consiguió el respaldo de dichos grupos para su candidatura, no logro que abandonaran del todo sus planes, pues el MIR solo mantendría en el mínimo sus actividades violentas hasta 1973, cuando daría un gran golpe al atentar contra la vida del comandante del Ejercito René Schneider.

Al llegar las elecciones de 1976, Salvador Allende presento su quinta candidatura a la Presidencia de la República, sabiendo que era su ultima oportunidad para concretar su proyecto. La campaña contra Eduardo Frei Montalva (quién ya había derrotado a Allende en 1964) reflejo el ambiente muy polarizado que existía en ese entonces en Chile. Al final, tal como en las cuatro veces anteriores Allende no pudo obtener el triunfo, lo cual sello el destino de su idea de una vía pacifica al socialismo, y abrió la puerta para que la extrema izquierda hiciera su movimiento.

Preparativos

Si bien públicamente las organizaciones de extrema izquierda habían respaldado las intenciones de Allende por volver a postular en 1976, en privado consideraban que este no tenía opciones serias de triunfar, y por ello ya habían comenzado a desarrollar planes para realizar una revolución socialista en Chile.´Con el propósito de discutir como organizarla, durante junio de 1975 se reunieron en secreto el presidente del PS Carlos Altamirano, el secretario general del MIR Miguel Enríquez y el secretario general del MAPU Óscar Garretón. A la reunión también asistieron dos agentes cubanos y soviéticos, enviados para asesorar el movimiento revolucionario, y cuyas recomendaciones resultarían claves para armar el plan.

Los fondos serian puestos por Altamirano y otros parlamentarios de izquierda, que ya habían realizado un trabajo previo de recolección. Sobre el armamento, muchas armas y municiones habían ingresado al país de manera ilegal durante los últimos años, aunque el proceso se había dificultado desde que los servicios de inteligencia nacionales habían mejorado su eficiencia, consiguiendo interceptar importantes cargamentos. En cuanto al numero de hombres, para 1975 sumando a todas las organizaciones contaban con cerca de 25.000 guerrilleros, siendo el MIR el más numeroso. De ellas, la mayor parte poseía ya una instrucción militar gracias a labor de adiestramiento que venían realizado desde 1970. Sin embargo, los asesores extranjeros recalcaron que para conseguir la ventaja sobre las fuerzas armadas chilenas la clave sería el factor sorpresa, y el apoyo de soldados del mismo Ejercito a la causa revolucionaria.

La infiltración dentro las fuerzas armadas chilenas, ya sea para asegurar el apoyo de parte del Ejercito a la causa revolucionaria como para neutralizar una probable reacción gubernamental, era clave para cualquier intento de insurrección. Si bien existía un sector de los militares que se declaraba abiertamente como "anticomunista", la izquierda había conseguido luego de varios años de trabajo interno el respaldo o al menos la simpatía de un buen numero oficiales de alto rango en cada una de las ramas castrenses. Entre los principales involucrados con el plan revolucionario se encontraban los Generales de la FACH Alberto Bachelet, Sergio Poblete Garcés, y el coronel Carlos Ominami Daza, cuyo hijo era un activo militante del MIR. Pese a que Entre 1975 y 1977, los servicios de inteligencia chilenos consiguieron la detención de varios uniformados que estaban involucrados en actividades de la izquierda, aun había suficientes hombres dispuestos a apoyar un golpe socialista.

Con el propósito de no repetir errores, los agentes extranjeros recomendaron centralizar toda la estructura del movimiento, manteniendo la información en manos de unos pocos con el fin de evitar fugas, estrategia que probaría ser exitosa pues para 1977 los planes estarían listos para llevarse a cabo sin que el gobierno supiera la magnitud de lo que se venía.

