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Esta historia evaluará una situación mundial radicalmente distinta que iniciará en el siglo XX con la victoria electoral, en 1912, del presidente Theodore Roosevelt para un tercer mandato, y que cambiará el curso de la Historia. Esta althis se basa en el libro "Lord of the World" de Robert Hugh Benson.

Punto de divergencia

Roosevelt on the Stump, 1912

Roosevelt en campaña, 1912.

Durante el proceso electoral primario del partido Republicano de 1912, un confiado Robert La Follette aceptó la "alianza anti-Taft" del anterior presidente Theodore Roosevelt en un intento por asegurar la victoria del ala progresista del Partido. De esta forma, Roosevelt ganó la candidatura republicana y comenzó una vigorosa campaña unificada en Nueva York y Illinois, la sede de la Convención Republicana. Su campaña aseguró los estados de Wisconsin, Iowa, Indiana y Ohio, con lo que logró la victoria presidencial el 5 de noviembre de ese año. Su discurso inaugural fue un llamado a la promoción de las ideas y el territorio estadounidense en América y el mundo, y México, con su guerra civil en curso, no tardaría en ser el primer objetivo de su mandato expansionista.

Primera Guerra Mundial

Artículo principal: Primera Guerra Mundial

Guerra mejicana

1914 Occupation of Veracruz

Ocupación de Veracruz

En abril de 1914, el asunto del incidente de Tampico exacerbó a la opinión pública estadounidense, que exigió una intervención inmediata en el vecino país del sur, ensimismado con su guerra civil.  Así fue cuando, bajo órdenes directas del presidente Roosevelt, la Marina estadounidense ocupó el puerto de Veracruz a finales del mes, auspiciada por el Ejército federal mexicano. Este comportamiento exasperó al Ejército constitucionalista de Venustiano Carranza, quien intensificó una guerra de guerrillas en el sureste y el norte del país, logrando capturar la ciudad de México con las fuerzas de Francisco Villa en julio. Huerta, derrotado, huyó a La Habana y luego marchó a Washington, donde se reunió con el presidente Roosevelt. Allí tuvieron lugar los Pactos del Capitolio, por los cuales Huerta, como presidente legítimo de México, recibiría apoyo incondicional de los Estados Unidos a cambió de su subordinación a los intereses nacionales estadounidenses. Con esto, las fuerzas de ocupación en Veracruz se convirtieron en fuerzas de ataque y avanzaron al interior del país.
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Soldados federales en el sitio de Puebla, agosto de 1916.

Sin embargo, en marzo de 1916, y a la vez que Puebla resistía un asedio, el general Francisco Villa invadió Estados Unidos y destruyó Albuquerque. No obstante, pronto sus fuerzas regulares fueron superadas por las del general John J. Pershing y tuvo que huir en desbandada de regreso a México. Este suceso acabó por determinar a la sociedad estadounidense a conquistar México. Finalmente, el general Hugh L. Scott capturó la ciudad de México el 5 de mayo de 1917, y Victoriano Huerta entró en ella el 13 de septiembre de ese año, estableciendo el protectorado estadounidense de facto en el país. 

Guerra en Europa

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Soldados británicos desembarcando en la playa de Lemnos, durante la batalla de Galípoli

Mientras tanto, la guerra estalló en Europa en julio de 1914 y la balanza se inclinó inicialmente por la Triple Alianza. Sin embargo, la victoria franco-británica en el asalto de Galípoli a inicios de 1916 provocó un cambio en la marea imposible de frenar, acelerando la derrota y la caída del Imperio Otomano. El acceso de la Entente a Tracia permitió el avance de sus fuerzas sobre Macedonia para liberar Serbia, y el de la Armada británica de bloquear Constantinopla, que se rindió en abril de 1917, quedando fuera de la guerra, al tiempo que se sucedía la Revolución en Rusia.  

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SS Vaterland

En este punto, la victoria en México animó al gobierno estadounidense a intervenir en la guerra de Europa, y el hundimiento británico del SS Vaterland (transatlántico alemán que viajaba hacia Hamburgo desde Nueva York) en el Canal Inglés sirvió de excusa al presidente Roosevelt para entrar en la guerra del lado de las Potencias Centrales el 6 de abril de 1917. Su primer movimiento fue el de bloquear los cargamentos de suministros americanos a los Aliados, y en noviembre, el general Pershing invadió Canadá. La captura de Ottawa en enero de 1918 y el derrumbe del Imperio ruso con su consecuente salida de la guerra fueron nuevas inflexiones en favor de la Triple Alianza. La entrada de Argentina y Brasil en el conflicto a favor de la Entente no supusieron un cambio sustancial en la guerra.
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Zepelín alemán durante bombardeo en Londres, diciembre de 1917.


