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Guerra Sudamericana
Cambios en América del Sur (CNS)
Mapa que muestra los cambios territoriales tras el fin de la guerra.
Fecha 16 de agosto de 1978 - 7 de enero de 1980
Lugar Sudamérica, Océanos Pacífico y Atlántico
Resultado
Beligerantes
Coalición Chilena
Bandera Chile Chile
Flag of Paraguay Paraguay
Bandera Brasil Brasil
Bandera Ecuador Ecuador

Apoyo internacional: Bandera Estados Unidos Estados Unidos
Flag of the United Kingdom Reino Unido
Flag of Venezuela (1954–2006) Venezuela
Eje Andino
Bandera Argentina Argentina
Bandera Perú Perú
Bandera Bolivia Bolivia

Apoyo internacional: Bandera Unión Soviética Unión Soviética
Bandera Cuba Cuba
Bandera Israel Israel
Bandera Libia (1977-2011) Libia
Figuras políticas
Bandera Presidente de Chile Eduardo Frei M.
Bandera Brasil Ernesto Geisel
Bandera Brasil Joao Figueiredo
Flag of Paraguay Alfredo Stroessner
Bandera Ecuador Guillermo Rodríguez
Standard of the President of Argentina Emilio Massera
Standard of the President of Argentina Guillermo Suárez
Standard of the President of Argentina Roberto E. Viola
Bandera Perú Francisco Morales
Bandera Bolivia Juan Pereda Asbún
Bandera Bolivia Alberto Natusch
Bandera Bolivia Luis García Meza
Comandantes
Bandera Chile Augusto Pinochet
Bandera Chile José Toribio Merino
Bandera Chile Nicanor Díaz
Bandera Chile Fernando Matthei
Bandera Chile Nilo Floody
Bandera Chile Raúl López Silva
Bandera Chile Patricio Carvajal
Bandera Chile
Bandera Brasil Fernando Bethlem
Bandera Brasil Joelmir Macedo
Bandera Brasil Geraldo Henning
Bandera Brasil
Bandera Brasil
Bandera Brasil
Flag of Paraguay Andrés Rodríguez
Flag of Paraguay Porfirio P. Ruiz Diaz
Flag of Paraguay
Bandera Ecuador Francisco Solorzano
Bandera Ecuador Guillermo Durán
Bandera Ecuador Luis Leoro Franco
Bandera Ecuador Luis Morejón
Bandera Argentina Luciano Menéndez
Bandera Argentina Leopoldo Galtieri
Bandera Argentina José A. Vaquero
Bandera Argentina Humberto Barbuzzi
Bandera Argentina Ramón Agosti
Bandera Argentina
Bandera Argentina
Bandera Argentina
Bandera Perú Óscar Molina
Bandera Perú Pedro Richter
Bandera Perú Rafael Hoyos
Bandera Perú Justo Araguez
Bandera Perú Ramón Miranda
Bandera Perú Luis Arias Graziani
Bandera Perú Otto Eléspuru
Bandera Perú
Bandera Bolivia David Padilla A.
Bandera Bolivia
Bandera Bolivia
Fuerzas en combate
Bandera Chile 600.000
Flag of Paraguay 200.000
Bandera Brasil 1.500.000
Bandera Ecuador 250.000
Total: 2.550.000
Bandera Argentina 980.000
Bandera Perú 700.000
Bandera Bolivia 250.000
Total: 1.930.000
Bajas
Muertes: 430.500 aprox.
  • 350.000 (Militares)
  • 80.500 (Civiles)
Heridos: +700.000 (entre civiles y militares)
Muertes: 590.000 aprox.
  • 400.000 (Militares)
  • 190.000 (Civiles)
Heridos: +900.000 (entre civiles y militares)
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La Guerra Sudamericana fue un conflicto militar que se desarrolló entre 1978 y 1980, enfrentando a varios países de América del Sur, agrupados en dos alianzas militares informales: La Coalición Chilena integrada por Chile, Brasil, Paraguay y Ecuador, y el denominado Eje Andino (también conocido como Eje Buenos Aires-La Paz-Lima) formado por Argentina, Bolivia y Perú.

Hasta el día de hoy ha sido la mayor contienda bélica de toda la historia sudamericana, con más de cuatro millones de soldados movilizados, pertenecientes a sietes países, los cuales en su mayoría alcanzaron un estado de guerra que los obligó a destinar casi todos sus recursos al esfuerzo bélico. A su vez, el conflicto provocó un enorme número de bajas, tanto civiles como militares, de manera directa (combates) o indirecta (enfermedades) convirtiéndolo en el más sangriento de América del Sur superando los números de la Guerra de la Triple Alianza ocasionada en el siglo XIX.

Originado por la disputa chileno-argentina por la posesión de la estratégicas islas del Canal Beagle, la guerra comenzó a mediados de 1978 entre estos dos países, pero rápidamente involucró a otras naciones vecinas que adhirieron a cada bando, motivados por viejas, pero fuertes razones históricas y geopolíticas.

Aunque el enfrentamiento comenzó favorable para las fuerzas del Eje, luego de medio año de combates y con el involucramiento parcial de la comunidad internacional, la marea cambió decisivamente en beneficio de Chile, cuyas tropas tomaron la iniciativa en todos los frentes, forzando la completa retirada de los aliados de Argentina de vuelta a sus territorios.

La guerra finalizó por partes, comenzando con la caída de La Paz y la rendición incondicional boliviana firmada en octubre de 1979. Le siguió Argentina, que firmo un armisticio primero con Chile y luego con Brasil y Paraguay, el 10 de noviembre y el 17 de diciembre de 1979, respectivamente. Por ultimo Perú que aceptó su rendición con un armisticio ante Chile, Ecuador y Brasil el 7 enero de 1980.

El acuerdo de paz definitivo llegaría unos meses después por medio del Tratado de San José de Costa Rica, suscrito por los siete países beligerantes, y con el respaldo de la Organización de Naciones Unidas. Estos acuerdos implicaron cambios territoriales en varios sectores, modificando el mapa de Sudamérica de una manera considerable, tal como se aprecia hoy. Otro punto clave del tratado fue radicar unánimemente en los regímenes militares del Eje Andino la responsabilidad por el conflicto.

Antecedentes

La causa inmediata de la Guerra Sudamericana fue el ataque argentino a las islas del canal del Beagle, controladas entonces por Chile, y cuya soberanía llevaba años en disputa entre ambos países. A medida que el conflicto progresó, otros países del continente se unieron a la lucha motivados por diferentes causas, históricas y geopolíticas principalmente.

Conflicto del Beagle

El 22 de julio de 1971, los presidentes de Chile, jorge Alessandri, y de Argentina, Alejandro Lanusse, acordaron someter la cuestión al arbitraje de la Reina Isabel II de Inglaterra, quien seis años después dio a conocer la sentencia, conocida como Laudo Arbitral de 1977 (30 de junio), la cual dictamino que las islas Picton, Nueva y Lennox así como los islotes adyacentes pertenecían a Chile, además e otorgar aguas navegables en el canal Beagle a ambos países (islote Snipe otorgado a Chile y la isla Gable y las islas Becasse a Argentina), siendo el límite marítimo una línea de puntos equidistantes a las costas chilenas y argentinas más cercanas. Chile acepto el fallo, pero el régimen Argentino lo declaro "insanablemente nulo".

Canal del Beagle

Mapa que muestra el territorio en litigio

Ante esta negativa, entre fines de 1977 y principios de 1978, los gobiernos de Frei Montalva y del General Viola intentaron vía negociaciones directas llegar a una solución, teniendo lugar reuniones entre ambos jefes de estado, pero sin éxito.

El rapido fracaso de las negociaciones se debio principalmente a la disputa que en ese momento existia dentro del propio régimen militar argentino, entre el General Viola, partidario de una salida pacifica, y la facción más dura y populista de las fuerzas armadas, quienes propiciaban un enfrentamiento armado con Chile. Estos nacionalistas habían comenzado a aumentar su influencia dentro del gobierno luego del asesinato del General Videla -anterior gobernante- en 1977, por parte de los montoneros, y para 1978 ya habían alcanzado una influencia casi total sobre el aparato gubernamental de la nación, dejando a Roberto Viola sin apoyo dentro de la Junta Militar, y presionándolo para terminar con las conversaciones, lo cual finalmente hizo en febrero. Un mes después, el mismo General Viola decidió entregar la Presidencia de la Junta al Almirante Emilio Massera, uno de los principales lideres nacionalistas y fuerte partidario de la guerra. El nuevo gobernante argentino comenzó de inmediato una campaña para exigir al gobierno chileno la devolución de las islas, mientras planes para una invasión a Chile fueron implementados en los siguientes meses.

Situación en Chile

Con las negociaciones muertas, la población chilena mayormente se alineo tras la posición de su gobierno, defendiendo la soberanía sobre el Beagle. Sin embargo, el país aun se estaba recuperando de los eventos del año anterior. El fallido levantamiento revolucionario socialista ocurrido en mayo de 1977 no solo había significado un reordenamiento de la política interna, sino que además había cambiado para siempre el pensamiento de la sociedad hasta entonces. Una guerra podría unir a una sociedad dividida o podría quebrarla aún más, y esa fue una de las razones clave que llevaron al gobierno militar argentino a presionar una guerra, creyendo que un Chile debilitado sería más fácil de vencer.

Consciente acerca de ello, el gobierno del Presidente Frei Montalva inicio una serie de iniciativas para preparar a sus ciudadanos, mientras el gasto militar (que ya venia subiendo desde antes) se triplico, financiado principalmente por los recursos del Cobre, decisión que solo unos pocos sectores de oposición anti-belicistas criticaron públicamente. También, la Cancillería inicio una revisión del respaldo internacional que tenía Chile, en especial en la región, donde la anterior administración de Jorge Alessandri había realizado importantes esfuerzos para asegurar apoyos estratégicos.

Para abril de 1978, el gobierno chileno había llamado a la reinscripción de los reservistas nacidos entre 1947 y 1956, por lo que 100.000 hombres debieron actualizar sus datos para ser convocados en caso de movilización.

Situación en el continente

Con las tensiones entre Chile y Argentina en aumento, pronto el resto del continente también empezó a verse involucrado en la cadena de eventos que llevarían a la guerra.

Ya desde el comienzo de la década de 1970, Perú y Chile habían iniciado una suerte de carrera armamentista producto de las constantes amenazas por parte del entonces gobernante peruano Juan Velasco Alvarado, que buscaba preparar a su país para una guerra para recuperar Arica e Iquique de manos chilenas. Para 1975, la tensión entre ambos gobiernos se expreso en una crisis fronteriza que casi escala a mayores, de no ser porque la aguda crisis económica y la deteriorada salud mental de Velasco Alvarado llevaron a que el general Francisco Morales Bermúdez y otros oficiales dirigieran un golpe (Tacnazo) de estado para derrocarlo, desactivando dicha crisis, pero no descartando un eventual conflicto en los siguientes años.

En el caso de Chile y Bolivia, ambos países mantenían cortadas sus relaciones diplomáticas desde 1964, por decisión del entonces presidente boliviano de Víctor Paz Estenssoro. La insistencia de Bolivia por una salida soberana al mar y la constante negativa del gobierno chileno ante aquella petición habían marcado la tónica durante varias décadas, y para 1978 los militares del país altiplánico abiertamente manifestaban que una guerra seria la única solución.

Tras conocerse el laudo británico, y por iniciativa del almirante Massera, a finales de 1977 el gobierno argentino había iniciado acercamientos con las autoridades de Perú y Bolivia, para conocer a fondo su postura en la disputa territorial y analizar si estarían dispuestos a apoyar a Argentina en caso de un conflicto contra Chile. Tal como había demostrado la crisis del 1975, para este propósito resultaba clave el sentimiento revanchista que ambos países compartían por las derrotas sufridas en la Guerra del Pacifico a manos de la nación chilena, conflicto que de hecho estaba por cumplir 100 años en 1978, detalle no menor para los círculos militares peruanos y bolivianos. El gobierno nacionalista de Bolivia respondió de inmediato entregando su apoyo a la causa argentina, mientras que en el caso de Perú, públicamente el general Morales Bermúdez mantuvo al comienzo una posición de cautela debido a ciertas desconfianzas que tenía con el gobierno argentino. Sin embargo, en secreto los hombres de su gobierno trabajaron en conseguir un mejor entendimiento, y para marzo de 1978, el mismo Morales se reunió con el almirante Emilio Massera en Buenos Aires, tan solo un par de días después que este asumiera el poder de la junta militar. En este encuentro, Morales dio su férreo respaldo a la posición argentina por el Beagle, cosa que fue vista desde Chile como una confirmación a que de estallar una guerra en el sur, sus dos vecinos en el norte no tardarían en invadir el país.

Sin embargo, una guerra contra Chile también amenazaba con provocar la intervención de otros países de la región, especialmente de Brasil y en favor de los chilenos. La rivalidad por la supremacía continental entre Brasil y Argentina databa desde antes de la independencia, y se mantenía aun vigente en pleno siglo XX. Por ello, y en medio del clima de hostilidad que marco la década de los setenta, la cancillería chilena logro asegurar la ayuda de Brasil en un eventual conflicto, una labor que en realidad había empezado años atrás, debido a los temores que ya se tenían acerca de la posibilidad de guerra. Otro aliado chileno era Paraguay, gobernado de hacia décadas por el General Alfredo Stroessner. La vieja enemistad entre Paraguay y Bolivia que se arrastraba desde la guerra en la década 1930 por el control del Chaco, inclinaba al gobierno paraguayo del lado chileno, pero lo que aseguraba un apoyo de este país en caso de conflicto eran los lazos de amistad y cooperación entre las fuerzas armadas de ambos países; de hecho, el entonces Comandante en Jefe del Ejercito chileno, Augusto Pinochet, era considerado por Strossner como un gran amigo. Ecuador también tomo partido del lado chileno, tanto por sus conflictos con Peru, como por el hecho de que el gobernante General Lara Rodríguez recibió apoyo de la administración chilena para sustentar su gobierno, a cambio de permitir la democratización del país.

El resto de los países del continente como Colombia, Venezuela y Uruguay en especial, aunque se mostraban mayormente simpatía por la posición chilena, finalmente optaron por no inmiscuirse en la disputa. La posición uruguaya resulto muy delicada porque de estallar una guerra, los combates terminarían rodeando a todo el país.

De esta forma, en unos meses, América del Sur se vio dividida en dos bandos no oficiales, mientras la amenaza de que la guerra estallara se acrecentaba a cada momento.

Fuerzas en conflicto

Situación previa de los ejércitos en el continente.