Se decidió que la fecha para la revolución sería el 21 de mayo de 1977, día en que el Presidente daría su cuenta pública frente al Congreso Pleno y las Fuerzas Armadas estarían ocupadas con las celebraciones del Día de las Glorias Navales. Aprovechando ambos eventos, el plan revolucionario se llevaría a cabo, consistiendo en las siguientes etapas:

  • Al amanecer, un comando de revolucionarios atacaría la residencia privada del presidente Eduardo Frei Montalva en la comuna de Providencia, donde este se encontraría preparando para ir al Congreso. La misión sería capturar o asesinar al primer mandatario.
  • Al mismo tiempo, se realizarían atentados y sabotajes alrededor de todo Santiago, con el propósito de dejar aislada la capital del resto del pais. Esto estaría acompañado con la toma de todas las estaciones de radio y televisión de la provincia.
  • Mientras tanto, con la ayuda de los militares fines a la revolución, se procedería a:
    • La captura de los comandantes en jefe de cada rama de las Fuerzas Armadas y Carabineros, ASÍ como de los oficiales del Estado Mayor de la Defensa Nacional.
    • A tomar control de los regimientos, bases aéreas y cuarteles de carabineros, primero en las provincias de Santiago y de Valparaíso, y luego en el resto del país.
  • En Valparaíso y Concepción, grupos de marinos afines al movimiento capturarían -o inutilizarían de ser necesario- los buques de la Armada, usándolos luego para atacar las bases navales y puertos para causar caos.
  • Grupos armados tomarían los edificios de los ministerios, intendencias y alcaldías, haciendo un llamado a las autoridades locales de izquierda si las hay, a plegarse el movimiento.
  • Por medio de las radios se enviaría un mensaje llamando a todos simpatizantes de izquierda del país a unirse al movimiento revolucionario.
  • Usando el apoyo de los sindicatos comprometidos con la causa, los revolucionarios tomarían el control de mineras y fabricas en todo el pais.
  • Un grupo especial de tanques dirigidos por un oficial de alto rango afín a la revolución, cercaría el Edificio de La Moneda y también el del Congreso Nacional.

Mientras se asegura el control sobre Santiago de Chile, se anunciaría la formación de un nuevo gobierno liderado por Carlos Altamirano en calidad de presidente provisional.

Desarrollo

Movimientos previos

Conforme se acercaba el día establecido para iniciar la revolución, la tensiones dentro del grupo de revolucionarios crecieron, en especial luego de que la Dirección de Inteligencia Nacional capturara a un grupo de guerrilleros en el Cajón del Maipo, mientras iba a camino a establecerse en su zona designada para realizar labores de sabotaje. A esto se sumo las detenciones de una veintena de oficiales pro-izquierda el día 12 de mayo, como parte de un proceso para buscar elementos infiltrados llevado a cabo por el nuevo comandante en jefe del Ejercito Augusto Pinochet. La posibilidad cada vez mayor de que se descubriera el plan llevo a algunos a pedir que se adelantara la fecha, algo que fue rechazado por el liderazgo del movimiento.

Del lado del gobierno, este había recibido informes acerca de un incremento en la actividades de grupos extremistas, pero no había claridad de que se trataría. La opinión estaba dividida en si serían nuevos atentados de gran envergadura, o si había un plan mayor detrás. Sin embargo, el 20 de mayo la situación dio un giro cuando por un lado los servicios de inteligencia recibieron un mensaje del grupo de extrema derecha Patria y Libertad advirtiendo sobre un posible un ataque a la residencia del presidente Frei Montalva. Y por otro, el General Pinochet recibió reportes sobre un plan para capturar a los comandantes en jefe. Aun cuando debía prepararse para las celebraciones del día siguiente, Pinochet - que en ese momento además ejercía como Ministro de Defensa - decidió discretamente encabezar gestiones que lo llevaron a concluir que justamente la extrema izquierda planeaba iniciar un movimiento de gran envergadura para el 21 de mayo.

Inicio

Pasada la medianoche del 21 de mayo, y algunas horas antes de lo planificado los revolucionarios dieron comienzo a sus primeros movimientos. Cada unidad de rebeldes fue informada de los detalles de su misión y rápidamente se desplegó a sus posiciones a lo largo de Santiago, mientras esperaron la hora de iniciar. Los elementos infiltrados en las fuerzas armadas también se prepararon para llevar a cabo sus acciones, esperando la llegada de las fuerzas revolucionarias que los ayudarían a controlar las bases del Ejercito.

Militar chileno al interior de La Moneada.PNG

Carabinero al interior de la destruida residencia presidencial luego del ataque.

