Wikia

Historia Alternativa

Línea de Tiempo (España sin Guerra Civil)

Discusión0
5.358páginas en el wiki

PDD: Los militares que planeaban dar un golpe de estado contra el gobierno español durante el mes de julio de 1936 son descubiertos a tiempo, imposibilitando tanto el golpe como su triunfo parcial que condujo a la infame Guerra Civil Española.

Linea de Tiempo Editar sección

Antes de 1931 Editar sección

  • 13 de septiembre de 1923: El general Miguel Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, dio un golpe de Estado en Barcelona contra el legítimo gobierno español. Obtuvo el apoyo de la complacencia de la mayoría de las unidades militares y de grandes sectores de la sociedad española, por lo que Alfonso XIII desautorizó al legítimo gobierno y pidió al general que formase un nuevo gobierno. Comienza la Dictadura de Primo de Rivera.
  • 28 de enero de 1930: El general Primo de Rivera dimite tras verse abandonado tanto por el rey Alfonso XIII como por los altos mandos militares, siendo sustituido por el general Dámaso Berenguer. Fin de la Dictadura y comienzo de la Dictablanda.

1931 Editar sección

Escribe la primera sección de tu artículo aquí.

1932 Editar sección

Escribe la primera sección de tu artículo aquí.

Escribe el primer párrafo de tu artículo aquí.

Título de la secciónEditar sección

Escribe la primera sección de tu artículo aquí.

Título de la secciónEditar sección

Escribe la segunda sección de tu artículo aquí.

Escribe el primer párrafo de tu artículo aquí.

Título de la secciónEditar sección

Escribe la primera sección de tu artículo aquí.

Título de la secciónEditar sección

El bienio añazista (1931-1933)Editar sección

Cuando el 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República, por toda España se vislumbró una ola de esperanza ante el brillante futuro que aguardaría a los españoles gracias a la ambiciosa naturaleza de las reformas que se iban a emprender por el Gobierno Provisional, sentimiento que compartía incluso una significativa porción de las clases acomodadas ante el enorme descrédito que había conllevado la Dictadura del general Primo de Rivera sobre la Monarquía y, en especial, su cúspide, el rey Alfonso XIII.

Sin embargo, muy pronto se empezaron a organizar los sectores opositores a tan amplias reformas (educativa, religiosa, militar, agraria, regional, socio-laboral, etc), y así, en agosto de 1932 se produjo en Sevilla la intentona golpista comandada por el general José Sanjurjo -el general que realmente desencadenó el cambio de régimen el 14 de abril pues como director de la Guardia Civil se puso a las ordenes del Cómite Revolucionario Republicano, aunque en realidad lo hizo por rencor ante la traición del rey al abandonar al general Primo de Rivera-, que era apoyada tanto por los sectores monárquicos y reaccionarios como por grupos republicanos que pensaban que el primer ministro Azaña conducía a la República hacia una anarquía. No obstante, el golpe fracasa completamente y sus cabecillas son condenados a muerte, aunque sus penas fueron conmutadas a penas de carcel para evitar repetir la actuación de la Dictablanda del general Berenguer ante la Sublevación de Jaca.

No obstante, y a pesar de la respuesta unitaria que generó la Sanjurjada entre las fuerzas políticas que apoyaban la República, tras la matanza de Casas Viejas en enero de 1933 se empezó a resquebrajar la coalición republicano-socialista, y posteriormente las rencillas personales entre Manuel Azaña -el gran líder entre los republicanos de izquierda, que propugnaban la republicanización de la Nación mediante un continuo avance de las reformas que modernizaría y democratizaría España- y Alejandro Lerroux -el líder del Partido Republicano Radical, el mayor partido republicano moderado que, junto a los católicos republicanos, propugnaba la nacionalización de la República, por la cual las reformas tendrían que progresar de acuerdo con las bases sociales del régimen, ya que el objetivo prioritario debía ser la consolidación del nuevo sistema político-, condujo a la imposibilidad de una coalición electoral entre todas las fuerzas republicanas y al estancamiento político. Esto desencadenó que el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, decretase una anticipada disolución de las Cortes Constituyentes para convocar elecciones en noviembre de 1933 en las que los republicanos, al no coaligarse entre sí y debido a la Ley Electoral de 1933 que favorecía enormemente las coaliciones y cumplía con el mandato constitucional de conceder el sufragio femenino, no obtuvieron mayoría absoluta.