América del Sur siempre se ha mantenido fuera de las zonas donde se han desarrollado los mayores conflictos bélicos, como Europa y Asia. Por ende la tradición militar del subcontinente es antigua pero poco experimentada. Las mayores guerras desarrolladas aquí, como la Guerra del Pacífico, la Guerra de la Triple Alianza o la Guerra del Chaco no pueden compararse con las enormes y sangrientas guerras en las que han estado involucradas alguna de las grandes potencias. Por todo esto es comprensible, añadiendo el hecho de que esta zona tiene y siempre ha tenido un menor desarrollo tecnológico e industrial que Europa, la cuna de las potencias y los conflictos bélicos a gran escala, que los ejércitos sudamericanos fuesen pequeños y algunos mal armados. Brasil y Argentina tenían los mayores ejércitos del momento, con más de 400.000 efectivos, pero otros países como Uruguay y Paraguay no pasaban de 80.000.

Fuerzas en Enero de 1978

A continuación las fuerzas de todos los combatientes, más Uruguay, previo al inicio del conflicto.

País Ejército Fuerza Aérea Marina de Guerra
Brasil
  • 735.000 hombres, agrupados en 72 divisiones
  • 1750 vehículos de combate en 5 regimientos
  • 2800 piezas de artillería en 8 regimientos
96 aeronaves disponibles
Argentina
  • 300.000 hombres, en 3 ejércitos de 10 divisiones
  • 900 vehículos de combate en 5 divisiones
  • 1100 piezas de artillería distribución variada
60 aeronaves
Perú
  • 145.000 hombres en 29 divisiones
  • 150 carros de combate y otros 386 vehículos en
  • 29 cuadros
  • 1000 o más piezas de artillería
50?
Chile
  • 112.000 hombres en 5 ejércitos de variadas divisiones cada uno. 37 regimientos en total.
  • 355 vehículos de combate
  • 600 piezas de artillería
Bolivia
  • 85.000 hombres en 3 ejércitos y 9 divisiones
  • 500 carros de combate o vehículos blindados, en 12 regimientos y 3 compañías
  • 4 regimientos de artillería número de piezas desconocida
No disponible para su uso
Paraguay
  • 55.000 hombres más 5.000 guardia presidencial. 6 divisiones. 120 carros de combate ligeros en 12 compañías blindadas
  • No hay datos de artillería, probablemente unas 200 piezas
No existe
Ecuador
  • 122.000 soldados en servicio activo
  • +/- 100.000 soldados en servicio pasivo
  • 228 carros de combate
  • 444 piezas de artillería
  • 6 corbetas
  • 2 submarinos
  • 5 Lanchas Auxiliares
Uruguay
  • 35.000 hombres, en 7 divisiones
  • 424 vehículos de transporte y combate
  • 100 piezas de artillería

Desarrollo

Luego de semanas de preparación, la Junta militar Argentina puso en marcha sus tropas hacia la frontera con Chile, dando así comienzo al conflicto, en la madrugada del 16 de agosto de 1978.

Frente Chileno-Argentino (Agosto de 1978 - Febrero de 1979)

Artículo principal: Frente Chileno-Argentino
Guerra Sudamericana Mapa Invasión Argentina

Mapa que muestra los movimientos argentinos y chilenos tras iniciarse hostilidades.

A las 20:00 horas del día 16 de agosto de 1978, se dio la orden de poner en marcha el denominado Operativo Soberanía, el cual consistía en invadir Chile por tres sectores - en el centro, el sur y la región austral-, mientras la flota y la fuerza aérea realizaban sus ataques.

Los aviones argentinos comenzaron su despegue desde las bases cercanas a la cordillera y rapidamente alcanzaron las principales ciudades y bases chilenas, precediendo a su bombardeo. Por otro lado, los buques de la FLOMAR iniciaron el desembarco en las islas disputadas -Picton, Nueva y Lennox- en canal del Beagle, enfrentándose con la Armada Chilena, la cual luego de horas de duros combates logro detener el ataque argentino y acertarles serias bajas.

Frente de los Andes Centrales

El Ejercito Argentino inició su incursión en la zona central de Chile a través de los principales pasos fronterizos en las provincias de Coquimbo, Aconcagua, Santiago, O'Higgins y Talca, las cuales pasaron a formar el denominado Frente de Los Andes Centrales.

Durante las primeras horas de la ofensiva, ambas fuerzas mantuvieron sus posiciones, pero pronto las fuerzas argentinas consiguieron superar las defensas y obligaron a las tropas chilenas a retirarse de la mayoría de los puestos fronterizos, mientras las defensas eran preparadas en los alrededores de Salamanca, Putaendo, Los Andes, Farellones, San Gabriel y en el oeste de Rancagua. El Ejército chileno desplego también algunas pequeñas unidades para dificultar el avance argentino en la cordillera.

Santiago bombardeado

Vista aérea de Santiago de Chile luego de los violentos bombardeos realizado por la Fuerza Aérea Argentina.

En el aire, la fuerza aérea argentina dio su primer golpe con buenos resultados, dañando sus blanco más importantes, como sedes de gobierno y bases chilenas. No obstante, la Fuerza Aérea de Chile, gracias al aviso de observadores así como por otras medidas, consiguió salvar gran parte de sus aviones, los cuales no tardaron en ser utilizados para efectuar una respuesta igualmente fuerte. Los aviones chilenos procedieron a bombardear objetivos militares en Mendoza y otras provincias en Argentina, e iniciando la batalla por la supremacía aérea en la cordillera.

Si bien el Ejercito Argentino ingreso con éxito por varios sectores, el avance se enfocaría principalmente en dos puntos de la zona central; uno en Aconcagua, cuyo primer lugar de enfrentamientos sería Putaendo, y otra en el Cajón del Maipo de Santiago. En ambas, la ofensiva argentina se movió a una velocidad similar y consiguió romper las defensas chilenas para el 20 de agosto.

Pero mientras ello ocurría en esos sectores, en otros como en el camino a la localidad de Los Andes, las fuerzas argentinas sufrirían una emboscada y perderían a un contingente considerable de tropas, lo que llevaría eventualmente a las fuerzas chilenas recuperar el paso Los Libertadores.

El avance principal del Ejercito Argentino también empezaría a ver complicaciones durante su asalto sobre San Felipe y San José de Maipo, donde tras entrar en las ciudades, sus movimientos se verían detenidos por el Ejército Chileno, dando comienzo a unos enfrentamientos que se extenderían por las siguientes semanas. La resistencia mostrada allí y en otras partes de la zona central de Chile a medida que el Ejercito Argentino avanzaba llevo a la convicción a los generales argentinos a que la guerra duraría mucho más a lo calculado inicialmente.

Para fines de octubre de 1978, le llegada de refuerzos desde Mendoza permitiría al Ejercito Argentino apoderarse de San Felipe, y luego comenzar un asedio a Los Andes. En cambio, en San José de Maipo, pese a los constantes ataques argentinos, las tropas chilenas mantuvieron su posición en la ciudad. En esa misma fecha un nuevo frente se abriría en la provincia de O’Higgins, donde tropas argentinas lanzarían un considerable ataque que les permitiría apoderarse del área hasta Machalí y amenazar el centro minero de Sewell. Frente a esta situación, el Ejército Chileno comandado por Augusto Pinochet, preparo un plan para contraatacar en todo la zona de central. Esta operación, llevada a cabo entre noviembre y diciembre consiguió recuperar San Felipe y hacer retroceder a los argentinos hasta San Gabriel y Pangal.

Al comenzar el mes de diciembre, las pérdidas materiales y humanas en el lado argentino superaban a las chilenas en todos los frentes de batalla, debido al uso necesario de más tropas y recursos para superar las defensas chilenas, que se mostraban mejor planeadas y organizadas. Este hecho demostraba falencias en el diseño de los planes de ataque argentinos, lo cual incluso llevo al mando del Ejército Argentino de esa zona a remover a varios oficiales, cuyas decisiones fueron consideradas como responsables de las derrotas recientes.

En enero de 1979, con la llegada de más apoyo desde Mendoza, el Ejercito Argentino con base en Putaendo se preparo para lanzar un nuevo ataque sobre San Felipe y Los Andes, a la vez que se preparo una nueva ofensiva sobre San José de Maipo. Las operaciones comenzaron bien en los primeros días, logrando incluso la última en San José, rodear la ciudad, dejando atrapadas a las unidades chilenas. Sin embargo, con la ayuda de refuerzos, las tropas chilenas pudieron dar vuelta la situación y detener la ofensiva argentina, cuyo número de bajas empezó a crecer de manera alarmante. El plan resulto un completo fracaso y marco el fin de la ofensiva argentina en Los Andes Centrales.

Frente del Sur

El Teatro de Operaciones Sur o "Frente del Sur" abarcó la frontera chilena desde la Provincia del Bío-Bío hasta la Provincia de Palena, una extensa zona cuya condición geográfica resulto determinante en el despliegue previo de tropas por parte de ambos países. Ello, porque a medida que se avanza hacia el sur la cordillera de los Andes comienza a descender en altura, facilitando las condiciones para el cruce desde uno al otro lado.

Tanques en pueblo

Tanques argentinos en el sur de Chile.

La ventaja que proporcionaba a Chile la cordillera más al norte, dificultando el desplazamiento de las tropas argentinas, no era aplicable en este escenario, lo que obligo al Ejercito Chileno a planear de mejor manera sus defensas. El Ejército Argentino, por otro lado, conociendo de esta condición, ubico un gran contingente de tropas y vehículos en la zona de Neuquén desde donde lanzo el ataque hacia Chile el día 16 de agosto.

El objetivo principal de la invasión argentina en esta zona de Chile era la “partición” del país, siendo necesario para ello la ocupación de Valdivia, la principal ciudad ubicada en la costa. Utilizando los diferentes pasos existentes a lo largo de la frontera, las fuerzas argentinas comenzaron su entrada en territorio chileno, entablando combate de inmediato con las defensas colocadas en esos lugares. El Paso Puyehue, fue escenario de los principales combates, debido a su importancia estratégica. Pese a los esfuerzos chilenos, las tropas argentinas superiores en número y armamentos lograron eventualmente apoderarse de éste y otros pasos. Aun así, sus avances se vieron retrasado por actos de sabotajes llevados a cabos por unidades chilenas en varios caminos.

Para el mes septiembre de 1978, El Ejército Chileno había logrado contener con éxito a las fuerzas argentinas en Entre Lagos y Panguipulli, pero había sido obligado a retirarse de Villarrica. Aprovechando la ocupación de esta localidad, una nueva columna argentina penetro por el norte, llegando hasta Cunco y amenazando Temuco, lo que obligo a desviar tropas para defender la zona.

Una nueva ofensiva argentina en Entre Lagos consiguió romper las líneas chilenas, y a apoderarse de esa localidad para el 2 de octubre. Dos días después, el Ejercito Argentino inicio el asedio a Osorno, mientras una segunda fuerza se dirigió hacia el sur a Puerto Octay, desde donde esperaba luego amenazar Puerto Montt. La llegada de refuerzos permitió a las fuerzas argentinas asentarse con mayor fuerza en los territorios ocupados, pudiendo limitar el actuar de unidades chilenas de sabotaje.

Luego de la caída de Osorno a fines de octubre, el avance argentino continúo hacia el norte y hacia el sur, pero fue nuevamente detenido en Río Bueno y Frutillar, respectivamente. El frente en esa zona se estanco hasta finales de diciembre, pero en las zonas de penetración más al norte, los enfrentamientos continuaron. Panguipulli cayó finalmente durante la primera semana de noviembre y las tropas argentinas alcanzaron Loncoche el 22 del mismo mes. Sin embargo, las fuerzas chilenas lanzaron un contraataque que permitió recapturar Cunco el día 24 de noviembre, mientras que en Pitrufquén, la batalla se estanco. Ante la amenaza contra Valdivia debido a los avances argentinos en el noreste, el Ejército Chileno dispuso una línea defensiva entre Lanco y Los lagos, mientras se dio comienzo al acuartelamiento de más tropas y víveres en Valdivia, que eran traídos vía marítima.

Llegado el mes de diciembre, las tropas argentinas se apoderaron de Río Bueno y siguieron su avance hacia el norte, alcanzando Paillaco, mientras que desde Loncoche y Panguipulli lograron romper las defensas chilenas para luego tomar Los Lagos y San José de Mariquina, localidades que las fuerzas chilenas habían abandonado para replegarse hacia la costa y minimizar sus perdidas. Habiendo capturas estas posiciones, las fuerzas argentinas iniciaron los preparativos para el asalto final sobre Valdivia.

El 2 de enero de 1979, comenzó el sitio de Valdivia por parte del Ejercito Argentino. El primer ataque argentino es repelido, gracias a la ayuda de la fuerza aérea, pero en los siguientes, las fuerzas chilenas se ven forzadas a retroceder hacia el interior de la ciudad. Sin embargo, y pese a los enormes daños dejadas a la ciudad, la llegada constante de refuerzos y suministros vía marítima permitieron al Ejercito Chileno resistir los ataques enemigos. Durante los últimos días de enero, y luego de la muerte de uno de sus principales generales a cargo de la operación, la cantidad de pérdidas alcanzadas por el Ejército Argentino empezó a aumentar de forma alarmante, llevando a que finalmente la batalla diera un giro, con las fuerzas chilenas pasando al contraataque en febrero siguiente.

Frente Austral

El Teatro de Operaciones Austral, también conocido como Frente Austral, cubrió todo lo sucedido en la Patagonia, desde Palena hasta el Beagle, así como los movimientos navales de ambos países en el Atlántico Sur. Las operaciones argentinas realizadas aquí, fueron las primeras de toda la guerra, pero a diferencia de los otros frentes de batalla, donde el Ejército Argentino mantuvo la ofensiva durante varios meses hasta iniciado el 1979, en esta región la situación resulto diferente.

Pese a que primer enfrentamiento entre ambas fuerzas navales, resulto en una importante victoria chilena al rechazar la invasión argentina a las islas y ocasionarle graves pérdidas a la FLOMAR, las fuerzas argentinas siguieron su ofensiva por tierra marchando hacia Punta Arenas, Puerto Natales y en Tierra del Fuego. Sin embargo, los ataques argentinos serian fueron contenidos exitosamente por la estrategia defensiva de las fuerzas chilenas, que pese a su desventaja numérica contaron con la ayuda de la armada, que realizo bombardeos estratégicos en la costa, así como el apoyo aéreo. Esto llevo a que el avance argentino fuera detenido exitosamente durante las primeras semanas, por lo que el mando militar chileno en Punta Arenas no tardo en pasar la ofensiva, con las tropas chilenas iniciando el contraataque a comienzos de septiembre, mediante dos ofensivas en la Provincia de Santa Cruz; una hacia el interior y otra por la costa, donde los buques chilenos seguían aprovechando la superioridad marítima conseguida en el Beagle.