Intento de asesinato del Presidente Frei Montalva

Cerca de las 6 de la mañana del 21 de mayo, un grupo de revolucionarios se reunió en la comuna de Providencia cerca de la residencia privada del Presidente Eduardo Frei Montalva, y se preparo para asaltarla, aprovechando que el mandatario se estaría preparando para asistir al Congreso a dar su discurso nacional. Tras constatar el aérea y los guardias que estaban vigilando, los extremistas atacaron, pero rápidamente fueron sorprendidos por más guardias ocultos que los estaban esperando. La seguridad había sido reforzada durante el día anterior gracias al aviso recibido sobre un posible ataque a la casa del presidente.

Luego de casi media hora de combate, los rebeldes que habían sufrido muchas bajas creyeron haber lanzado una granada exitosamente donde estaba al presidente Frei, luego de lo cual procedieron a huir llevándose a sus heridos y comunicando la supuesta información al comando revolucionario. Según se pudo constatar, la balacera dejo a once rebeldes y seis guardias muertos.

Durante las siguientes horas no hubo claridad si el Presidente Frei Montalva había sobrevivido o no al ataque contra su residencia, alimentando los rumores por todo Santiago. Sin embargo, dentro del liderazgo revolucionario creyeron que a lo menos habían conseguido dejarlo incapacitado, y por ende mantuvieron en marcha el resto del plan para asegurar el control de la capital nacional, y luego del país completo.

Asedio de Santiago

Interrogación 1973.PNG

Militar interroga a una sospechosa de colaborar con los guerrilleros en Santiago.

Mientras tenía lugar el ataque a la residencia del presidente, los distintos grupos revolucionarios posicionados alrededor de la provincia de Santiago procedieron con sus respectivas acciones para dejar aislada la capital del resto del país, según lo indicaba el plan. El suministro eléctrico comenzó a ser cortado en distintos de Santiago, mientras en los caminos y accesos hacia el norte y el sur fueron dinamitados o bloqueados usando vehículos quemados.

En paralelo a esta estrategia, los revolucionarios buscaron capturar a los comandantes en jefe de cada rama de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, la operación se vio frustrada pues el General Pinochet consiguió descubrir horas antes los planes para su captura, y se preparo para sorprender a sus atacantes, quienes fueron repelidos con éxito. Previamente Pinochet había enviado una advertencia tanto al Presidente de la República como sus colegas militares, el Almirante Merino, al General del Aire Leigh y al General Mendoza de Carabineros. Todos ellos consiguieron también evitar sus capturas, y ordenaron a sus oficiales contactar lo mas rápido posible a las tropas acuarteladas, pues estas eran el siguiente objetivo de los revolucionarios.

A medida que los bloqueos de calles llegaban al interior de cada comuna del Gran Santiago, los rebeldes e agruparon en los regimientos y bases se las FFAA en la zona, y con ayuda de oficiales adscritos a la causa, comenzaron a ingresar. Tomando por sorpresa a la mayoría de conscriptos, los revolucionarios consiguieron hacerse con el control del regimiento Buin, y de la Compañía de Ingenieros de Montaña en Puente Alto. Algunos soldados fueron asesinados al oponerse a ser al asalto y ser tomados como prisioneros. Sin embargo, el aviso oportuno de los comandantes en jefe logro prevenir que el regimiento Tacna y el Comando de Telecomunicaciones en Peñalolén fueran tomados. Los oficiales que colaboraban con los izquierdistas en esos lugares fueron capturados, y de inmediato se procedió a interrogarlos para sacarles más información.

Víctima civil 1973.jpg

Víctima civil durante los combates en Santiago entre el ejército y los guerrilleros.

El senador Carlos Altamirano, quién había asumido el control de las operaciones en Santiago y ahora había establecido sus base de operaciones cerca del regimiento Buin, se dio cuenta que el no haber capturado todos los cuarteles puso en serios problemas los planes revolucionarios. A ello se sumaron reportes de que ya había unidades militares en vehículos recorriendo las calles, y que los grupos rebeldes asignados para detener el avance de estas, no estaban teniendo éxito en atraparlas. Pese a la duda de algunos (en especial los oficiales involucrados), los lideres revolucionarios se mantuvieron firmes en continuar con el plan, respondiendo con el despliegue de vehículos capturados, incluyendo tanques, los cuales esperaban movilizar hacia La Moneda y el Congreso. Además, de una de las bases aéreas capturadas el General Bachelet ordeno el despegue de algunos aviones.