El bienio radical-cedista (1933-1935)Editar sección

En realidad ningun grupo ideológico obtuvo la mayoría parlamentaria necesaria para gobernar, por lo que se hacía necesario una coalición, pero al darse el resultado de que las grandes fuerzas políticas eran la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) -el primer partido católico de masas en España, que se declaraba accidentalista en la forma de gobierno, porque consideraban que podían defender la religión y el orden social sin tener que defender la restauración monárquica-, con 115 escaños, y el Partido Radical -el principal partido republicano, que se caracterizaba por ser centrista y nada partidario a coaligarse con los socialistas-, con 102; se establecía una coalición parlamentaria entre el republicanismo centrista y la derecha católica accidentalista que desencadenó una furiosa oposición por parte de los republicanos de izquierda y los socialistas, que acusaban a los radicales de ser unos traidores a la República, y amenazando con sublevaciones y revoluciones si la CEDA entraba en el gobierno -a pesar de que fuese la mayor fuerza parlamentaria elegida por el pueblo, la CEDA aceptó su no inclusión en el gobierno, que estaría conformado por miembros del Partido Radical y de otros partidos republicanos moderados-.

Por tanto, la situación política y social en España se empezó a polarizar enormemente desde esas elecciones, que comenzó con el futil insurrección anarquista en diciembre de 1933, pasando por el reagrupamiento de los grupúsculos fascistas en la Falange Española de las JONS (FE-JONS) -liderado por José Antonio Primo de Rivera, hijo del difunto dictador- y de los grupos monárquicos tradicionalistas en Renovación Española -liderada por José Calvo Sotelo, ministro en la Dictadura de Primo de Rivera-, mientras se aprobaba la amnistía de los conjurados en la Sanjurjada, y hasta llegar a su culmén con el doble ataque a la República en el mes de octubre de 1934 mediante la huelga general revolucionaria convocada por el PSOE -entonces dominado por su rama más radical, liderada por el sindicalista Francisco Largo Caballero-, que solo triunfó en Asturias produciendo la Revolución de Asturias -que fue dominada por legionarios y regulares traídos desde el Protectorado marroquí-, y la sublevación catalanista liderada por el presidente catalán Luis Companys -que proclamaba el Estado Catalán dentro de una República Federal Española-. Estas sublevaciones sucedieron tras la entrada en el Gobierno de tres miembros de la CEDA -que fueron propuestos personalmente por el presidente Alcalá-Zamora al primer ministro Lerroux por su conocida moderación política dentro de su propio partido-, una situación que se podría calificar de comprensible desde su punto de vista si se tiene el contexto europeo -en enero de 1933, el líder nazi Adolf Hitler fue nombrado canciller de Alemania, instaurando el Tercer Riech; en febrero de 1934, los socialdemócratas austriacos fracasan en su revuelta contra el austrofascismo instaurado por el canciller Engelbert Dollfuss; y en julio del mismo año ocurrió la Noche de los Cuchillos Largos en la Alemanía nazí- ya que los socialistas y los republicanos de izquierda veían en la CEDA el homólogo español al nazismo alemán y al fascismo imperante en Italia y Austria.

Sin embargo, los gobiernos radical-cedistas perdieron la perspectiva política y en vez de aprovechar la victoria republicana sobre estas insurrecciones para asentar la República y enfríar los animos políticos, se empeñaron en realizar una represión excesiva sobre las fuerzas políticas que habían colaborado en esas sublevaciones -por ejemplo, era comprensible que la República suspendiera la autonomía catalana tras su sublevación, pero no lo era aquella durísima represión que ordenó arrestar a numerosos miembros de todas las fuerzas opositoras de izquierdas o destituir a todos sus cargos locales-, conduciendo a una mayor radicalización política. Tampoco ayudó en rebajar aquella tensión política que la única gran fuerza política de la época que podría ejercer una fuerza moderadora, el Partido Radical, hubiese sufrido la escisión de sus elementos más centristas e izquierdistas -los cuales se fusionaron con algunas escisiones del antiguo Partido Republicano Radical Socialista, en la nueva Unión Republicana, bajo el liderazgo de Diego Martínez Barrio- y se viese envuelto en escandalos de corrupción -los casos Straperlo y Nombela- que implicaban a sus principales lideres, por lo que la sociedad española ya no podía verlo como una opción política digna de su confianza.