Hundimiento del 25demayo

Hundimiento del portaaviones Veinticinco de Mayo durante el Combate Naval de Río Gallegos.

Mientras tanto, en la provincia de Aysén, el Ejército Chileno consiguió adentrarse en territorio argentino y capturar algunas localidades, si bien seguía en desventaja numérica frente a las fuerzas argentinas. La situación no cambiaría durante algunos meses más.

El 10 de septiembre las fuerzas chilenas lanzaron una campaña para conquistar Río Gallegos, apoyados por la escuadra nacional, pero la flota argentina respondió intentando una maniobra para sorprender a los buques chilenos. Sin embargo, la estrategia no funciono y la batalla termino con la ocupación de Río Gallegos, así como completo desastre para la FLOMAR, perdiendo a varios de buques principales, mientras que los unidades supervivientes se retiraron al norte para ser reparadas y luego movilizadas hacia las costas de la provincia de Buenos Aires para protegerla de los ataques de la Marina Brasileña que había ingresado a la guerra. Si bien el portaaviones argentino Veinticinco de Mayo sobreviviría al combate, sería hundido tan solo unos días después por el submarino chileno O'Brien cuando iba rumbo a Puerto Deseado. Por tal motivo, la victoria en Río Gallegos le otorgo a Chile, de manera temprana, el dominio sobre el Atlántico Sur, cuestión que sería clave en las campañas de los siguientes meses.

Argentine prisoners of war - Port Stanley

Prisioneros argentinos tras la batalla de Puerto Santa Cruz.

Sin su flota para desplazarse y ser apoyados, el Ejercito Argentino en Santa Cruz entro en una grave situación de desesperación, que llevo incluso a cancelar una inminente ofensiva con una gran cantidad de soldados para detener el avance chileno en El Calafate. Este tipo de errores fueron aprovechados por el mando chileno, que ordeno a la Fuerza Aérea realizar bombardeos estratégicos en varios caminos, aislando a varios contingentes argentinas por toda la región. Durante varias semanas las tropas chilenas pudieron seguir avanzando sin encontrar una resistencia organizada, aun cuando Argentina seguía contando con superioridad numérica. Simultáneamente, un desembarco chileno en Puerto Santa Cruz se apodero de la ciudad para el 4 de octubre. Tras estos éxitos durante, el Almirante Merino finalmente pudo llevar al grueso de la escuadra hacia el Pacifico, completando primero las reparaciones necesarias en Punta Arenas a la espera de enfrentarse a la Marina peruana, dejando en la costa Atlántica a un grupo menor de buques, pero suficientes para continuar apoyando al avance chileno.

Para noviembre de 1978, el Ejercito Chileno había alcanzando Puerto San Julián y Gobernador Gregores, pero de a poco el Ejército Argentina recuperaba organización, aunque para ello, tuvieron que ser removidos varios oficiales. Mediante la llegada de refuerzos desde el norte, la defensa argentina se centro alrededor de su base de operaciones en la zona, Comodoro Rivadavia.

El Ejército Chileno en Aysén conquisto Perito Moreno en diciembre de 1978, entrando en contacto en la misma fecha con las fuerzas provenientes de Magallanes, que además ya habían ocupado Puerto Deseado. Ambas fuerzas marchan hacia La Heras, localidad que cae el 29 de diciembre de 1978, y quedan a las puertas de Comodoro Rivadavia, aunque la preparación para el asalto tomaría unas dos semanas.

El 18 enero de 1979 se inicia el asedio chileno a la principal ciudad de Chubut, extendiéndose los enfrentamientos que incluyeron también bombardeos de la Flota chilena, durante tres semanas. Finalmente, la ultima guarnición de la ciudad se rinde el 12 de febrero.

Frente Argentino-Brasileño (Septiembre de 1978 - Marzo de 1979)

Artículo principal: Frente Argentino-Brasileño

El frente argentino-brasileño fue un frente decisivo de la guerra sudamericana, ya que Argentina distrajo gran cantidad de hombres de otros frentes, a medida que la situación empeoraba.

Situación previa

Brasil había tenido en mente desde hace al menos una década la posibilidad de un conflicto con Argentina, por lo que las fuerzas brasileñas tenían ideado un plan de ataque que consistía en avanzar por el norte de Argentina lo más rápido posible, hasta tomar Rosario y obligar al enemigo a negociar.

Argentina por su parte tenía en mente acabar con Chile antes que nada, evitando el ingreso de Brasil a la guerra. Con los éxitos iniciales se esperaba que Brasil desconfiara de la capacidad militar chilena y desistiera de intervenir.

Brasil contaba con 778.000 hombres en su ejército en 1978, el más grande del subcontinente. En el momento del inicio de la guerra el alto mando brasileño ordena la movilización general, aumentándolo a 1.350.000 en dos meses, cifra que aumentaría pues el ejército era constantemente reforzado.

El Ejército do sur (200.000 hombres) sería la principal unidad brasileña en el inicio del enfrentamiento, apoyados por el Regimiento Santa Catarina (50.000) y el Ejército de Paraná (100.000) apoyados todos por el 3° regimiento motorizado (2000 hombres y 400 vehículos).

En frente de estas fuerzas estaba la 34° división de infantería argentina, basada en Posadas, Misiones y el 5° ejército argentino que junto a la 33° división de infantería estaba basadas en Corrientes. En total 120.000 hombres. Eventualmente la 2° División Blindada argentina (300 vehículos incluyendo 50 TAM recién fabricados) llegaría a la zona el 20 de Agosto, basándose en Corrientes.

Inicio de las acciones

Brasil declaró la guerra a Argentina el día 29 de agosto a las 12:00 horas, si bien las tropas brasileñas comenzaron acciones ofensivas desde las 5:30 a.m.

Cuatro divisiones de infantería brasileñas (40.000 hombres) se desplazan durante la noche del 28-29 desde su base en Santa María, tomando el pueblo Paso de los Libres sin resistencia, así mismo cayeron otras poblaciones cercanas. Una vez la artillería (unos 350 cañones de campaña) cruzó el río Uruguay a las 9 de la mañana los brasileños avanzan en dirección noroeste, llegando a Mercedes a eso del mediodía. Antes de que el pueblo cayera, los policías argentinos informan a Buenos Aires, así el 5° ejército argentino prepara sus movimientos defensivos.

Más al norte las divisiones brasileñas 12 13 y 14 pertenecientes al ejército de Paraná cruzan la frontera y toman Puerto Iguazú, avanzando 150 kilómetros sin problemas. Al día siguiente entran en combate con la 34° división argentina (10.000 hombres) en las afueras de Posadas derrotándola luego de dos horas de combate. Así toda Misiones quedaba en control brasileño.

Mientras otras fuerzas brasileñas entraban a territorio argentino desde Santa Catarina. Estas fuerzas eran la 11° división y el 3° regimiento motorizado, que se adelanta a reconocer terreno.

En las siguientes tres semanas llegarían otros 30.000 hombres a reforzar los ubicados en Mercedes, comenzando a avanzar lentamente unos 70 kilómetros en esas dos semanas, debido al terreno pantanoso de ese sector. La idea brasileña era obligar al 5° ejército argentino al combate justo cuando llegaran a la zona los 30 000 hombres que habían ocupado Misiones.

Entre el día 16 y el 26 de octubre se produce la batalla de Saladas entre las avanzadas del 5° ejército y los avanzados brasileños, quienes resultaron triunfadores gracias, en parte, al uso de artillería. Esta victoria dio confianza a los verdeamarelhos quienes lanzan una ofensiva hacia Goya (28 de octubre) y cruzan el Paraná con el 3° regimiento motorizado y 2 divisiones de infantería. El 4 de noviembre toman Reconquista. En esa semana, aviones en reconocimiento venían desde Santa Fe y los detectan, informando a Corrientes. Entonces se envía a la mitad del 5° ejército y a la 2° División Blindada Argentina a la zona que llegan el día 9.Se produce entonces la Batalla de Villa Ocampo, desastrosa derrota brasileña, pues perdieron casi 350 vehículos, quedando así anulada la 3° motorizada. Los TAM resultaron invencibles para los blindados brasileños, con un ratio de 17:1.

Esta victoria alentó a los argentinos que iniciarían una serie de contraataques que triunfaron gracias al apoyo aéreo cercano (en Posadas no había aeródromo, los aviones brasileños siempre llegaban tarde), retomando Vera y Reconquista entre el 15 y el 25 de noviembre.

Pausa de Diciembre a Enero

Debido a la llegada del verano, con la consiguiente proliferación de mosquitos y altas temperaturas ambos bandos decidieron detener sus movimientos. Las incursiones aéreas de los argentinos continuaron, causando daños relativamente graves a los de Brasil. El Alto mando revaluó la ofensiva, decidiendo acabar con los argentinos después de la llegada de refuerzos.

Reinicio de las hostilidades

El día 27 de enero de 1979 los brasileños lanzan la Operación Guaycurú, un ataque con 135.000 hombres contra Corrientes cercando al 5° ejército (recordemos sólo estaba la mitad) y a la 33° división, obligándolos al combate. La batalla transcurrió entre el 27 de enero y el 3 de marzo, cuando los últimos argentinos se rinden.

Este duro golpe a los argentinos no desanima al Alto Mando, quien ordena al 4° ejército que estaba basado en Córdoba dirigirse a la zona. Además se planeó el envío de la 29° división que estaba en Formosa, pero esta se ve atacada por fuerzas paraguayas. La división Blindada Especial, de Buenos Aires llega también, debido al éxito de la 2° blindada.

Mientras tanto lo que quedaba del 5° ejército argentino se retira al sur, para encontrarse con los refuerzos el día 25 de febrero. De esta forma, los argentinos tenían una fuerza capaz de hacer frente al enemigo, además desde un frente más sencillo de defender (el Paraná a la altura de Santa Fe) con una línea de abastecimiento más corta e incluso con dos divisiones blindadas. Se planeó comenzar el contraataque cuando algunos refuerzos (3.000 hombres, 70 cañones y 12 tanques para la 5° Blindada) llegaras en eso del 15 o 16 de marzo.

Frente del Norte Grande (Agosto de 1978 - Marzo de 1979)

Artículo principal: Frente del Norte Grande

Conquista de Arica e Iquique

Antes de que la guerra comenzara, el alto mando chileno sabía que eran altas las posibilidades de que Perú y Bolivia aprovecharan la situación de Chile para intentar atacar la zona norte de éste país, sobre la que reclamaban derechos territoriales. Debido a aquella amenaza, el Ejército Chileno en el norte, dirigido por el General Julio Canessa Robert, estuvo preparando con antelación las defensas en las provincias de Tarapacá y Antofagasta, así como los planes a seguir para contener cualquier ofensiva.

Al estallar los enfrentamientos en la zona austral el 16 de agosto de 1978, ni Perú ni Bolivia declararon de inmediato la guerra, aunque sí comenzaron el desplazamiento de grandes cantidades de tropas a la frontera. El Ejército Chileno aprovecho la momentánea tranquilidad en el norte para emprender una incursión sobre la Puna de Atacama en el noroeste argentino, que tenía como objetivo capturar aquellos territorios y forzar un canje en caso de perdidas en otras zonas del país. Las tropas chilenas no encontraron mucha resistencia en esta área, no muy habitada en comparación al resto de Argentina, pero el Ejército Argentino pronto reacciono y se dispuso a detener el avance chileno. Además, anticipándose a que no contarían por un buen tiempo con la armada para transportar de manera rápida y segura refuerzos al Frente Norte, el Ejercito Chileno dispuso a la zona entre Copiapó y Coquimbo para el acuartelamiento de voluntarios, los cuales luego jugarían un rol clave en la defensa del norte.

Finalmente el 28 de agosto, Perú y Bolivia declararon la guerra a Chile, con el Ejercito del primer país dando inicio a la Operación Bolognesi con una gran ofensiva sobre Arica y Putre, mientras Colchane y Ollagüe eran objetivos de las fuerzas bolivianas. En el mar, la Flota Peruana consiguió un rápido dominio durante las primeras semanas, al estar la totalidad de la escuadra chilena luchando en Magallanes, lo que le permitió realizar bombardeos a las posiciones entre la costa de Arica y Tocopilla.

En Arica, los chilenos consiguieron defender durante varias semanas la ciudad, pero tras una feroz batalla, eventualmente esta cayó en manos peruanas hacia mediados de septiembre. En contraste, para esas fechas en el interior el avance boliviano no tuvo la misma suerte. El ejército chileno aprovecho la falta de preparación de las fuerzas bolivianas, así como errores en sus planes de ataques, para emboscarlos en varios puntos de ingreso y ocasionarles enormes pérdidas. La zona entre Colchane y Ollagüe se transformo en un caos para el Ejército Boliviano, que incluso se vio obligado a retroceder y ceder algunas aéreas de su propio territorio ante contraataques chilenos. Por otro lado, en la puna de Atacama, las tropas chilenas consolidaron su posesión del área entre Susques, San Antonio de los Cobres y La Poma, aunque la reorganización del Ejercito Argentino impidió el avance más al Este.

Para mediados de octubre, Iquique se volvió escenario de una nueva batalla entre fuerzas peruanas y chilenas. Aunque superados en número, los defensores chilenos consiguieron mantener a las tropas peruanas fuera de la ciudad, mientras que en el mar la flota de ese país debió mantenerse lejos de la bahía debido a que el área fue fuertemente minada. También fue clave el apoyo de la fuerza aérea chilena, cuyos aviones mantuvieron a raya a sus rivales peruanos, a la vez que lanzaban ataques estratégicos para cortar varios caminos en toda la provincia de Tarapacá, resultando ser un factor clave para ralentizar el avance peruano hacia el sur durante los siguientes meses. La batalla por Iquique se extendería hasta el mes de diciembre, cuando finalmente el Ejército Peruano consiguió apoderarse de la ciudad, aunque con mayores perdidas a las esperadas lo que los obligo a retrasar sus siguientes movimientos por la provincia hasta el siguiente año.