Del lado gubernamental, los comandantes de las Fuerzas Armadas se reunieron en la Escuela Militar, aun bajo control del gobierno, y desde allí comenzaron a analizar el estado de la situación, y a reorganizar a las fuerza dispersas para preparar el contraataque.

Pearl Harbor.PNG

Situación posterior al combate por el intento rebelde de hacerse con los buques de la Armada.

Acciones en provincias

Si bien el plan revolucionario se concentraba en Santiago, pues allí se jugaría el control del gobierno, también se llevarían cabo movimientos en las demás provincias del país. El principal contemplaba las base navales de Valparaíso y Concepción, donde estarían concentradas el grueso de la flota chilena, y en el cual un grupo de marinos izquierdistas serían apoyados por rebeldes para apoderarse de algunos buques de la armada, mientras dejaba fuera de operaciones el resto.

En paralelo a los eventos en Santiago, los marinos dieron la señal en el muelle y mientras unos se reunieron con las tropas rebeldes para abordar las buques elegidos, los demás ingresaron a los otros barcos para sabotearlos. Sin mucha oposición, salvo por algunos soldados rápidamente neutralizados, los revolucionarios abordaron la mayor parte de los buques antes de que unidades alertadas por el Almirante Merino los alcanzaran, y comenzaran los combates. Aun así, los rebeldes tanto en Valparaíso y Concepción consiguieron apoderarse de un barco el suficiente tiempo para que este disparara un par de veces contra la base naval y el puerto, causando graves daños y bajas. Solo luego de casi tres horas, las tropas leales al gobierno lograron derrotar a los revolucionarios, y recuperar las buques de la Armada, de los cuales cinco resultaron con daños de mediana gravedad en su sala de maquinas, y otros tres con daños menores. En los dos arcos capturado por los rebeldes hubo un incendio por los torpedeos de los buques de la Armada.

Aun cuando la situación no era clara en Santiago, en el resto del país, los revolucionarios procedieron a tomar los edificios de gobierno, incluyendo Intendencias como Municipalidades, y en estas ultimas se contó con la ayuda de las autoridades de izquierda, alcaldes o regidores, que estaban al tanto de la revolución o que en ese día se enteraron y aceptaron apoyarla. Sin embargo, hubo miembros de los partidos de la UP que no estuvieron con el método para alcanzar el poder, y por ende fueron retenidos por los revolucionarios, junto a las autoridades de gobierno que lograron capturar.

Reacción internacional

Unas horas después de producirse el intento de asesinato al presidente, el intento de golpe de estado fue condenado con toda dureza por todos los países de la comunidad internacional. De entre todos los estados miembros conviene destacar por su energía la protesta del Reino Unido y especialmente la entonces Primera Ministra, Margaret Thatcher, que calificó la sublevación guerrillera como «un acto terrorista».

El portavoz de la Casa Blanca manifestó que Ronald Reagan deploraba la insurrección e instaba al respeto a la legalidad y a la restauración inmediata del orden constitucional. El gobierno español, a través de un comunicado, mostró su condena a la revolución y manifestó su confianza en que se produjera el «restablecimiento de la normalidad democrática». El vocero del gobierno, en rueda de prensa declaró que condenaba «con toda rotundidad» el golpe y manifestaba su deseo de que «la situación en Chile vuelva a la normalidad democrática e institucional cuanto antes». Por otro lado, la Unión Soviética y sus aliados que apoyaban la revolución socialista mantuvieron silencio ante la espectación internacional.

Respuesta gubernamental

Tanques La Moneda2.png

Un grupo de tanques se encuadra frente a La Moneda en medio de las acciones defensivas del gobierno.