A su vez, tanto los republicanos de izquierdas -que lograron unirse en un partido fuerte y cohesionado, Izquierda Republicana (IR), que sería liderado por Azaña- como el movimiento socialista -dividido entre los socialistas moderados, liderados por Indalecio Prieto y Julián Besteiro, y los socialistas revolucionarios, liderados por Francisco Largo Caballero- se mostraron de acuerdo en formar una coalición electoral para reeditar la antigua coalición que gobernó durante el bienio añazista, incluyendose también la Unión Republicana del ex-radical Martínez Barrio y el Partido Nacional Republicano (PNR) -una opción absolutamente centrista liderada por Felipe Sánchez Román-, que se denominaría Frente Popular. Sin embargo, para conseguir el apoyo del socialismo revolucionario de Largo Caballero, las fuerzas republicanas tuvieron que transigir en la integración de otros partidos obreros más radicales -el estalinista Partido Comunista de España (PCE), el trotskista Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) y el posibilista libertario Partido Sindicalista (PS)-, algo que no aceptó el PNR, por lo que abandonó la coalición.

Mientras tanto, el presidente Alcalá-Zamora trató de articular una opción republicana centrista a la que le depositaria el decreto de disolución de las Cortes y convocar elecciones parlamentarias, mientras negaba reiteradamente la presidencia del gobierno al líder de la CEDA, José María Gil-Robles. Sin embargo, el presidente siempre trató de que esa opción fuese afín a él, despreciando tanto a cualquier miembro del despretigiado Partido Radical como a la derecha republicana que conformaba el Partido Republicano Conservador (PRC), liderado por Miguel Maura -un antiguo colaborador del presidente que decidió crear su propio partido, pues le consideraba demasiado contemporizador con la política laicista de Azaña-. Por tanto, su propuesta, que se articulo en el Partido del Centro Nacional Republicano (PCNR) bajo el liderazgo del nuevo primer ministro Manuel Portela Valladares, no tuvo mucha acogida, y menos por las maniobras parlamentarias de la CEDA para recuperar el control del gobierno, una situación por la que el presidente se vio obligado a adelantar la disolución parlamentaria que preparaba para evitar ser destituido por la derecha.

El Frente Popular (1936)Editar sección

De esta manera se encontraba la situación política en España cuando se celebraron las elecciones generales de febrero de 1936, donde la izquierda se presentó completamente unida en el Frente Popular, que recibiría el comprometido apoyo de los anarquistas de la CNT y la FAI, tradicionalmente ácratas. Por su parte, la CEDA trató de formar una coalición derechista, el Frente Nacional, pero su intento de coaligarse tanto con todas las derechas como con los republicanos centristas no-afines a Alcalá-Zamora fracasó con la negativa de Renovación Española, quienes decidieron formar candidaturas propias en numerosas circunscripciones; y de FE-JONS, que decidió ir en solitario por todo el país. Por último, el PCNR de Portela se presentó por todo el país, aunque en algunas circunscripciones iba coaligado.

En aquellas elecciones, donde la participación superó ampliamente el 70% siendo las elecciones con mayor participación ciudadana hasta el momento, se tradujo en una victoria ajustada del Frente Popular (48%) sobre el Frente Nacional (46%), mientras las opciones centristas obtuvieron un escaso resultado (6%). Sin embargo, debido a la ley electoral vigente, en cada circunscripción la opción ganadora obtenía el 70% de los escaños a elegir, por lo que el Frente Popular obtuvo una considerable mayoria de 267 escaños sobre los 473 totales, mientras el Frente Nacional obtuvo 146, y el centrismo obtuvo 60 -el PCNR obtuvo 20, y la Lliga Catalana, 12-.