Sitio de Calama

Luego de reponerse de los perdidas para conseguir el control de las dos principales ciudades de Tarapacá, las fuerzas peruano-bolivianas prepararon su avance hacia el sur, en dirección a Tocopilla y Calama, mientras que el Ejército Chileno siguió su repliegue de tropas hacia la provincia de Antofagasta, a la vez que consolido su ocupación de parte del territorio boliviano cercano a Ollagüe. Si bien los mandos peruanos esperaban recuperar el tiempo perdido y alcanzar Calama para mediados de enero, sus tropas se vieron hostigadas constantemente por los ataques sorpresas y sabotajes de varias pequeñas unidades dejadas en el desierto por el mando chileno, replicando una estrategia que se había estado empleando en otros frentes de batalla. A esto se sumo que la Fuerza Aérea chilena comenzó a consolidar su control del aire en la zona, por lo que todos estos contratiempos, terminaron por retrasar la ofensiva hasta fines de febrero, lo que permitió a su vez la llegada de los esperados refuerzos chilenos desde Copiapó e incluso un destacamento proveniente desde la zona central, el cual pudieron llegar por mar tras burlar el bloqueo que los peruanos mantenían al norte de Chañaral. Con el triunfo chileno sobre la estrategia peruana en el Pacifico, era cuestión de tiempo para que el grueso de la armada chilena llegara para enfrentar a la flota peruana, lo cual empezó a inquietar a muchos generales de ese país. Sin embargo, el liderazgo principal confiaba en que sus tropas que casi triplicaban en numero a las fuerzas chilenas en Antofagasta conquistarían sus objetivos antes que ocurriera el gran enfrentamiento en el mar.

Sería recién el 24 de febrero de 1979, cuando finalmente las fuerzas peruano-bolivianas consiguieron alcanzar las cercanías de Calama y comenzaron el asedio al área correspondiente a la ciudad y a la mina de Chuquicamata, la principal fuente de ingresos del país. Las imponentes defensas chilenas desplegadas en los alrededores consiguieron evitar que la lucha llegara a las zonas urbanas y las faenas, desarrollándose los combates en las trincheras construidas en pleno desierto. Pese a la desventaja numérica, el Ejercito Chileno consiguió contener con éxito la ofensiva peruana durante las siguientes dos semanas entrando ya a marzo, apoyados por los bombardeos de los aviones nacionales, que para ese punto eran claros dominadores de los cielos del desierto, mientras que los generales peruanos veían como sus expectativas iniciales se mostraban erróneas y sus fuerzas experimentaban cada vez mas perdidas, sin poder romper las líneas chilenas.

Frente del Chaco (Septiembre de 1978 - Abril de 1979)

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Soldados paraguayos atravesando un río entre los pantanos del Chaco Boreal, marzo de 1979.

Las fuerzas del Paraguay reforzaron inmediatamente la frontera ante la amenaza de la guerra entre septiembre y diciembre de 1978, temiendo un ataque conjunto argentino-boliviano. La Argentina sin embargo, concentró sus fuerzas en atacar al Brasil e invadir Chile, por lo que no se abrió un frente a lo largo de la frontera paraguayo-argentina.

Pero luego de la declaración de guerra oficial y alianza del Paraguay con Brasil y Chile, varios destacamentos bolivianos incursionaron en la parte paraguaya del Chaco Boreal, intentando llegar a Mayor Pablo Lagerenza y a Mayor Infante Rivarola, intentos que fueron rechazados por las preparadas fuerzas paraguayas. El Paraguay lanzó un contraataque aéreo, bombardeando san José de Chiquitos y tomándola luego de un duro combate el 16 de diciembre de 1978.

El 5 de marzo de 1979, aviones de la Fuerza Aérea Argentina y la Fuerza Aérea de Bolivia lanzaron un bombardeo conjunto de la ciudad de Asunción, aunque la inteligencia paraguaya lo había descubierto con antelación y lograron tomar varios resguardos; el ataque fue rechazado con éxito por las baterías antiaéreas paraguayas. Este ataque motivaría la respuesta paraguaya y posterior Batalla de Formosa, donde los paraguayos lograrían tomar la ciudad el 20 de marzo de 1979. En el Chaco, Bolivia intentó nuevamente un ataque aéreo con sus debilitadas fuerzas sobre Mariscal José Estigarribia, donde también fueron rechazados por la defensa paraguaya. Las enfermedades y el agotamiento de las fuerzas en combate en el hostil ambiente del Chaco motivaron una tregua "de facto" de un mes.

Frente Peruano-Ecuatoriano (Septiembre de 1978 - Mayo de 1979)

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Soldados peruanos en la defensa de Tumbes, 1978.

Frente Tumbes-Piura

La entrada al bando de Chile por parte de Ecuador, significó una gran preocupación del Perú, debido a que este país concentró la gran mayoría de sus fuerzas en el ataque a Arica y Tarapacá junto a las fuerzas bolivianas. Por esto mismo, el Ejército ecuatoriano (azuzado también por el sentimiento de rencor tras la Guerra Peruano-Ecuatoriana de 1941), logró rápidamente ocupar posiciones luego de iniciar una ofensiva terrestre el 15 de septiembre de 1978, logrando tomar luego de un encarnizado combate contra los pocos defensores, la ciudad de Tumbes.

La Fuerza Aérea del Perú intentó bombardear las posiciones en la frontera, pero las sólidas defensas antiaéreas de las bases establecidas tanto en Huaquilas como en Macará detuvieron el ataque. Los combates se sucedieron en la selva fronteriza, con varias escaramuzas cerca de Yacurí y los cerros de Amotape, sin que el ejército peruano pudiese recuperar la ciudad de Tumbes, fuertemente defendida. Varios Sukhoi de la FAP fueron derribados en la selva, y las fuerzas ecuatorianas lograron acercarse peligrosamente a Máncora, acciones que apenas pudieron ser detenidas hacia noviembre de 1978, sin poder de todas formas, superar la cortina de hierro impuesta por la militarización del Ecuador en la Cordillera del Cóndor.

La Armada del Ecuador llegó incluso a incursionar hacia la costa de Chiclayo, antes de que los pocos buques de la Marina del Perú que no se habían ido a atacar la costa chilena, llegasen a detenerlos el 12 de diciembre, entrando en un combate naval sin resultados concluyentes a la altura de Isla Lobos de Tierra. Luego de esto, los buques ecuatorianos se replegaron a Tumbes. Un intento ecuatoriano de incursionar más allá de la Cordillera del Cóndor a 30 km dentro de territorio peruano sin embargo, fue repelido con éxito por las fuerzas del Perú, debiendo los ecuatorianos replegarse hacia la frontera.

Durante la noche del 20 de diciembre, en una operación llamada "Dulce Víspera", la Fuerza Aérea de Ecuador bombardeó la ciudad de Piura, con una poco eficaz defensa de las baterías antiaéreas de la ciudad y una tardía respuesta que dio pie a una gran mortandad. Durante el 22 de diciembre las tropas ecuatorianas se batieron fuertemente con los defensores peruanos a las afueras de la ciudad, a pesar de lo cual Piura cayó durante el amanecer en manos de los atacantes.

Frente de Iquitos-Marañón

La noticia de la victoria ecuatoriana caló hondo en los mandos peruanos; los generales Hoyos y Graziani llegaron a cuestionarse la efectividad de estar concentrando tantos recursos en el norte de Chile mientras perdían territorios con Ecuador en el norte peruano y con Brasil en la zona amazónica

Esta amenaza se hizo más latente con la unión de una avanzada brasileña al ejército ecuatoriano cerca del Amazonas, lanzando un gran ataque combinado y un bombardeo sobre Iquitos, en febrero de 1979. La ciudad y el territorio entre la frontera ecuatoriana y aquella, quedaron en total dominio del Ecuador. El desastre de Iquitos sería determinante en la temprana retirada peruana del Norte Chileno, pasando a una estrategia más bien defensiva.

Frente del Amazonas

Artículo principal: Frente del Amazonas
Soldados

Soldados del Ejército conjunto perú-boliviano en un campamento cerca de Puerto Esperanza, durante la Batalla del Acre.

El Brasil concentró fuerzas en la ciudad de Manaos, acudiendo al reclutamiento forzoso en varias ocasiones para enfrentar la amenaza peruano-boliviana, debido también a que el grueso del contingente brasileño se encontraba en enfrentamientos en la frontera con Argentina. Desde las bases de Manaos salieron varios grupos especiales de comandos e infantería para combate en selva que tomaron posiciones hacia agosto de 1978 cerca de Río Branco en el Acre y en Rondonia.

Sin embargo y aunque se sucedieron varias escaramuzas en Puerto Esperanza (Perú) y Cobija (Bolivia), la contingencia de los frentes abiertos en la frontera brasileño-argentina y en el norte de Chile, además de la amenaza paraguaya por el Chaco Boreal, mantuvo un tenso statu quo durante varias semanas. Este statu quo se rompería con el inicio de la larga y sangrienta Gran Batalla del Acre, caracterizada por un sucesivos y continuos combates en medio de la selva, durante espacio de casi dos semanas, lo que se saldaría con una victoria brasileña ante las mermadas fuerzas peruano-bolivianas. De la misma forma, una avanzada brasileña seguía el curso del Amazonas hacia el oeste y se unía a los esfuerzos del Ecuador cerca de Iquitos.

Luego de esto, el Brasil tomaría sin gran oposición el departamento de Pando y parte del de Beni, además de buena parte de los departamentos de Madre de Dios y Ucayali, en Perú. Las fuerzas peruanas y bolivianas tuvieron que dar estos territorios por perdidos hasta la llegada del año 1979, ya que el grueso de sus ejércitos se hallaban luchando en el norte de Chile, tratando de vencer la cruenta resistencia que les opuso el ejército de ese país.

Una epidemia de malaria sin embargo, frenaría considerablemente la acción en este frente durante el principio de 1979.

Campaña naval

Combates en el Río de la Plata

Mientras en tierra las fuerzas de ambos países chocaban desde que los últimos días de agosto, en el mar el combate entre ambas escuadras tardo mucho más tiempo en producirse, debido a que las flota argentina se encontraba totalmente concentrada en el Beagle enfrentando a su rival chilena. Luego de la derrota en Río Gallegos a mediados de septiembre, los buques argentinos que sobrevivieron tuvieron que retirarse a Comodoro Rivadavia para ser reparados, mientras el mando argentino se cuestionaba como enfrentar a dos fuerzas navales enemigas al norte y al sur, ahora que habían perdido el grueso de su propia flota. En tanto esto ocurría, en esas semanas la armada brasileña había desplegado un bloqueo alrededor de la provincia de Buenos Aires, e incluso había lanzado bombardeos a los varios objetivos militares en la costa. Estos ataques se extenderían hasta mediados de octubre, cuando finalmente Argentina decidiría llevar a cabo una operación para romper el bloqueo. Con la llegada apresurada de dos nuevas corbetas que habían sido adquiridas antes de iniciar la guerra, la flota argentina apoyada por su fuerza aérea decide llevar a cabo la Operación Paraná, una serie de ataques para debilitar a las unidades marinas brasileñas, lo cual conseguiría cierto éxito inicialmente. Las operaciones navales se extenderían hasta que se produjo una crucial batalla en el Río de la Plata el 10 de noviembre de 1978. El combate terminaría con la destrucción de los restantes buques de la armada argentina, pero ocasionando graves perdidas también a las fuerzas brasileñas e interrumpiendo momentáneamente el bloqueo sobre Buenos Aires, al menos hasta la llegada de una nueva fuerza naval de Brasil durante enero de 1979.

Operaciones navales en el Pacifico Sur

El plano naval, Perú tenía originalmente pensado apoyar con su flota un esperado rápido avance terrestre hasta Antofagasta, para luego unirse a su símil argentina en ataques hacia posiciones estratégicas de la zona centro-sur de Chile y cazar lo que quedara de la flota enemiga. Si bien la flota chilena en su mayoría estaba concentrada en la zona austral, este país si había dejado una pequeña fuerza consistente de dos submarinos y una fragata patrullando el norte en caso que se iniciaran hostilidades con Perú. No obstante, el mando peruano no los consideraba como un problema tan importante.

Esta percepción cambiaría primero con el sorpresivo ataque de unos los submarinos chilenos a un buque peruano mientras se realizaba el ataque sobre Arica. A raíz de este hecho, la flota peruana tardo varios días en avanzar más hacia al sur, hasta la altura de Iquique, y cuando lo hizo, para septiembre de 1978, llegaron las noticias de la desastrosa derrota argentina en el mar del sur, con la consecuente perdida de casi todo su poder naval, lo cual obligo al mando peruano a replantear su estrategia.

Si bien ya no contarían con el apoyo naval de Argentina, y las operaciones en tierra en Tarapacá iban más lento de lo esperado, una posibilidad era mantenerse en el norte, esperando que la armada chilena viniera hacia ellos. Sin embargo, el hecho que el grueso de la armada de ese país siguiera en el Atlántico apoyando la ofensiva sobre la Patagonia, llevo a los oficiales peruanos a que creer que lo mejor era pasar la ofensiva y aprovechar su ausencia para dar caza a la pequeña fuerza naval chilena, y consolidar el dominio peruano sobre el Pacifico, siguiendo adelante con los planes para lanzar ataques contra los puertos chilenos.

Fue así que la Marina Peruana se dividió en tres grupos de tareas. El primero y principal se mantendría en el norte, bloqueando la costa a la altura de Chañaral, para evitar la llegada de refuerzos y suministros chilenos por vía marítima a Antofagasta. Un segundo grupo tendría como objetivo capturar primero la Isla de Pascua en el interior del Pacifico, mientras la tercera se dispondría a ir al Archipiélago Juan Fernández, para ocuparlo y desde allí iniciar los ataques sobre los puertos chilenos desde Valparaíso hasta Puerto Montt, donde ambos grupos convergerían. Por ultimo, la fuerza de submarinos peruana sería la encargada de cazar y eliminar a las unidades chilenas que estaban dando problemas. El 12 de octubre de 1978 zarparían los buques para dar comienzo a la denominada "Operación Húascar".

Mientras ello ocurría del lado peruano, en el bando chileno el gobierno central de Eduardo Frei Montalva era consciente que pese a tener una pequeña fuerza naval en el Pacifico, la costa chilena era todavía vulnerable. Si bien el comandante en jefe de la armada José Toribio Merino había consolidado el dominio marítimo sobre el mar del sur, y la perdida de buques sufrida hasta ese momento estaba dentro de las proyecciones estimadas, muchos de los demás navíos habían recibido daños considerables que los obligaron a estar mas de lo esperado bajo reparación en Punta Arenas. Merino anticipo que los peruanos atacarían antes que pudieran estar listos para enfrentarlos, por lo que la pequeña fuerza naval chilena tendría que seguir defendiendo la costa chilena por un tiempo más.

El 20 de octubre de 1978, las dos posesiones insulares chilenas fueron capturadas por los Marina Peruana, tomando como prisioneros a los destacamentos chilenos en las islas. Previamente la fuerza de submarinos de ambos países había tenido un breve encuentro, donde la fuerza chilena debió retirarse. Tras esto, el grupo que había tomado a Juan Fernández se dispuso rumbo en dirección a Valparaíso, iniciando un ataque sobre el puerto que sería interrumpido cuando los dos submarinos chilenos atacaron y dañaron a dos buques peruanos. Aun cuando los peruanos se retiraron, el puerto recibió graves daños. Otros combates se sucedieron en Coquimbo y Constitución, con los submarinos chilenos logrando sobrevivir pese a estar en inferioridad numérica.