Luego de varias horas de incertidumbres, la verdad sobre el estado del Presidente Frei Montalva empezó a ser conocida. El presidente sobrevivió sin heridas el ataque a su residencia, trasladándose poco después junto a su familia al bunker en la Escuela Militar, escoltado en el camino por un grupo de comandos dirigidos por el Teniente Cristián Labbé, que habían sido puesto secretamente en alerta temprano por el General Pinochet. A la Escuela Militar, que rápidamente se había atrincherado para repeler cualquier ataque rebelde, también habían llegado los demás comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas, quienes se pusieron de inmediato bajo las ordenes del Presidente de la República, quién a su vez les ordenó «salvar a la población nacional de estos cobardes ataques realizados por grupos marxistas hambrientos de poder». El General Pinochet de inmediato ordena poner el marcha la «Operación Dragón», operativo secreto desarrollado por el Alto Mando de las Fuerzas Armadas luego del atentado a Schneider en 1973, ante la posibilidad de que los extremistas de izquierda intentaran un levantamiento armado.

La orden es recibida por los comandantes de cada regimiento del país, quienes se dispusieron lo antes posible a ejecutar las indicaciones que les fueron informadas en los meses previos a la revolución. Tras establecer sus defensas, el ejército con apoyo de la aviación inicia ataques precisos contra las fuerzas rebeldes, mermando de a poco su resistencia.

Las tropas militares comenzaron la primera operación que consistía en recuperar el completo control de la capital del país y el mantenimiento de la seguridad constitucional. Los regimientos que se mantenían capturados por las fuerzas sublevadas, fueron desalojados y los guerrilleros que se encontraban en su interior puestos bajo arresto. Esta situación se vivió en todos los regimientos y cuarteles militares de la capital chilena. Cerca del Congreso Nacional, donde algunos tanques controlados por rebeldes se habían dirigido, se produjo un enfrentamiento con tanques de fuerzas gubernamentales, resultando un total de cuatro unidades acorazadas destruidas. En el aire, tres aviones rebeldes atacaron con relativo éxito algunos de los regimientos y posiciones del gobierno, pero antes de que pudieran alcanzar la Escuela Militar, fueron interceptados a tiempo por aeronaves enviadas por el General Leigh.

Mientras esto ocurría, los civiles radicalizados y proclives al «Levantamiento popular» continuaron con el procedimiento de barricadas en sectores bajo control de los rebeldes, específicamente poblaciones y sectores industriales de los alrededores de Santiago. La movilización general de las tres ramas de las Fuerzas Armadas fue bastante rápida.

La VI División de Ejército, con su cuartel general en Iquique fue la encargada de asegurar las fronteras terrestres con Perú y Bolivia, ya que el General Pinochet había pensado que estos países podrían estar directamente relacionados con la rebelión y utilizarían esto como pretexto para lanzar una invasión terrestre.

La siguiente medida del gobierno fue declarar un toque de queda en todo el país, entre las 18 horas y las 12 de la mañana, para favorecer las acciones del ejército de tierra que combatía las violentas apariciones de los guerrilleros:

El Gobierno de Chile con el objetivo de asegurar la normalidad en todo el territorio ordenó lo siguiente: toque de queda. Regirá a partir de esta fecha en las horas que estimen conveniente todas las áreas juridiccionales de seguridad interior. Los comandantes de áreas juridiccionales de seguridad interior de provincias emitirán sus propios bandos con las instrucciones de acuerdo a la situación que se viva. Para la provincia de Santiago el toque de queda rigió durante todo el día 22 de mayo, por lo que no hubo clases, movilización colectiva, ni se trabajará en las industrias, empresas, comercio ni oficinas públicas, salvo los servicios esenciales para lo cual se otorgaron los salvoconductos necesarios.

A partir del día 23 de mayo, el toque de queda para la provincia de Santiago regirá entre las 18 y 12 horas. Durante el lapso indicado la ciudadanía deberá cumplir estrictamente las siguientes disposiciones:

A) Prohíbese el tránsito de ciudadanos individualmente o en grupos, en vehículos o en cualquier otro medio por la vía pública. Lo anterior significa que las personas deberán de permanecer en sus lugares de alojamiento habitual o en sus lugares de trabajo en caso de turnos nocturnos.