Finalmente, la Ofensiva de Primavera alemana abrió las puertas de París y en junio los alemanes desfilaron en la ciudad. Con Francia al borde de la guerra civil y Gran Bretaña a punto de ser invadida por una Armada alemana fortalecida, la Entente solicitó el armisticio. La guerra acabó con la victoria de las Potencias Centrales, que fundaron la Liga de las Naciones Civilizadas, un organismo supranacional encargado de evitar conflictos como el ocurrido. 

Entreguerras

Revolución europea

Artículo principal: Revolución europea
Ausrufung Republik Scheidemann

Proclamación de la República alemana, 9 de noviembre de 1918.

Sin embargo, las Potencias centrales disfrutaron por muy poco tiempo de la victoria. En noviembre de 1918 estalló la Revolución en Alemania y en diciembre le siguió la guerra civil en Austria-Hungría. El káiser Guillermo II y su familia se exiliaron en los Países Bajos, mientras que los Habsburgo fueron recibidos en España. Los Estados Unidos, que anexaron Canadá, intentaron respaldar a los Monarquistas alemanes a través de la Liga, pero en 1920 el Partido Laborista y el Comunista obtuvieron el poder en Reino Unido y Francia, respectivamente, que la abandonaron, mientras Polonia fue invadida por la Unión Soviética, con lo que la amenaza de una nueva guerra mundial detuvo al presidente Roosevelt, en su quinto mandato, de apoyar totalmente a los Monarquistas, que fueron vencidos en 1921.

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Marcha sobre Roma, octubre de 1922.

A finales de octubre de 1922, Benito Mussolini realizó un golpe de Estado contra el Reino de Italia en la marcha sobre Roma, formando una república socialista. En diciembre, el Papa Pío XI abandonó voluntariamente la península y fue recibido en Navidad por el presidente Roosevelt en Nueva York, tras lo cual se estableció permanentemente en la Ciudad de México. El año siguiente, Alemania, Bélgica, Reino Unido, Francia, Italia, Yugoslavia y Hungría fundaron la Comunidad Europea, que de la misma forma que la Liga, buscaba el mantenimiento de la paz, así como la reconstrucción de los países afectados por la guerra, pero de corte socialista. Entre tanto, la Unión Soviética, bajo el gobierno de León Trotski, invadió Finlandia en 1926. En diciembre de 1931 se promulgó una nueva Constitución en España, país que había acogido también a la familia real italiana, convirtiéndose en república y uniéndose a la Comunidad ese mismo año. Las tres familias reales (Borbón, Saboya y Habsburgo) presentes en el país, desamparadas por las naciones de Europa, fueron recibidas en América. En 1932, Dinamarca y Suecia fundieron sus dinastías en la boda de los príncipes Federico IX de Dinamarca e Ingrid I de Suecia, y más tarde Noruega se les unió políticamente en 1934, formando la Segunda Unión de Kalmar, que sin embargo cayó también en la esfera comunista con la victoria en 1936 del Partido de la Izquierda en el Parlamento. En 1935, Alemania, gobernada por el socialdemócrata Otto Braun, invadió los Países Bajos, bajo el pretexto de una disputa fronteriza, y expulsó a la reina Guillermina y a su protegido, Guillermo II, quienes se vieron obligados a exiliarse a los Estados Unidos.

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El RMS Queen Mary, quien transportó a las familias reales de Europa a América, deja Barcelona el 29 de diciembre de 1931.

Finalmente, el último gran golpe contra la monarquía y en favor del comunismo europeo lo dio el Partido Laborista británico, cuando en 1938 promulgó la Constitución Británica, que convertía al Imperio en una mancomunidad de repúblicas interdependientes, con la República de Britania, o británica a la cabeza. La dinastía Windsor, ultrajada y desposeída, se exilió en Canadá. 

Expansionismo japonés y guerra de Siberia

Pekín

Fuerzas japonesas en la Ciudad Prohibida de Pekín, 1917

La derrota aliada en la guerra no evitó que Japón lograse extender sus dominios en Extremo Oriente. El ingreso chino en la guerra debido a la presión ejercida por rusos y japoneses contra la entonces recién instaurada República de China permitió a un Imperio japonés más grande y poderoso humillar una vez más al coloso asiático. Los chinos fueron derrotados una y otra vez y se retiraron al interior del país, tras perder Nankín y Pekín entre 1916 y 1917. Tras el fin de la guerra, la Paz de Tianjin concedió a Japón prácticamente el control total de todo el sur y el este del país, además de la ampliación de Manchuria hacia el suroeste. El resto de China, comprendido por las provincias del Tíbet, Xinjiang, Tunnan, Sichuan, Gansu, Qinghai, Guizhou y Shaanxi, quedó dividido entre camarillas militares hasta 1941, en un período que se conoció como el Era de los caudillos.