Ante la urgencia por tener una mayor fuerza en operaciones en el Pacifico, Merino dispuso a los buques de la escuadra que ya estuvieran reparados junto a dos destructores y dos submarinos enviados por la Armada de Brasil como refuerzos para ayudar en la defensa de Chile. La flota de la coalición marcho entonces rumbo desde Punta Arenas hacia el norte.

Al enterarse de la llegada de esta nueva fuerza naval, los grupos de combate del Perú decidieron cancelar su siguiente ataque sobre San Antonio, para intentar emboscarlos en Talcahuano, donde inteligencia decía que arribarían para reunirse con la pequeña fuerza chilena. Mientras un grupo atacaba por el norte, el otro los rodearía por el sur. Sin embargo, la estrategia no funciono pues Merino había anticipado el movimiento, y consiguió repeler el ataque, resultando el combate en Talcahuano en una victoria chilena, si bien la flota peruana logro replegarse hasta Juan Fernández, habiendo perdidos dos barcos.

Pese a la derrota, la Marina Peruana siguió firme en su intención de no ceder el dominio del Océano Pacifico y mantener fuera a las naves chilenas del Norte donde la ofensiva peruana continuaba. Un nuevo ataque fue organizado esta vez a Puerto Montt, donde las fuerzas chilenas realizaban el transporte de tropas desde Chiloé a tierra firme para contener el avance argentino. La fuerza de submarinos peruana navego hacia el canal del Chacao con el objetivo de hundir tantos barcos de transporte como era posible, pero el plan fue descubierto y Chile envió a su propios submarinos para interceptarlos. Durante varias semanas, submarinos de ambos lados intercambiaron disparos en el mar al Oeste de Chile, hasta que finalmente el bando chileno se impuso al hundir a todos los submarinos peruanos, aunque perdiendo a ambos submarinos brasileños y un par de transportes.

Para el mes de diciembre, la flota chilena había conseguido recuperar Juan Fernández, pero se produjeron otros dos ataques contra San Antonio y Talcahuano, resultando ambos puertos con daños menores luego que los peruanos rápidamente evitando un nuevo combate directo. Esta estrategia había conseguido contener todavía a la armada chilena a la zona central, por lo que el Almirante Merino decidió que era hora de forzar a los peruanos a un cara cara donde no pudieran huir. En Isla de Pascua, el almirante peruano recibió reportes de que la flota chilena iba finalmente a rumbo a liberarla, por lo que dejo a un grupo de buques para entretenerlos, mientras el resto de la escuadra peruana iría a capturar nuevamente Juan Fernández para luego iniciar una nueva ronda de ataques a la costa chilena. Sin embargo, al llegar a Juan Fernández se encontraría con varios buques al mando del mismo Merino, iniciando el combate. En cuanto sus buques empezaron a recibir daños considerables, el Almirante peruano ordeno replegarse al oeste hacia Isla de Pascua, pero apenas unos kilómetros fue sorprendido por los restantes buques chilenos. El combate culmino con más de la mitad de la flora peruana hundida, con los sobrevivientes huyendo hacia el norte, aunque el almirante Merino casi resulta muerto producto del disparo de un barco enemigo.

Iniciando el mes de enero de 1979, Chile había recuperado el control del Pacifico al sur de Chañaral, incluyendo Isla de Pascua, pero aun faltaba un tiempo para que la Armada chilena pudiera navegar la norte para combatir al grueso de la Marina de Guerra del Perú. Tras unas semanas en recuperación, el almirante Merino retomo sus funciones como comandante e inicio los preparativos para la gran batalla naval que se avecinaba.

Guerra naval en la costa peruano-ecuatoriana

Si bien gran parte de la Marina de Guerra del Perú fue concentrada en la frontera sur con Chile, la zona norte con Ecuador no fue descuidada, dejando a un numero de buques para defenderla en caso que Ecuador se uniera a la guerra del lado chileno.

Frente Chileno-Argentino (Febrero de 1979 - Mayo de 1979)

Frente de Mendoza

Habiendo repelido con éxito las últimas ofensivas del Ejercito Argentina en el valle del Aconcagua y en el Cajón del Maipo, el Ejército Chileno se preparo para iniciar un contraataque para expulsar a las fuerzas argentinas de vuelta a la frontera de manera definitiva. El 15 de febrero fue lanzado un ataque sobre Putaendo, la base de operaciones del Ejército Argentino de invasión. Aunque las tropas argentinas lograron contener la primera embestida, el desgaste provocado en las operaciones anteriores y la falta de suministros debido a los sabotajes de unidades chilenas finalmente los llevo a replegarse de vuelta a los pasos cordilleranos. Misma situación ocurrió en el Cajón del Maipo, aunque la retirada de las tropas argentinas se llevo a cabo de manera más desordenada debido a la inesperada apertura de un flanco en las líneas argentinas y que fue aprovechado por Chile.

A comienzos de marzo, el Ejército chileno había conseguido recuperar la mayor parte de los pasos fronterizos en Aconcagua, Santiago y O’Higgins y las tropas argentinas se encontraban de vuelta en Mendoza. El fracaso de la invasión a Chile tanto aquí como en el resto de los frentes, fue visto por varios militares argentinos como el fin del conflicto, y comenzaron a aparecer voces que advertían que ya era momento de buscar la paz. El gobierno chileno de Eduardo Frei Montalva también creyó aquello y formalmente solicito un cese de hostilidades. Sin embargo, la junta militar encabezada por el Almirante Emilio Massera rechazo tajantemente tal idea e incluso llevo a cabo la eliminación o arresto de varios militares opositores que proponían solicitar un armisticio. Massera ordeno continuar la lucha y preparar nuevas incursiones. Ante esa respuesta, el gobierno chileno ordeno a las fuerzas armadas continuar la guerra y adelantarse a un nuevo intención de invasión, lanzando una ofensiva propia sobre Mendoza.

La invasión chilena a la provincia de Mendoza comenzó el 2 de mayo, volviendo la actividad al Frente de los Andes Centrales luego de casi un mes y medio en que los enfrentamientos en esa zona se habían detenido. No obstante, la operación estuvo precedida por la infiltración de unidades de sabotaje por distintos y que se encargarían de dificultar la movilidad de las fuerzas argentinas. Así como lo hizo el Ejercito Argentino en su momento, las tropas chilenas utilizaron los distintos pasos cordilleranos para cruzar, encontrándose de inmediato con una fuerte resistencia que detuvo cualquier avance por varias semanas. Sin embargo, las líneas argentinas de a poco fueron rotas, y el avance chileno continuo, primero alcanzando la localidad de Malargüe, en el sur, y luego más al norte en San Carlos, aunque la ofensiva principal que iba camino a Uspallata siguió teniendo problemas para avanzar mas rápido.

El 25 de junio, tuvo lugar en Buenos Aires el asesinato de Emilio Massera por parte de un grupo de militares críticos a su conducción. El intento golpista tuvo la reacción inmediata del grupo que apoyaba Massera, ahora liderado por el General Suarez Mason, y que consiguió aplastar la rebelión luego de tres días. Como consecuencia de este evento, se inicio el nuevo gobierno militar se dispuso a atrapar a los oficiales que apoyaron el golpe, incluyendo a varios de los que estaban en Mendoza.

La crisis al interior de la cadena de mando argentina fue aprovechada por el Ejército Chileno para continuar la marcha sobre el resto de la provincia, ocupando Malargüe y llegando finalmente a la localidad de Uspallata a mediados de julio y poniéndola bajo asedio el día 24. La batalla por la ciudad significo un gran despliegue de fuerzas y reporto grandes bajas para ambos lados, durante casi dos semanas y media. El 17 de agosto de 1979, Uspallata cayó finalmente bajo control chileno, aunque las perdidas forzaron al Ejercito Chileno a detener su avance por un tiempo. Durante septiembre las fuerzas argentinas desde Mendoza intentaron recuperar la ciudad, pero fueron rechazadas exitosamente. Más al sur, las tropas chilenas aseguraron también sus posiciones entre Malargüe y Tunuyán, llegando hasta al Lago Salinas del Diamante en el Este, pero no atreviéndose a incursionar más al interior debido a la fuertes defensas que los argentinos habían organizado alrededor de San Rafael. Por la misma razón, el Ejercito Chileno no atacaría Mendoza, aun cuando en su maximo avance consiguió llegar a las fuerzas de la ciudad, por lo que este frente quedaría sin movimientos hasta el fin de la guerra.

Frente del Sur: Valdivia

A comienzos de febrero de 1979, comenzó a darse un giro en la Batalla de Valdivia, luego que las fuerzas argentinas, ya muy agotadas, no pudieran seguir presionando para ocupar la ciudad. Luego de la llegada de refuerzos frescos, el Ejército chileno organizo un contraataque que permitió expulsar a las tropas argentinas de la ciudad para la ultima semana de febrero, aunque el Ejército Argentino aun mantenía un control firme sobre los demás territorios ocupados en el sur de Chile. La victoria en Valdivia levanto fuertemente la moral en las tropas chilenas, y pronto el mando chileno decidió tomar ventaja de la perdida de iniciativa por parte de los argentinos, para organizar un ataque coordinado desde Temuco, Puerto Montt y la misma Valdivia. En paralelo con esto, una ofensiva desde Cunco consiguió recuperar Melipeuco y luego el Paso Icalma.

El 28 de febrero fue puesta en marcha la "Operación Hierro" que contó primero con una ofensiva en el norte contra las posiciones argentinas en Pitrufquén, y en el sur cerca de Frutillar. Mientras la presión hacia que las tropas argentinas retrocedieran de a poco, una tercera ofensiva fue lanzada desde Valdivia en dirección al Lago Ranco, con el objetivo de separar a ambas fuerzas argentinas. Para el 8 de marzo, el plan había dado resultado y el Ejército Argentino quedo dividido en la fuerza principal al sur que tenía su base en Osorno, y al norte el contingente argentino que ocupaba Villarrica. El siguiente movimiento chileno se centro en acabar la fuerza del norte, y para ello se lanzo una cuarta ofensiva sobre Pucón, acompañada de bombardeos sobre el camino al Paso Mamuil Malal. A mediados de marzo, Pucón había sido tomada y las fuerzas argentinas en Villarrica quedaron rodeadas por tropas chilenas. La reconquista de Villarrica solo sería completada el 29 de marzo.

En el sur, el avance chileno por recuperar su territorio costo más esfuerzo debido a las mejores defensas dispuestas por los argentinos entre San Pablo y Purranque. Recién en mayo, las tropas chilenas lograron alcanzar Entre Lagos, amenazando con dejar aislados a las tropas argentinas en Osorno. Sin embargo, el Ejército Argentino, consciente de ello pudo contener los ataque chilenos y evitar perder la localidad, aunque de todas formas debió iniciar un repliegue masivo hacia Neuquén. Finalmente, Osorno sería liberada por el Ejército Chileno el 12 de abril de 1979, y el resto de los poblados hasta el Paso Puyehue durante la siguiente semana.

Campaña de la Patagonia

Soldados Argentinos Prisioneros

Soldados argentinos capturados durante el avance chileno por la Patagonia.

La Caída de Comodoro Rivadavia el 27 de febrero de 1979 marco la segunda gran derrota seguida de Argentina durante el conflicto, luego del duro revés sufrido en Valdivia una semana antes. El Ejercito Argentino estableció su nueva base de operaciones en Puerto Madryn desde donde busco reorganizar a las tropas supervivientes y detener el avance chileno desde el sur, a la vez que desde otros frentes valiosas tropas inevitablemente eran movilizadas para ayudar en esta defensa. Por otro lado, el Ejército Chileno decidió consolidar su ocupación de Comodoro Rivadavia antes de seguir avanzando por el resto de la provincia de Chubut.

Al comenzar el mes de marzo, el frente chileno se extendía desde Alto Rio Senguer, pasando por Sarmiento hasta la costa, y una vez los preparativos fueron terminados, las tropas chilenas pusieron en marcha dos ofensivas. La primera por el interior en dirección a Gobernador Costa, y que sería apoyada desde Palena, más al norte, donde se habían estado enviando tropas para romper el estancamiento que existía allí desde el comienzo de la guerra. La segunda columna chilena siguió el camino de la costa hacia Camarones, con apoyo de la armada. Para el 1 de abril, luego de verse obligadas a replegarse, las tropas argentinas consiguieron contener la ofensiva en la localidad de Tecka, pero en la costa, el poderío de armada chilena permitió que sus fuerzas se apoderaran de Camarones, pese a la resistencia argentina. Rawson, la capital de la provincia de Chubut se transformo entonces en el próximo objetivo del Ejercito Chileno.

Las noticias de que las fuerzas argentinas fueron expulsadas de Osorno y de que pronto comenzaría una invasión chilena a Neuquén fueron entregadas al mando militar en Aysén, el cual ordeno un mayor despliegue de tropas en el interior para presionar las líneas argentinas, que de Tecka se habían movido a Esquel en la última semana. Esquel cayó el 22 de abril, y luego la batalla se traslado a Leleque. Mientras tanto, una columna conquisto Paso de Indios y se reunió con tropas de la costa que preparan el asalto sobre Rawson.

La batalla de Rawson comenzó el 4 de mayo, aunque las defensas alrededor de la ciudad consiguieron detener el primer ataque chileno. El mar frente a la ciudad fue minado en grandes proporciones, ralentizando los movimientos de la armada para apoyar el avance en tierra. Mientras esto sucedía en la costa, en el interior, las fuerzas chilenas consiguieron avanzar más al norte hacia El Bolsón, localidad que luego será ocupada, permitiéndoles a las tropas de Aysén y Magallanes reunirse con las fuerzas chilenas que habían iniciado su avance sobre Neuquén.

El 26 de mayo, Rawson fue finalmente conquistada por el Ejército Chileno, aunque las pérdidas forzaron a detener el avance hasta mediados del mes siguiente, tiempo que fue aprovechado por el Ejército Argentino para sacar a sus tropas de manera segura y organizada, y preparar una nueva defensa en Puerto Madryn. Además, fueron desplegadas unidades argentinas de sabotaje que consiguieron demorar los avances chilenos por la costa de Chubut.