No obstante, tras conocerse la victoria de la izquierda, el gobierno legítimo sufrió presiones por todos lados. Por un lado, algunos mandos militares como el general Francisco Franco -entonces Jefe del Estado Mayor- y políticos derechistas como Gil-Robles trataron de convencer al primer ministro Portela para que declarase el estado de alarma y aplicase la ley marcial. Mientras, algunas hordas incontroladas de la izquierda empezaron a asaltar las cárceles para liberar a sus compañeros detenidos desde la represión de octubre de 1934. Por tanto, Portela se veía desbordada y decidió dimitir de su cargo, por lo que Alcalá-Zamora se vio obligado a sustituirlo inmediatamente por el flamente vencedor, Manuel Azaña.

Azaña formó inmediatamente un gobierno exclusivamente republicano con miembros de su IR, de la UR de Martínez Barrio e independientes, ante la negativa del sector de Largo Caballero a permitir la entrada de socialistas en el gobierno, y especialmente si eran del sector de Prieto; y trató de tranquilizar los ánimos para asentar la democracia. Para ello, mientras decretaba la amnistía política para los represaliados desde octubre de 1934, el gobierno restablecía la autonomía catalana y utilizaba el estado de alarma para tratar de ilegalizar la fascista FE-JONS -el vicepresidente de las Cortes, el socialista Luis Jiménez de Asúa sobrevivió a un atentado perpetrado por falangistas-.

Sin embargo, la polarización política no hacía más que incrementarse, tanto por la acusación mutua de ambos bandos de que había habido fraude en las elecciones -algo de lo que los historiadores no han podido negar, puesto que sus resultados oficiales fueron publicados tras haber pasado más de un año desde las elecciones; y que provocó la celebración de una segunda vuelta, por lo cual la configuración parlamentaria definitiva fue la siguiente: el Frente Popular obtuvó 285; el Frente Nacional, 131; y el centrismo, 57-, como por la pretensión del Frente Popular -y la nula intencia de la derecha a impedirlo, aunque muchos le considerasen como último freno de la deriva izquierdista del Frente Popular- de destituir al presidente Alcalá-Zamora aludiendo la potestad parlamentaria de juzgar necesaria la segunda disolución parlamentaria a manos del Presidente de la República en un mismo mandato, destitución que se realizó en abril, siendo designado internamente Diego Martínez Barrio -al ser el Presidente de las Cortes- hasta la elección presidencial ocurrida en mayo, en la cual fue elegido Manuel Azaña como nuevo presidente. Además, tampoco ayudaba que los dos grandes partidos en cada extremo del espectro político -el PSOE en la izquierda y la CEDA en la derecha- se hallasen en profundas crisis internas: En el PSOE existía una lucha fratricida entre los prietistas -que propugnaban la reedición de un gobierno republicano-socialista para fortalecer la República- y los caballeristas -que esperaban con ansia un golpe militar, lo suficientemente fuerte para tumbar al gobierno republicano y lo suficientemente débil para ser derrotado por las milicias obreras, para hacerse con el poder e instaurar la dictadura del proletariado en España-; mientras que en la CEDA, su facción moderada -liderada por Manuel Jiménez Fernández y Luis Lucía- propugnaba el acatamiento total al régimen republicano y acercarse al PRC de Miguel Maura, mientras que la facción más conservadora -liderada por el líder, Gil-Robles- pretendía seguir la dura oposición de la extrema derecha monarquica, liderada por Calvo Sotelo.

Por todo ello, Azaña creía idóneo que su sustituto al frente del gobierno debería el socialista Indalecio Prieto, por lo que le encargó formar gobierno pero ante la firme negativa del sector caballerista del PSOE, Prieto tuvo que renunciar a la petición del nuevo presidente, aunque dándole ciertas esperanzas al propio Azaña pues el próximo XIV Congreso se produciría en el próximo mes de octubre...

Spotlights de otras wikias
Solicita el tuyo aquí

Wiki aleatorio