B) Se otorgaron salvoconductos individuales para el día 21 de mayo, para personas que atendieron los servicios esenciales, sin excepción de ninguna especie. A partir del día 23 se otorgarán salvoconductos individuales para personas o vehículos, previo estudio de los motivos, por comisiones que funcionarán entre las 8,30 y 17 horas en los lugares que se señalarán en el día de mañana.

C) Medida que extiende durante todo el día 22 de mayo el toque de queda, producirá algunos inconvenientes a la ciudadanía que no ha podido regresar a sus hogares, pero la seguridad y la vida de los ciudadanos, ante la acción suicida de algunos grupos extremistas, aconsejan preservar en toda su valiosa concepción la vida de seres inocentes.
22 de mayo de 1977.

A largo de la nación, la mayoría de la población civil se resistió fuertemente a los revolucionarios, produciéndose cientos de enfrentamientos que resultaron en la muerte de varias personas comunes, además de los mismos rebeldes.

Para el 23 de mayo, las Fuerzas Armadas habían logrado romper el cerco que los revolucionarios habían impuesto sobre Santiago, despejando las barricadas en los caminos y rehabilitando las vías cortadas previamente. Para ese momento, si bien todavía había zonas bajo control rebelde en diferentes comunas de Santiago, el avance de los militares las estaba dejando aisladas entre ellas, por lo que el liderazgo revolucionario se vio obligado a ordenar una retirada. Aun así, núcleos rebeldes no pudieron escapar y tuvieron que refugiarse, reorganizándose luego para continuar hostigando a las fuerzas armadas en las calles de la capital.

Pese a que los efectivos militares lograron el rápido control de los centros de las grandes ciudades y capitales regionales, el avance sobre las zonas rurales y poblados fue complicado. Todas las sedes de partidos de la Unidad Popular son irrumpidas por las tropas, descubriendose diverso tipo de armamento de guerra.

El 27 de mayo en la madrugada, los revolucionarios realizaron un atentado explosivo en la municipalidad de Andacollo con la intención de asesinar al alcalde Beltrán Amenábar. Posteriormente, un grupo de quince personas asaltó la Basílica Menor, tomando como rehenes a 10 personas entre sacerdotes y funcionarios del templo. Los rehenes huyeron mediante un túnel secreto, y al verse acorralados los terroristas huyeron realizando disparos, por lo que fueron abatidos por militares que aguardaban su salida.

Fin de la Revolución

Atentado al Metro.PNG

Estado posterior de un tren destruido por el atentado al Metro de Santiago.

El 30 de mayo, se produce un enfrentamiento en el sureste de Santiago luego de que el Ejercito descubriera la localización de un grupo de rebeldes que aun se escondían en la capital. Tras seis horas de lucha callejera los efectivos militares y de carabineros logran acabar con cincuenta rebeldes, mientras una docena escapan y veintidós son apresados. Algunas consecuencias fueron una mujer alcanzada por un disparo, un policía herido en el rostro, un autobús quemado y daños diversos dejaron disturbios ocurridos en Santiago en aquella fatídica madrugada, dónde hubo varios heridos.

Según fuentes policiales de la época, los disturbios se concentraron en las comunas de Peñalolén, La Florida, San Bernardo, Quilicura y Cerro Navia, donde grupos de encapuchados levantaron barricadas, encendieron fogatas, atacaron vehículos y se enfrentaron con la policía, cuándo ya estaba en conocimiento que la revolución ya había fracasado, considerando el atentado frustrado al presidente.

En San Bernardo, al sur de Santiago, un cabo de Carabineros fue alcanzado por esquirlas en un ojo y otras partes del rostro cuando apagaba una barricada en la avenida Colón de ese municipio. Otros seis efectivos policiales fallecieron después de un repentino ataque de guerrilleros con armamento de guerra en las cercanías de esta zona. En los incidentes, algunos civiles apoyados por los paramilitares extremistas incendiaron también un automóvil y trataron de atacar una comisaría de Carabineros.

Pasada la medianoche, una veintena de encapuchados incendiaron un autobús del transporte urbano en Peñalolén, al sur oriente de la capital, aunque siete de ellos fueron detenidos por la policía. En Viña del Mar, veinte trabajadores resultaron lesionados por la explosión de una bomba dejada por desconocidos en el baño de un centro comercial, donde en la madrugada del miércoles había estallado otro artefacto, que alcanzó a una trabajadora del aseo.