Las operaciones chilenas en Chubut volvieron a iniciar cerca del 21 de junio, con el pospuesto ataque sobre Puerto Madryn, pero así como sucedió en Rawson, la resistencia argentina contuvo durante varias semanas a las fuerzas hasta que finalmente la ciudad fue ocupada. Sin embargo, tres días después, los argentinos lanzaron un inesperado contraataque que tomo por sorpresa a las tropas chilenas en Puerto Madryn, y consiguió recuperar la ciudad en una semana. El Ejercito Argentino había recibido refuerzos desde San Antonio Oeste, y gracias a ello, pudo conseguir aquella victoria que los llevo a continuar hacia el sur, para atacar Rawson. Los enfrentamientos por la ciudad, sin embargo, se estancaron hasta las primeras semanas de agosto. El ejército chileno retomo entonces la iniciativa y consiguió mantener el control de Rawson, y luego volver a capturar Puerto Madryn el 30 de agosto, esta vez con el apoyo de un par de buques de la escuadra ya que ahora el resto de ella estaba operando en el Pacifico. Durante septiembre, las localidades de Telsen y Gastre fueron ocupadas, quedando Chile con el control de todo Chubut.

A partir de mediados de septiembre, la mayor parte de las operaciones militares del Ejercito chileno en la zona sur se concentraron en la ofensiva sobre Neuquén, pero los enfrentamientos siguieron en los demás frentes, aunque a una escala menor que en los meses anteriores. Entre septiembre y noviembre de 1979, las fuerzas chilenas realizaron un lento, pero seguro avance por la costa desde Puerto Lobos hasta las afueras de San Antonio Oeste, aunque en ese punto las defensas argentinas demostraron ser lo suficientemente bien organizadas para que los chilenos no se atrevieran a arriesgar mas hombres, manteniendo esa línea sin cambios hasta el termino del conflicto.

Frente Argentino-Brasileño (Marzo de 1979 - Agosto de 1979)

Contraataque argentino de marzo-mayo

En cuanto los argentinos lograron juntar sus fuerzas en un solo punto iniciaron un contraataque hacia el norte, el 20 de marzo de 1979. Los brasileños avanzaban hacia el sur con una fuerza de 110.000 hombres.

El enfrentamiento era inevitable. Ambos ejércitos estuvieron cara a cara el 4 abril en las cercanías de San Javier en la Batalla de San Javier, los argentinos ganaron en parte por el apoyo decisivo de sus blindados.

El problema argentino era que no podía reforzar sus ejércitos y reemplazar sus pérdidas fácilmente, algo que los brasileños sí podían. Las fuerzas argentinas habían perdido casi 18.000 hombres en la batalla pero decidieron seguir adelante.

Incidente de Salto, Uruguay se implica en el conflicto indirectamente

En la última semana de abril llegan a la frontera con Uruguay decidiendo cruzarla sin autorización para tomar por sorpresa a las fuerzas brasileñas en retirada, lo cual sería un tremendo error. Obviamente al enterarse los uruguayos envían una nota de protesta pidiendo explicaciones del hecho, pero el gobierno argentino no respondio.

Así en Uruguay se piensa que es una invasión. El pequeño ejército charrúa de 35.000 hombres comienza a ser reforzado. Por su parte los brasileños descubren el movimiento argentino, por lo que deciden enviar a su propia fuerza a derrotar a los argentinos de manera definitiva. Se enviaría una petición al gobierno uruguayo para tener acceso militar el día 2 de mayo.

Uruguay deniega la entrada de tropas brasileñas. Ignorando esto, el Ejército de Río Grande do Sul, con 78.000 hombres ingresa al país en el norte de Salto. El 3 de mayo los argentinos deben retroceder sobre sus pasos para poder atacar a los brasileños. Los argentinos tenían 116.000 hombres. La batalla comenzó al atardecer, los tanques TAM presentes eran unos 84, por lo que inclinaron la balanza del lado argentino. En esto, aprovechando el buen clima y la noche, los bombarderos brasileños realizan un ataque contundente a las filas argentinas, provocando desorden y una retirada momentánea. El enfrentamiento parecía terminar en tablas, cuando intervienen 45.000 soldados uruguayos con gran cantidad de artillería. Esto hace retroceder a ambos ejércitos, los cuales se separan. Ninguno de los bandos estaba interesado en sumar un nuevo enemigo, así que se retiraron de territorio uruguayo presurosamente, incluso abandonando material, que sería requisado por los de la república Oriental. En conjunto los combatientes dejaron más de 57.000 muertos o heridos en el campo de batalla, 2.600 de ellos uruguayos.

Producto de las enormes pérdidas (21.000) se acababa la última posibilidad de Argentina recuperar en el corto plazo la provincia de Misiones, iniciándose la retirada hacia Paraná el 7 de mayo para preparar las defensas.

Brasil retoma la ofensiva

Tras la batalla en territorio uruguayo, las tropas cariocas se tomaron un descanso en Mayo para reorganizar sus fuerzas y esperar por refuerzos, lo cuales llegarían a Misiones el día 21 de mayo, sumando 90.000 efectivos más.

Por su parte, la situación de los argentinos era complicada. Sin posibilidad de recibir refuerzos en el corto plazo, la única esperanza argentina era aguantar en este frente hasta que pudieran organizar una fuerza de apoyo desde el interior, cosa que se complicaba pues las contraofensivas chilenas estaban en marcha para la fecha y estaban obligando a destinar más efectivos hacia el oeste.

Los brasileños comienzan a recuperar terreno y pronto avanzan sobre las provincias el resto de la provincia de Corrientes y de Entre Ríos, mientras que los argentinos eluden el combate directo, cediendo pueblo a pueblo, pues sabían que nada tenían que hacer ante la superioridad enemiga y lo mejor era esperar por una oportunidad. Para el 28 de junio los brasileños derrotan a unas pocas unidades en Paraná, pues la mayoría se había retirado a Santa Fe donde concentrarían su defensa. Sin embargo, desde Buenos Aires llegaban noticias preocupantes de un fallido golpe, pero que resulto en la muerte del Almirante Massera, por lo que el General Guillermo Suárez Mason había sumado el mando del país.

Batalla de Santa Fe

Aun cuando el General Suárez Mason había asegurado que el movimiento insurrecto había sido exitosamente aplastado, dentro de los defensores de Santa Fe cundía el temor que pudiera haber traidores dentro de sus filas, por lo que la moral estaba muy baja, mientras estaban a la espera de la ofensiva brasileña. El 7 de julio inicio el ataque sobre la ciudad, con los brasileños confiados en su superioridad numérica para conquistarla. Sin embargo, la inesperada llegada de un contingente de refuerzos trasladado desde la Puna de Atacama, el cual ataca el flanco izquierdo del ejercito brasileño da un giro a la batalla, que termina estancándose. Un nuevo general argentino que toma el mando de las fuerzas en Santa Fe consigue alentar a sus hombres y preparar una serie de ataques pequeños, pero estratégicos, a través de todo el territorio de Entre Ríos, que consiguen evitar que los brasileños puedan seguir con su ofensiva durante varias semanas.

Si bien durante el mes de agosto el Ejercito argentino finalmente recibe más refuerzos, no son suficientes para iniciar una contraofensiva como la que se intento en marzo, por lo que lo único que pueden hacer es reforzar con ellos las defensas en la zona pues se esperaba que los brasileños lanzarían un nuevo gran ataque tan pronto consiguieran superar los sabotajes argentinos y recibieran nueva fuerza de soldados lleguen. Sin embargo, el Alto Mando de Brasil tenía preparado algo muy diferente.

Frente del Norte Grande (Marzo de 1979 - Junio de 1979)

Batallas de María Elena y Mejillones

Habiendo previamente ocupado en febrero la localidad de Tocopilla en la costa norte de la provincia de Antofagasta, El Ejercito peruano esperaba desde allí llevar cabo los preparativos para dos ofensivas claves: una ataque sobre María Elena y un desembarco de tropas tras lineas enemigas en el poblado de El Yeso, en la península de Angamos, bajo el nombre de Operación Grau. El plan del alto mando peruano con ambas acciones era abrir un nuevo frente desde donde presionar a los chilenos y avanzar hacia al interior, para cortar las lineas de suministros a Calama, además de amenazar la ciudad de Antofagasta al sur. Si bien se esperaba contar con mas tiempo para organizar una mayor fuerza de ataque, las noticias de que la flota chilena pronto llegaría al norte tras desactivar la estrategia peruana para contenerla en el sur, obligaron a apresurar los planes antes de que Perú perdiera la ventaja marítima que aun tenía en el norte.

Para el 1 de marzo las fuerzas peruanas iniciaron su avance por tierra para capturar las oficinas salitreras de María Elena y Pedro de Valdivia, mientras que por mar, la escuadra peruana escoltaba los buques de desembarco hacia la península de Angamos. Sin embargo, para desconocimiento de los invasores, la inteligencia chilena había conseguido descubrir una semana antes cuales serian los próximos movimientos peruanos y en consecuencia, los defensores en María Elena les prepararon una trampa. En tanto en el Océano Pacifico, una renovada armada chilena zarpo en secreto para llegar a tiempo a interceptar a su símil del Perú.

La batalla en la pampa salitreras se extendería hasta la noche del 4 de marzo, cuando el Ejercito Peruano, habiendo ya sufrido graves perdidas, debió cesar la ofensiva y retroceder de vuelta a Tocopilla, quedando claro a la mañana siguiente la magnitud del desastre. Mientras tanto, ambas escuadras chocaron en combate a la altura de Mejillones, el 2 de marzo, consiguiendo una mas experimentada flota chilena hundir o dañar a una buena parte de los buques de la Marina de Guerra del Perú, incluyendo al crucero insignia Almirante Grau, a la vez que los peruanos eran incapaces de sostener una cabeza de playa en El Yeso, siendo finalmente repelidos la mayoría de vuelta al mar, mientras otros soldados resultaron capturados. Con ello, la Operación Grau terminaba en un fracaso para el mando Perú.

Reconquista del Desierto

Con la ofensiva peruano-boliviano detenida en María Elena y Calama, y con los supervivientes de la flota peruana huyendo hacia el norte, para mediados de marzo el Ejército Chileno en el norte finalmente comenzó a recibir la llegada de un mayor numero de refuerzos y suministros desde el sur, donde la situación para el país también avanzaba de manera favorable. Con estas nuevas fuerzas, el mando chileno en la zona no tardo en organizar el contraataque y recuperar los territorios perdidos.

La Reconquista del Desierto, como se le llamo a esta etapa de la guerra, se puso en marcha el 22 de abril de 1979, con una ofensiva por mar, desembarcando al norte de Tocopilla y recuperando la ciudad el 24 de abril. En paralelo, desde Calama se inicio el avance de fuerzas chilenas a través de la Pampa del Tamarugal, forzando a las tropas peruanas a retirarse más al norte, hasta Pica.

En la costa, la ofensiva chilena alcanzo el Quillagua y la ribera del Río Loa el 1 de mayo, para luego continuar los enfrentamientos contra fuerzas peruanas que ocupaban varias localidades camino al norte. El 12 de mayo finalmente las tropas chilenas alcanzaron Iquique, encontrándose con una numerosa resistencia, mientras en el mar, el resto de la Marina de Guerra del Perú protegía el puerto. La batalla por Iquique se extendió hasta el 24 de mayo, y culmino con una victoria chilena. Gracias a una maniobra de distracción, el Ejército Peruano pudieron huir de manera organizada hacia Arica, aunque de su flota solo sobrevivieron dos buques.

En el interior de Tarapacá, las fuerzas chilenas lograron expulsar a las fuerzas bolivianas de vuelta a la frontera, mientras el resto de tropas peruanas se agruparon en torno a Camiña para ofrecer resistencia. Los enfrentamientos duraron hasta 30 de mayo, y las tropas chilenas pudieron seguir su avance hacia Putre, mientras por mar, se inicio el ataque chileno sobre Arica. A diferencia de Iquique, luego del combate de Arica se produjo una desorganización total en el Ejército Peruano al emprender su retirada, lo cual le costó la vida a cientos de soldados. Parte de los sobrevivientes peruanos intentaron huir a Putre, pero las tropas chilenas ya se habían apoderado de la localidad y terminaron tomando prisioneros a la mayoría. Para el 4 de junio, el Ejército Peruano había abandonado por completo el territorio chileno, concentrando sus fuerzas para defender Tacna. Por primera vez, el Ejército de Chile lograba pasar de una posición meramente defensiva a una ofensiva. La impresionante movilización y reclutamiento de civiles chilenos durante la guerra dio sus frutos, y se lograban mandar refuerzos a los frentes del Norte, Central, Sur y Austral.

Frente Chileno-Argentino: Ofensiva sobre Neuquén (Abril de 1979 - Diciembre de 1979)

Apertura del Frente de Neuquén

Luego de haber conseguido la expulsión del Ejercito Argentino del sur de las provincias de Cautín, Osorno y Llanquihue, el Ejército Chileno preparo durante fines de abril su incursión sobre las provincias argentinas de Río Negro y Neuquén. El 21 de abril comenzó el ingreso de fuerzas chilenas desde tres sectores. Primero, por el norte, a través del Paso Icalma, hacia las localidades de Aluminé, Las Lajas y Zapala. Una segunda fuerza, en dirección hacia Junín de los Andes y San Martín de los Andes atravesó el paso de Mamuil Malal. La tercera utilizo el Paso Puyehue y otros pasos más al sur que fueron desminados, dirigiéndose primero a capturar Villa La Angostura para luego avanzar hacia San Carlos de Bariloche.

Para la segunda semana de mayo de 1979, las tropas argentinas debieron atrincherarse en San Carlos de Bariloche debido no solo al avance chileno desde Villa Angostura, sino también a la presión ejercida desde al sur, donde fuerzas chilenas habían ocupado la localidad de El Bolsón. En la misma fecha, San Martín de los Andes quedo sitiado luego que la localidad de Junín fuera tomada por tropas chilenas.

A diferencia de las otras ofensivas, las tropas chilenas en el norte tuvieron mayores complicaciones para avanzar, debido a la resistencia más organizada que dispuso el Ejército Argentino y que fue apoyada con llegada de refuerzos. Mientras, en la localidad de Piedra del Águila los argentinos concentraron una gran cantidad de tropas que luego movilizaron para recuperar Junín de los Andes. El contraataque argentino consiguió su objetivo y la ciudad fue recuperada el 28 de mayo. Esto llevo a que las operaciones chilenas en este sector se detuvieran, manteniéndose solamente combates en San Martín de los Andes.

No pudiendo avanzar por el resto de los frentes, el Ejército Chileno concentro sus esfuerzos en San Carlos de Bariloche que finalmente fue capturada el 6 de junio, con ayuda de las tropas llegadas de Aysén y Magallanes. Aquellos refuerzos enviados desde el sur fueron rápidamente integrados a las fuerzas chilenas en Neuquén para continuar con la ofensiva hacia el noreste. San Martín de los Andes cayó el 25 de junio, y luego se inicio un ataque para capturar nuevamente Junín de los Andes. Para mediados de julio, las fuerzas argentinas se replegaron de manera organizada a Piedra del Águila, pero aun resistían en Aluminé, gracias a las refuerzos enviados desde Neuquén.