No obstante la aparente paz mundial conseguida a finales de la década de los años 20, en 1928 estalló la Guerra de Siberia entre Japón y la Unión Soviética, que, sin más recursos tras las pírricas conquistas de Polonia y Finlandia, y lidiando con la hambruna en Ucrania y Bielorrusia, fue fácilmente derrotada en el Mar Amarillo y Vladivostok y perdió la península de Kamchatka. Ante, pues, el avance inexorable del Imperio japonés en Asia, la URSS se unió a la Comunidad Europea en 1932.

Situación en América y panamericanismo

Al final del sexto período presidencial de Theodore Roosevelt, en 1928, Estados Unidos era potencia mundial y se le consideraba como un verdadero Imperio americano, bajo un legado que había calado hondo en el patriotismo estadounidense. Bajo su mando, México y Centroamérica (en 1924) y el Caribe (en 1926) fueron integrados de pleno en el territorio nacional, mientras que Bolivia, Perú, Colombia y Venezuela en Sudamérica establecieron gobiernos afines al panamericanismo en que se convirtió la política exterior. Ente tanto Chile, Paraguay, Uruguay, Argentina y Brasil comenzaron a ver como una seria amenaza a su soberanía el creciente expansionismo norteamericano.

El sucesor del anciano Roosevelt, el demócrata Alfred E. Smith, logró sobrellevar el peso de la Gran Depresión alentando el Good Deal, una serie de politicas proteccionistas encaminadas al rescate de la industria y el trabajo nacionales. Siguiendo la política exterior panamericanista, el estallido de la guerra del Chaco en 1932 entre Bolivia y Paraguay permitió a los Estados Unidos intervenir militarmente en América del Sur, en lo que se convirtió, con la entrada de Chile, Argentina y Brasil, en la Guerra sudamericana.

Los sudamericanos tomaron la iniciativa ocupando Bolivia y el sur de Perú entre 1932 y mediados de 1933, mientras que los brasileños avanzaban inexorables sobre la costa caribeña desde la Guyana hasta Maracaibo, desde donde amenazaron Caracas y Bogotá. Sin embargo, tras la invasión estadounidense de Antofagasta y la llegada de la Fuerza Expedicionaria Estadounidense a Colombia, los sudamericanos se vieron obligados a retroceder. Santiago de Chile fue capturado en febrero de 1934 y la Junta Socialista de Gobierno (apoyada por la Comunidad Europea) fue depuesta en favor de Arturo Alessandri, quien asumió la presidencia y unió a los chilenos en la guerra contra Argentina. El año siguiente, Paraguay se rindió y en la Tregua de Concepción se adhirió al movimiento panamericanista promovido por los Estados Unidos. 

La guerra acabó en 1936, cuando la Marina estadounidense amenazó con bombardear el estuario del Río de la Plata, incluyendo las ciudades de Buenos Aires y Montevideo, y así mismo asaltó Río de Janeiro, poniendo fin a las dictaduras pro-socialistas de Getulio Vargas en Brasil y de Agustín Pedro Justo, en Argentina. 

La política exterior estadounidense en América se tituló panamericanismo, imperial-monarquismo democrático o imperialismo americano, puesto que incluyó ciertos aspectos ideológicos y culturales (la adopción del catolicismo bajo la presidencia del católico Al Smith en reemplazo de un protestantismo en franco declive tras el establecimiento del Papado en América, así como el monarquismo en que derivó la acogida y protección de las familias reales europeas, coexistiendo con un militarismo, xenofobia contra asiáticos y anticomunismo latentes) que favorecieron una identidad común en ambas la América hispana y la anglosajona. Esta ideología y política permitió a los americanos unirse bajo una sola bandera y una sola patria: los Estados Unidos de América. El paso final para la unión sociopolítica de América fueron la fusión de las familias reales de Borbón, Saboya y Habsburgo en 1941 y la proclamación del Sagrado Imperio Americano el 6 de junio de 1944.  

Segunda Guerra Mundial

Artículo principal: Segunda Guerra Mundial
El detonante del segundo conflicto mundial fue la invasión japonesa de Australia, el 7 de diciembre de 1941. Previamente, el Imperio japonés se había extendido por el sur de Asia al absorber la Indochina francesa, Siam, y las Indias Orientales Neerlandesas, lo que provocó roces diplomáticos con la Comunidad Europea. Así mismo, la situación era tensa entre los Estados Unidos de América y Japón por el control de las Filipinas y la Polinesia, mientras que la Comunidad Europea recelaba el enclave pro-americano de Liberia en África y ansiaba recuperar la Canadá. Esta peculiar situación diplomática convirtió al mundo en una olla a presión que estalló ni bien iniciado el conflicto. 



Guerra Fría