Los afectados por la segunda bomba sufrieron un trauma acústico y fueron dados de alta tras recibir atención médica. El mismo día al amanecer, pese a que las autoridades de Santiago habían reforzado la seguridad desde que comenzó la revolución, ocurrió un atentado explosivo que dejó catorce heridos en una estación del Metro.

Ese mismo día, las empresas eléctricas puesieron en marcha planes especiales de contingencia para evitar cortes en el suministro, aunque los frecuentes atentados hicieron imposible el mantenimiento de la energía eléctrica para toda la capital.

En Osorno, una unidad de quince soldados consigue salvar a un grupo de familias que fueron tomadas como rehenes por una treintena de revolucionarios. Los supervivientes fueron condecorados por el mismo presidente y por el ejército con las más altas distinciones que puede entregar el país.

Si bien en la mayoría de las ciudades la situación se estaba normalizando, la principal fuerza revolucionaria se registro en la provincia de Concepción, especialmente en sectores rurales donde los paramilitares lograron obtener bastante resistencia, al igual que en la ciudad de Neltume donde los guerrilleros tenían el principal foco de rebelión. Sólo hasta la madrugada del 1 de junio, el Ejército y la Armada lograrian suprimir el movimiento, cuando ya tenían prácticamente todo el país bajo control.

En los dos días posteriores, las tropas militares lograron penetrar en todas las zonas aledañas donde resistían los revolucionarios. Una vez finalizado el enfrentamiento en Santiago, el presidente se dirigió a la población en un discurso radial y televisivo donde comunicó el fin del intento de golpe de estado valorando las acciones tanto de las fuerzas armadas como de la población civil que se resistió con fuerza a los insurrectos. Entre el 3 y 4 de junio, en la mayor parte de Chile, el ejercito consigue rodear y acabar con casi dos mil rebeldes que aún continuaban escondidos en algunas zonas. Varios edificios importantes resultaron seriamente dañados por los sabotajes de los guerrilleros y hasta terminan en gigantescos incendios.

En uno de los ultimos ataque de consideración de los revolucionarios, entraron a la oficina de Gustavo Leigh en una de las bases aéreas y le dispararon, impactándole cinco balas en el rostro, tórax, y los brazos. Una de estas le atravesó un ojo, perdiéndolo. A pesar de las heridas, sobrevivió al ataque.

Consecuencias

Perdidas humanas y materiales

Las pérdidas humanas alcanzaron cifras previamente inimaginables. El coste humano del conflicto fue de 11.380 muertos y el doble de heridos aumentando esa cifra a 22.877 personas ya sean civiles o militares. El costo humano del conflicto agudizó el rechazo de la población civil a los grupos izquierdistas. Muchos civiles fallecieron en secuestros organizados por los grupos guerrilleros en diferentes zonas del país, al igual que militares que se opusieron al avance inicial de los rebeldes especialmente en la captura de regimientos. La mayoría de bajas se registró en el bando izquierdista, ya que muchos guerrilleros murieron en sus combates con los militares.

Secuelas políticas

En términos políticos la revolución y su desenlace marcaron un punto de inflexión crucial en la historia republicana del país. La crisis social y política que siguió en los meses posteriores al fin de dicho evento llevo a un notable reordenamiento de las fuerzas políticas chilenas. El Movimiento Revolucionario de izquierda (MIR) y el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) se transformaron como los principales afectados por las repercusiones de haber participado directamente en la fallido alzamiento. La mayoría de sus militantes que formaron parte de dicho eventos o murieron o fueron capturados, mientras que del puñado que pudo huir no hubo muchas noticias en los años siguientes. Por tal motivo, la estructura de ambas colectividades quedo en manos de aquellos miembros que se abstuvieron de participar, los cuales sin embargo abandonaron al poco tiempo los planes para rearmar al MIR y al MAPU, al darse cuenta que el clima de hostilidad hacia la izquierda que dejo la revolución, hacia imposible que dichos movimientos pudieran resurgir. En su lugar, varios de estos ex militantes optaron por iniciar acercamientos con otros grupos escindidos de los partidos tradicionales.