Con el fin de romper las líneas argentinas y despejar el camino norte hacia Neuquén las tropas chilenas lanzaron una nueva ofensiva hacia Zapala el 17 de julio. Mientras ello ocurría, desde Junín se movilizo a un gran contingente hacia el noreste, alcanzando la localidad de Las Coloradas. Ambos ataques consiguieron disminuir los suministros enviados hacia Aluminé, debilitando la defensa de la ciudad que finalmente fue ocupada y sus defensores obligados a retirarse en dirección a Picún Leufú junto las tropas en las pueblos cercanos.

En paralelo a esto, el 12 de julio partió desde de San Carlos de Bariloche una fuerza de efectivos con rumbo al Este, al interior de la provincia de Río Negro, buscando alcanzar las localidades de Ingeniero Jacobacci y Sierra Colorada, esto con el objetivo de establecer una ruta mas directa de comunicaciones entre la avanzada al norte que iba a sitiar Neuquén y las tropas chilenas al sur que avanzaban por la costa de la Patagonia, hacia Puerto Madryn. La resistencia argentina consiguió detener el avance de este grupo hasta que finalmente en agosto Sierra Colorada fue capturada.

A mediados también de agosto, el asedio sobre Piedra del Águila culmino en una derrota argentinas, retirándose sus tropas de manera desorganizada, y elevando el número de bajas. Parte de las tropas chilenas en el norte, luego de capturar Las Lajas alcanzaron la ribera del Río Neuquén, mientras el resto de la fuerza se dirigió hacia Neuquén. En el sur, el Ejercito Argentino fue obligado a abandonar Picún Leufú ante la posibilidad de un ataque desde todas direcciones, concretando todas sus tropas y vehículos en Neuquén, ciudad que fue fuertemente preparada para el asedio que venía en camino.

Asedio de Neuquén

El 30 de septiembre el Ejército Chileno alcanzo finalmente Neuquén y luego de reunir la mayor cantidad de soldados y armamento comenzó el ataque sobre la ciudad. La batalla inicialmente favoreció a los defensores, quienes pudieron evitar la entrada de tropas chilenas a la ciudad. Solo luego de una semana las fuerzas chilenas consiguieron ingresar a Neuquén, dando comienzo a una guerra casa por casa que se extendió durante todo el mes de octubre, mientras los soldados argentinas usaban todos su recursos para impedir el avance chileno que llego a apoderarse de casi el 60% de la ciudad, hasta que el 1 de noviembre, un sorprendente contraataque argentino (Operación "Sol de Mayo") liderado por el Coronel Martín Balza consiguió forzar al Ejercito chileno a replegarse, estando muy cerca de expulsar a todas las fuerzas invasoras de Neuquén. Sin embargo, el impulso de esta contraofensiva sucumbió al desgaste antes de completar su objetivo y las tropas chilenas consiguieron mantener su posición en cerca del 30% de la ciudad. Ambas fuerzas quedaron sumamente exhaustas tras cerca de cinco días de combates, pero el Coronel Balza informo que del lado la situación era critica, debido a las perdidas humanas y materiales para conseguir este breve respiro, mientras que del lado chileno, las tropas comenzaron a reorganizarse pues aun tenían una oportunidad para retomar el impulso.

Ofensiva chilena: Invasión a Perú y Bolivia (Junio de 1979 - Enero de 1980)

Campaña de Bolivia

Mientras la Operación Reconquista del Desierto tenía lugar en Tarapacá, el Ejército Chileno preparo parte de sus fuerzas para iniciar una invasión a Bolivia. Usando como base Ollagüe y los pequeños territorios bolivianos que habían sido ocupados en la frontera, las tropas chilenas comenzaron una ofensiva en 12 de junio, cuando la mayor parte de las tropas bolivianas habían sido expulsadas de Tarapacá. Durante las primeras semanas, la resistencia boliviana resulto menor a la esperada, debido a la decisión del General Juan Pereda Asbún de empezar a concentrar gran parte de su ejercito alrededor de La Paz, ordenando establecer una línea defensiva desde el Lago Titacaca hasta Cochabamba. Como consecuencia, el Ejército Chileno pudo ocupar el oeste de la provincia de Potosí, capturando Uyuni sin sufrir tantas perdidas, para luego avanzar hacia hacia a Oruro al norte. Pereda fue acusado de abandonar a suerte al resto del país, llevando eventualmente a que muchos de los jefes militares se negaran a seguir recibiendo sus ordenes y quedándose para pelear contra las tropas chilenas, que aprovecharon al máximo esta falta de organización para acorralar y derrotar a varios batallones bolivianos.

Los constantes fracasos militares finalmente a que el 2 julio tuviera lugar un golpe de estado que saco del poder al General Pereda por su fallida conducción de la guerra, asumiendo en su lugar el General Alberto Natusch. Sin embargo, poco y nada sirvió este cambio pues aunque el avance chileno consiguió ser ralentizado por algunas semanas, eventualmente las fuerzas chilenas consiguieron romper sus defensas y continuar su avance por el resto de la provincia de Oruro. El 28 de julio, el Ejército Chileno lanzo desde Putre una ofensiva que alcanzo Curahuara de Carangas derrotando al contingente boliviano que protegía esa localidad, preparándose así para lanzar un ataque sobre Oruro, una ofensiva coordinada con las tropas que avanzaban desde el sur. Oruro fue puesta bajo asedio el 10 de agosto, y cuatro días después el ejercito boliviano acuartelado en la ciudad se rindió, con tan solo una pequeña parte de sus soldados alcanzando a huir hacia la línea defensiva establecida mas al norte.

Tras estas nuevas derrotas el régimen Natusch también fue derrocado el 16 de agosto, siendo remplazado por el General Luis García Meza, quién buscando evitar la gestación de un golpe en su contra desde el comienzo, llevo a cabo la eliminación de varios militares que se creía eran opositores. Como resultado de sus acciones, el Ejército Boliviano que durante las ultimas semanas había mostrado señales de estar mejor organizado para defenderse de los ataques chilenos, cayó en un caos aun peor, debido a los constantes cambios en la cadena de mando. Varios contraataques bolivianos que se organizaron apresuradamente terminaron en desastre, y hacia septiembre, las fuerzas chilenas pudieron adentrarse más al interior del país, llegando incluso a cortar la conexión por tierra entre Bolivia y Argentina. El 1 de septiembre, soldados chilenos se encontraron en la localidad de Villazón con tropas paraguayas provenientes del Este y que recientemente habían capturado Tarija.

La ciudad de Potosí fue puesta bajo asedio el 2 de septiembre, mientras el Ejército Chileno organizo una gran cantidad de tropas que marcharon en dirección a La Paz, alcanzando la línea defensiva boliviana para el 9 de septiembre. Aunque durante la primera semana parecía que los bolivianos podrían contener el avance sobre su capital, el ejercito chileno organizo una estrategia que le permitió abrir dos brechas en las defensas bolivianas al este y oeste de La Paz el día 19 de septiembre, seguido de un rápido avance apoyado por un contingente aéreo que permitió cercar completamente la ciudad, impidiendo al General García Meza huir a tiempo. Tras consolidar sus posiciones alrededor de La Paz los siguientes días, y rechazar dos intentos bolivianos por romper el cerco, las tropas chilenas organizaron el asalto final a la capital altiplanica. El 25 de septiembre se dio inicio a la batalla que duraría cerca de una semana, aunque el dictador boliviano resultaría muerto durante un ataque aéreo al segundo día de combates. Si bien las hostilidades en distintos puntos de Bolivia siguieron en los siguientes días, con la caída de La Paz, y la muerte de las principales autoridades del régimen, el gobierno quedo reducido a un puñado de funcionarios que firmarían la rendición el 4 de octubre de 1979.

Invasión al Perú

Con el repliegue a Tacna de todas las fuerzas peruanas luego de las batalla de Arica y Putre, el Ejército Chileno se preparo con el arribo de más tropas y suministros desde el centro y sur del país para comenzar la invasión a Perú.

El 18 de junio de 1979 se puso en marcha “Operación Nuevo Pacifico" (bautizada así en memoria de las acciones del Ejercito Chileno durante la Guerra del Pacifico, 100 años antes) cuyo primer objetivo fue Tacna. Durante una semana las tropas peruanas acantonadas en la ciudad opusieron una dura defensa para las tropas chilenas, que acompañaron sus movimientos en tierra con desembarcados tras las líneas peruanas, en Ite y Sama. Al final Tacna cayó en manos chilenas el 2 de julio, mientras al noreste Tarata también fue ocupada por otra columna chilena que partió desde Putre.

El 5 de julio, en Ilo se llevo a cabo un gran desembarco en dirección a Moquegua, localidad donde aun estaban llegando sobrevivientes de Tacna. El gran contingente chileno rápidamente logro posicionarse al norte de la ciudad, e inicio el asedio a ésta mientras esperaba la llegada de las fuerzas al sur en los días siguientes para completar la envoltura. La rápida estrategia permitió capturar Moquegua para fin de mes y dio un duro golpe a la moral peruana.

En Arequipa, las noticias de las derrotas recientes provocaron la caída de varios comandantes, mientras sus sucesores tuvieron que preparar las defensas de la ciudad ante el inminente ataque chileno. La batalla por Arequipa se inicio el 24 de agosto y se extendió hasta el día 1 de septiembre, cuando la ciudad finalmente se rindió, produciéndose un caos en la huida, donde muchos soldados fueron tomados prisioneros.

El régimen peruano dirigido por el General Francisco Morales comenzó a enfrentar fuertes críticas por la situación del conflicto y la amenaza chilena que avanzaba desde el sur. Los rumores de un golpe de estado llevaron a Morales a mantener gran parte de los regimientos leales a él en torno a Lima, ocasionando problemas a la hora de mandar refuerzos a las líneas que defendían al sur. Durante los meses de agosto y septiembre, nuevos desembarcos chilenos tuvieron lugar al sur de Ica, y que permitieron tomar por sorpresa a las defensas peruanas, que fueron obligadas a retroceder al norte, mientras el avance chileno por tierra se acercaba peligrosamente rápido a Lima. La ciudad de Ica fue capturada el 12 de octubre, mientras tenía lugar un nuevo desembarco en el puerto de Pisco. Para ese punto, Bolivia ya se había rendido, Argentina resistía pero cada vez estaba mas complicada, y las fuerzas ecuatorianas y brasileñas avanzaban por el norte de Perú, por lo que el presidente Morales y sus generales necesitaban una victoria clave que les permitiera cambiar el rumbo de la guerra. Fue así que el mando peruano creyó ver una oportunidad para detener el avance el chileno. En San Vicente de Cañete, al sur de Lima, prepararon una emboscada, reuniendo a un contingente de tropas que doblaba en numero a la fuerza chilena que avanzaba en dirección norte. El 29 de octubre, las tropas chilenas siguiendo su avance por la costa llegaron a aquella localidad donde fueron sorprendidos por fuerzas peruanas. Al principio parecía que el ejercito peruano había logrado encerrar con éxito a los regimientos chilenos, pero pronto un error quedo en evidencia, el cual permitió a los chilenos no solo reagruparse para contener el ataque, sino que empezar a realizar maniobras que dejaron a varias destacamentos de tropas peruanas rodeadas. Tras dos días de combate, las tropas chilenas recibieron ayuda de un contingente desde del mar, el cual desembarco detrás de las lineas peruanas, completando así la encerrona. Finalmente, para el 3 de noviembre de 1979, el Ejército Chileno había conseguido acabar o tomar como prisioneros a casi la totalidad de las fuerzas peruanas que lucharon allí.

El desastre en San Vicente de Cañete se transformo en la peor derrota para el Ejercito del Perú, y dejo abierto el camino para que las tropas chilenas llegaran a Lima, lo cual no obstante ocurriría recién el 14 de noviembre de 1979, debido a que el Ejercito chileno tuvo que esperar la llegada de refuerzos del desde para reponer las perdidas del combate previo. Ante la desesperada situación, el general Morales abandono la capital con dirección a las montañas, a Huánuco, donde tropas de diferentes frentes se estaban reorganizando. Para defender Lima dejo un contingente de soldados que rápidamente se vio superado por el ataque tanto por tierra como por mar de las fuerzas chilenas; las levas forzadas de soldados en la sierra fueron inefectivas, ya que todo el reclutamiento posible había sido agotado en el Frente Ecuatoriano, el Frente Amazónico y en la cruenta lucha del Frente del Norte Grande Chileno.

Aun así, estos hombres se mantuvieron enfrentando a las tropas chilenas usando tácticas de guerrilla urbana durante las siguientes dos semanas, donde se combatió edificio por edificio en Lima y El Callao. Pero para el 1 de diciembre, las tropas chilenas habían logrado acabar o a atrapar a la mayoría de los insurgentes. El puerto del Callao resistió una semana más, pero ante el incesante bombardeo de la Armada de Chile y el asedio por tierra, capituló el día 8 de diciembre.

Con la caída de Lima, la oposición hacia la guerra y al General Morales dentro del país llego a un punto de máxima tensión, llevando a que una alianza entre figuras políticas opositoras y un sector descontento de las fuerzas armadas preparara un golpe para sacarlo del poder a fines de diciembre de 1979.

Frente del Chaco (Abril de 1979 - Octubre de 1979)

La frágil tregua de facto se rompió en abril, reiniciando las hostilidades en la zona del Chaco. Las fuerzas argentinas abandonaron buena parte del Chaco para sostener la defensa de la frontera con Brasil y el Frente de Neuquén, donde estaban siendo rechazados seriamente; sólo quedaron 5000 hombres reforzando a los bolivianos, que debieron concentrar allí sus fuerzas y observaron impotentes la nula resistencia que pudieron oponer cuando el Ejército de Chile entra a La Paz. 2500 voluntarios chilenos lucharon en la selva del Chaco junto a los paraguayos, participando de las ofensivas sobre el Río Grande. La ciudad de Santa Cruz estaba siendo seriamente amenazada por las fuerzas paraguayo-chilenas, y el Ejército Boliviano tuvo que desviar hombres que tenía ayudando en el Perú para enfrentar su propia situación interna.

Los ejércitos de Chile y Paraguay mas la Fuerza Aérea Paraguaya decidieron formular un primer ataque contra Santa Cruz, habiendo logrado cruzar la línea del Río Grande a mediados de mayo, entre intensas lluvias tropicales que tornaban las condiciones adversas y propiciaron la reaparición de enfermedades como la fiebre amarilla y la malaria. El 6 de junio, la Fuerza Aérea de Paraguay bombardea Santa Cruz, destruyendo varios edificios. Sin embargo el ataque terrestre se pospuso debido a las malas condiciones de salud generales y eso dio tiempo a las fuerzas boliviano-argentinas para rearmarse y preparar la defensa de Santa Cruz, presionando nuevamente a los paraguayos y chilenos hacia el río Grande. Sin embargo con fuerzas chilenas presionando desde una parcialmente ocupada provincia de Potosí al oeste, las paraguayo-chilenas por el Chaco al este y los brasileños por el norte, hubo dificultades serias de suministro que afectaron a Santa Cruz, donde se sucedieron las revueltas de grupos que exigían la rendición y el fin de la resistencia. Nuevamente una tregua de facto entre julio y septiembre hizo desaparecer temporalmente el combate en la selva del Chaco.

La invasión chilena a Bolivia por el Altiplano y la batalla por La Paz que terminó en su ocupación a fines de septiembre, acabaron por destruir la moral de la resistencia boliviana. Las noticias que llegaron rápidamente a Santa Cruz y la zona chaqueña causaron revueltas y deserciones en masa del Ejército de Bolivia; sin embargo un bando extremo se resistió a acatar el armisticio que se firmaba en La Paz, atacando las posiciones paraguayo-chilenas en el Chaco durante alrededor de una semana después, pero sin resultados concluyentes. El resto de la resistencia boliviana no pasó de la segunda semana de octubre de 1979, cuando finalmente el Ejército Boliviano acantonado en Santa Cruz depuso las armas y se allanó a la paz firmada a principios del mes, permitiendo la entrada de las tropas de Paraguay y Chile el 13 de octubre.

Frente Argentino-Brasileño (Septiembre de 1979 - Diciembre de 1979)

Desembarco en Mar del Plata

Luego que las fuerzas argentinas lograran contener el avance brasileño en Santa Fe y otros puntos en las provincias de Corrientes y Entre Ríos, el alto mando brasileño decidió llevar adelante un plan que se venía organizando desde el inicio de la guerra como alternativa para conseguir la rendición argentina: una invasión por mar a la provincia de Buenos Aires. Luego de que los últimos buques argentinos fueran destruidos en el Río de la Plata en noviembre de 1978, Brasil había reiniciado el bloqueo de la costa argentina en enero de 1979, y continuado en los meses siguientes con los ataques sobre instalaciones estratégicas entre Buenos Aires, La Plata y otros puertos, aunque sufriendo perdidas debido a la contundente defensas desplegadas por los aviones argentinos. En cualquier caso, para septiembre de 1979 el Ejercito Brasilero se encontraba listo para transportar un contingente de miles de soldados. La fecha elegida fue el 21 de septiembre, y el lugar las playas a unos kilómetros al norte de Mar del Plata. Los planes de Brasil serian descubiertos por la inteligencia del gobierno argentino alrededor de cuatro días antes del desembarco, pero sin una armada que pudiera interceptar los buques brasileños, las opciones se reducían a movilizar las tropas al área, preparar defensas costeras y los aviones disponibles para que atacaran los transportes y buques de guerra.

Al amanecer del 21 de septiembre de 1979, las fuerzas brasileñas dieron comienzo al desembarco en la cercanías de Mar del Plata, apoyadas por el fuego de sus barcos que destrozaron las principales defensas argentinas de la costa, permitiendo a los soldados brasileños llegar a tierra. En el aire, aeronaves de ambos países se enfrascaron una lucha por el dominio del espacio aéreo mientras los aviones argentinos intentaban atacar los buques en la costa, llegando a hundir una fragata y dos transportes, así como dañar dos barcos mas grandes. Tras verse forzadas a retirarse al interior por los contundentes disparos desde el océano, las tropas argentinas apostadas en la zona lanzaron ataques rápidos contra los efectivos brasileños que buscaban asegurar las cabezas de playa, logrando ralentizar sus esfuerzos por unas horas. Recién al día siguiente de iniciada la invasión, las tropas brasileñas lograron fijar sus bases en la costa y prepararse para iniciar el avance tierra adentro. El plan de Brasil consistía a partir de este punto en dirigir sus esfuerzos en dos direcciones: Al norte, hacia Buenos Aires y al oeste, con objetivo en la ciudad de Bahía Blanca. Aunque se esperaba que Argentina se rindiera antes, la idea era que las fuerzas brasileñas siguieran hacia el interior hasta Neuquén donde los tropas chilenas se encontraban sitiando la ciudad.

Batalla de Bahía Blanca

Luego de ocupar Mar del Plata el 27 de septiembre, donde establecen su base de operaciones, el Ejercito Brasileño se prepara para lanzar sus dos ofensivas. Siguiendo el camino de la costa, apoyados en todo momento por un escuadrón de la armada, la columna brasileña llega hasta las afueras el puerto de Bahía Blanca el 8 de octubre. Debido a la fuerte presencia de minas submarinas en el estuario frente a la ciudad, los buques de la flota brasileña se ven obligados a quedarse fuera del aérea de combate, lo cual es aprovechado por los argentinos para reforzar sus posiciones alrededor de Bahía Blanca, pudiendo en esta ocasión repeler con éxito los primeros ataques lanzados por las fuerzas brasileñas. Aun cuando las tropas brasileñas cuentan con una ventaja numérica, los defensores argentinos consiguen evitar por una semana que estas entren a la ciudad. El 16 de octubre, la ofensiva brasileña consigue entrar por el sur de Bahía Blanca, pero nuevamente se ven imposibilitados de seguir. El día 21, un ataque sobre la Base Aeronaval Comandante Espora es repelido con éxito. El 27, un movimiento argentino consigue expulsar a las tropas brasileñas que habían entrado a la ciudad, pero el triunfo no dura mucho, pues una nueva tanda de refuerzos del Brasil permite que vuelvan a ingresar a la ciudad hasta el centro de la misma, mientras la base aérea resulta severamente dañada por ataques desde tierra y aire, aunque aun permanece bajo control argentino. Para el 10 de noviembre los combates en Bahía Blanca parecian haberse estancado.

Batalla de las Sierras de Tandilia

Mientras una columna brasileña avanza por la costa hacia Bahía Blanca, otra se dirige rumbo norteoeste en dirección a la localidad de Tamil. El plan era apoderarse luego de Azul y Olavarría para desde allí avanzar por la ruta al norte hasta amenazar Buenos Aires. El mando brasileño esperaba coordinar estos avances con una nueva ofensiva en la provincia de Entre Ríos que permitiera ocupar Santa Fe y luego Rosario, cercando de ese modo la capital argentina. El 5 de octubre el Ejercito Brasileño llega y ocupa Tamil tal como lo tenían planificado, avanzando posteriormente el 11 de octubre hasta Azul. Sin embargo, al intentar tomar Olavarría son rechazados por una fuerza argentina que no solo los expulsa, sino que los obliga a atrincherarse de vuelta en en Azul. Allí, las fuerzas brasileñas son asediadas en todo momento, mientras esperan el apoyo de refuerzos desde Mar del Plata, los cuales tardan en llegar debido a una serie de ataques de sabotajes por parte de pequeñas unidades argentinas en la zona. Mientras tanto cerca de Buenos Aires, el mando argentino a la cabeza del General Roberto Viola toma una arriesgada decisión de reunir un contingente suficiente grande para intentar expulsar a las fuerzas brasileñas de la cabeza de playa que habían establecido en el sureste de la provincia, aprovechando el éxito de la resistencia en Bahía Blanca y Olavarría. Una contraofensiva bajo el nombre de "Operación Puma" es programada para el 30 de octubre, con una fuerza que todavía inferior a la cantidad de tropas que Brasil tenía en la provincia, pero apostando por usar su conocimiento del territorio a su favor. Aunque la lucha en las Sierras de Tandilia se extendió por varias semanas, la estrategia argentina pareció tener éxito, consiguiendo hacer retroceder al Ejercito Brasileño de vuelta a Mar del Plata para el 19 de noviembre, pero a un alto precio, perdiendo cerca del 65% de los efectivos en la operación. Aun así, los brasileños consiguieron hacerse fuertes en la costa y las ya agotadas tropas argentinas tuvieron que detener su avance antes de entrar en el aérea de disparo de los buques brasileños. Para estas fechas el gobierno del General Viola se había dado cuenta que el país ya no podía soportar más la guerra, por lo que ya había aceptado firmar un armisticio con Chile el 10 de noviembre. Si bien también se propuso en ese momento un cese de hostilidades a Brasil con Paraguay, estos países rechazaron inicialmente la opción, con los brasileños continuando sus ataques sobre la provincia de Entre Ríos y desembarcando un nuevo grupos de refuerzos en Mar del Plata el día 28 de noviembre; aunque en el primer frente los combates tendrían una intensidad cada vez menor, y en el segundo, no se lanzaría ninguna nueva ofensiva. No sería sino hasta el 17 de diciembre que Brasil y Paraguay terminarían aceptando un armisticio con Argentina.

Frente Peruano-Ecuatoriano (Mayo de 1979 - Enero de 1980)

Luego de la caída de Iquitos en febrero de 1979, el Perú pasó a una posición defensiva contra la irrupción ecuatoriano-brasileña. Consciente de que si destinaba mayores recursos a la frontera con Ecuador corría el riesgo de debilitar la ya precaria posición peruana en el Norte Grande de Chile, el general Hoyos ordenó la construcción de un sistema defensivo de trincheras y posiciones en la selva que impidieran el paso más allá de la línea de Iquitos. En la zona de Piura, se impidió el avance de la misma forma, logrando defender exitosamente durante mayo la línea de Chulucanas y Lago la Niña, al sur de Piura. Pero en la zona amazónica las tropas brasileñas lograron romper la resistencia peruana y avanzar hasta San José de Saramuro, poblado que toman el 14 de junio.

Fin de la guerra

En Argentina

Las ofensivas argentinas sobre Neuquén y en las Sierras Tandilia a comienzos de noviembre de 1979 resultaron ser la últimos contraataques medianamente exitosos que el ejercito de dicho país pudo organizar. En Neuquén, pese a haber obligado a las fuerzas chilenas a retroceder, no se logro expulsarlas de la ciudad, y para peor, el ataque había costado más vidas de las calculadas, así como muchos suministros y material bélico. De acuerdo al informe del General Balza, el Ejercito Argentino no podría resistir más días en la lucha si no recibía ayuda para suplir sus perdidas, cuestión que se repetía por todo el frente de batalla desde Mendoza hasta San Antonio Oeste. Con los recursos usando al maximo para sostener cada punto de batalla, para el gobierno de Eduardo Viola era claro que la Argentina no aguantaría que ese conflicto se extendiera por otros dos meses, o menos.

Es en ese escenario que el gobierno del General Viola se comunica formalmente con las autoridades chilenas para negociar un armisticio. Chile también ya había sufrido muchas perdidas y sus recursos seguían siendo limitados, pese a haber recibido ayuda económica desde el exterior, pero todavía tenía una oportunidad de seguir la lucha en Neuquén preparando nuevos ataques. No obstante, al gobierno chileno también le convenía que la guerra con Argentina terminara ya, pues ello abría la opción de redestinar aquellos valiosos recursos hacia el norte, a la campaña en Perú. Durante varios días, ambos lados negociaron el acuerdo para suspender las hostilidades, buscando además que Brasil y Paraguay se unieran a las conversaciones, más ambos países rechazaron sentarse a conversar hasta que Argentina aceptara ciertas condiciones como una rendición incondicional, así como detener la ofensiva en Tandilia que todavía seguía en curso. Por tal motivo, al final el armisticio que sería firmado en Neuquén el 10 de noviembre de 1979 solo pondría fin a las hostilidades entre Chile y Argentina, quedando pendiente el ceso de combates en el frente oriental.

Para el 19 de noviembre, la operación argentina en las Sierras de Tandilia había concluido, con las tropas brasileñas aun en territorio de la provincia de Buenos Aires, pero solo en los alrededores de Mar del Plata. Así como en el frente occidental, en el frente oriental las tropas argentinas habían agotado sus recursos conteniendo el avance de las fuerzas paraguayas y brasileñas, en el interior, desde el Chaco hasta Entre Ríos, y en la costa desde Mar del Plata hasta Bahía Blanca. Si bien con Chile las hostilidades habían cesado, el gobierno argentino sabía bien que dadas las circunstancias no era mucho lo que podía hacer si trasladaba unas exhaustas tropas desde un frente a otro. Brasil y Paraguay también lo sabían, y por ello insistían en que Argentina aceptara una rendición incondicional, cosa que las autoridades de dicho país se negaban. Durante las siguientes semanas, los combates siguieron en Entre Ríos, pero decayeron notablemente en su intensidad al entrar en el mes de diciembre. En Mar del Plata, los brasileños habían desembarco un nuevo contingente de efectivos, desplegandolos hasta Bahía Blanca, pero sin ordenar mas movimientos. Al final, en el frente oriental hubo un cese de hostilidades no oficial, mientras ambos lados se demoraron en llegar a un acuerdo sobre los términos del armisticio. Tras varios días, Brasil acepto retirar su petición de rendición incondicional a Argentina, permitiendo que el armisticio pudiera ser firmado finalmente el 17 de diciembre de 1979, en Bahía Blanca.

En Perú

Armisticios y tratados

Rendición de Bolivia

Artículo principal: Acta de Rendición de Bolivia

Armisticio de Neuquén

Artículo principal: Armisticio de Neuquén

Armisticio de Bahía Blanca

Artículo principal: Armisticio de Bahía Blanca

Armisticio de Lima

Artículo principal: Armisticio de Lima

Tratado de Paz de San José de Costa Rica

Artículo principal: Tratado de San José de 1980

Apoyos extranjeros

Consecuencias

Pérdidas humanas y materiales

Repercusiones en Argentina y sus aliados

Repercusiones en Chile y sus aliados

En Chile, la Guerra Sudamericana fue un brutal punto de inflexión donde se puso a prueba el presupuesto más temido de las Fuerzas Armadas Chilenas: la Hipótesis Vecinal Máxima o "HV3", en jerga militar. El pueblo chileno recibió una enorme inyección de patriotismo justo en momentos de crisis donde todo el sistema político parecía tambaleándose después de los sucesos de los 70's, y respondió reclutándose masivamente en el enganche voluntario más grande de la Historia de Chile, superando en más de 10 veces al enganche durante la Guerra del Pacífico: Cerca de 900.000 hombres e incluso muchos miles de mujeres pasaron de la noche a la mañana de ser gente común, a soldados.

En la cultura popular

Notas