El Partido Socialista fue otro gran golpeado por esta crisis, en especialmente pues su entonces Secretario General, Carlos Altamirano fue nada mas que uno de los lideres revolucionarios. Y si bien no todo el grueso del partido supo o formo parte de la revolución, este hecho dio pie a un conflicto interno a la hora de determinar quién sería el sucesor de Altamirano en la dirección del partido, así como que camino debería seguir a partir de ese momento.

Galería: Gobierno y Revolucionarios

En el sector partidario al Gobierno de Chile y a la Constitución:En el sector revolucionario conformado por retractores del Gobierno de Chile, partidarios de la instaruación de la dictadura del proletariado en el país:

Involucrados en la revolución

Si bien la mayoría de los revolucionarios que sobrevivieron al conflicto fueron capturados, hubo un puñado de personas que logro escapar del país, entre los que estaba el senador Carlos Altamirano, quién según testimonios fue el primero en darse cuenta cuando la situación ya estaba perdida, y por ende procedió a escapar. A los guerilleros capturados tuvieron un proceso judicial realizado por la justicia militar, por orden del presidente debido a las graves y masivas violaciones de derechos humanos cometidas en ese proceso.

Los revolucionarios hicieron todo lo posible por evitar el juicio. Poco antes de iniciarse el juicio se intentó una operación para evitarlo a cambio de un reconocimiento de los miembros de los grupos implicados de su responsabilidad en los hechos que se le imputaban. Sin embargo, pese a esto, igualmente fueron juzgados por el tema de los fallecidos civiles y militares muertos por sus acciones.

Finalmente, uno de los pocos que logró escapar del país y que actualmente se mantiene prófugo de la justicia es el senador Carlos Altamirano, qué después de escapar a Argentina, logró llegar a Cuba con confusos cambios de identidad y de pasaporte. Después de su exilio en la isla, viajó a Alemania Oriental, aunque la reunificación alemana y las posibilidades de una extradición a su país, lo forzaron a establecerse en la Unión Soviética, que pese a su disolución, lo sigue acogiendo y negando las peticiones del gobierno chileno para ser juzgado por los hechos en la revolución.

Hubo otros que intentaron asilarse en embajadas o cruzando otras partes de la frontera, pero terminaron siendo descubiertos y detenidos, tales como el dirigente del MAPU Eduardo Aquevedo.

Entre quienes fueron capturados en combate estaban:

  • Miguel Enríquez
  • Óscar Garretón
  • Rolando Calderón
  • Andrés Pascal Allende

Conmemoración

Museo de la Memoria.PNG

Museo de la Memoria y los Derechos Humanos que conmemora a los fallecidos civiles y militares que murieron tanto en la Revolución como en la Guerra Sudamericana.

Cada 1 de junio, se realizan en Chile y en el extranjero diversos actos en conmemoración al fin del fracasado intento de Golpe de Estado. Se conmemora tanto con un carácter reflexivo por parte de la mayoría de la población, y con un caracter de resentimiento por parte de los mínimos adherentes que incluso hasta el día de hoy apoyan la fallida insurrección.

Durante varios años, la conmemoración era conocida como el "Aniversario de la Liberación Nacional" por el gobierno, día en que se realizaban actos oficiales, de marcado carácter militar y encabezados por el presidente de turno, para «honrar» a las Fuerzas Armadas por su intervención. En 1978 se declaró feriado legal la tarde del 1 de junio de ese año, y posteriormente, en 1981, el régimen instauró el feriado del "Aniversario de la Liberación Nacional" creado por Ley 18.026. 

En 1987 se conmemoró la primera década desde la revolución, ocasión en la cual se realizó una marcha por la Alameda, entre el Palacio de La Moneda y la Escuela Militar donde Pinochet dio un discurso de 95 minutos en donde ratificó el «compromiso irrenunciable para con la patria» de las Fuerzas Armadas, cosa que compartió el presidente de entonces. 

El feriado de la "Liberación Nacional" no fue derogado sino hasta 1998, año en que se cambió por el "Día de la Unidad Nacional", el cual no tuvo el recibimiento esperado y fue derogado en 2002.

En la cultura popular

Notas

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