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La Gran Guerra Turca es el nombre por el que se conocen los conflictos que enfrentaron al Imperio otomano y los estados vasallos de Moldavia, Valaquia y Transilvania durante gran parte del siglo XVII contra el Sacro Imperio Romano Germánico, la República de las Dos Naciones, la República de Venecia y el Zarato Ruso. Estas diferentes guerras, agrupadas bajo el nombre de Gran Guerra Turca, se debieron al desmesurado expansionismo otomano y significan el último intento de los turcos de extenderse por Europa.

Segundo Sitio de Viena

Antecedentes

A principios del siglo XVII el Imperio Otomano ha perdido la combatividad del siglo anterior debido a las repetidas rebeliones. Mustafa I es depuesto por Osman II, joven enérgico que es consciente de que el Estado necesita reformas urgentes, pero cuando quiere reorganizar a los jenízaros provoca una rebelión, es hecho prisionero y estrangulado en mayo de 1622. Mustafa I vuelve al poder pero fallece en 1623.

Su sucesor es Murad IV que solo tiene 12 años, lo que agrava la anarquía. Los Grandes Visires no tienen autoridad, las tropas se rebelan, en Anatolia empieza una guerra civil y el Imperio safavida invade Mesopotamia y entra en Bagdad. En 1632 el sultán se hace cargo personalmente del gobierno, reprime las rebeliones, impone su voluntad al ejército y derrota a los safavidas recuperando Tabriz y Bagdad. Murad IV muere en 1640 y su sucesor fue Ibrahim I, un loco cruel y libertino que antes de ser asesinado en 1648 puso en peligro toda la obra de Murad IV.

Le sucede Mehmed IV con quien la anarquía llega a su punto máximo. Sin embargo, la ascensión en 1665 a Gran Visir de Mehmed Köprülü hizo recobrar al Imperio Otomano su vigor y terminó con las revueltas de cipayos y jenízaros y doblegó a los gobernadores provinciales levantiscos.

Tanto durante su gobierno como en el de su hijo Fazil Ahmed, el Imperio Otomano recupera su combatividad y volverá a intentar expandirse por suelo europeo.

Guerra de Candía

Véase: Guerra de Candía en Wikipedia para más información.

La Guerra de Candía dio comienzo en 1645 debido al apresamiento de un barco turco en el que supuestamente se encontraba el heredero del Imperio Otomano e hijo de Ibrahim I por una nave maltesa que fue recibida en Candía, que se encontraba en poder veneciano. Ibrahim I declaró la guerra a la República de Venecia.

Inicio de la Guerra

El 30 de abril de 1645, una gran armada de unas 150 galeras y que transportaba a 50.000 soldados, salió de los Dardanelos y se dirigió a Negroponte, al mando del capitán bajá Yussuf. Desde allí puso rumbo hacia la bahía de Pilos y hacia Canea.

El día 27 de junio las tropas otomanas empezaron la excavación de trincheras y desembarcaron la artillería. Venecia no esperaba esta agresión otomana. El senado veneciano, una vez enterado del riesgo que se corría, dispuso una leva de tropas extraordinaria. Mandó al gobernador de Candía, Andrés Cornaro, que movilizase sus milicias y las combinase con la flota que se encontraba estacionada en Suda a las órdenes de Antonio Capello. También se mandó una flota de 24 galeras al mando de Tommaso Morosini para bloquear los Dardanelos.

En 1646 los otomanos, tras apoderarse de Kisamo, Cladisso y Apricorno, atacaron la ciudad de Rétino, que cayó tras cuarenta días de asedio. Esto hizo que los venecianos acusaran a Juan Capello de apatía y le condenasen a un año de prisión, sustituyéndolo por Giovanni Bautista Grimani.

Ese mismo año Ali-Bey, gobernador de Lecca, atacó a los venecianos en Dalmacia. La expedición fue mal para los turcos porque los Morlacos se sublevaron y sirvieron de auxiliares a los venecianos. En esta expedición Venecia perdió Zadar, Merlza Vodizza, Rasanza, Torretta y Novi Grad, pero los otomanos perdieron las ciudades de Macarsca, Iacinizza, Zemonico, Polisana y Succovar, además del apoyo de la población local. Grimani se dirigió hacia las islas Cícladas con una flota de 20 galeras, 3 galeazas y 50 naves. El 3 de enero avistan unas naves argelinas que se retiran a la isla de Zea pero son capturadas poco después. El 8 de enero una flota otomana comandada por Musa Pasha se dirige hacia Estambul con 55 galeras, 2 naves y muchas embarcaciones menores. Una tormenta hace que pierda 6 galeras y las 2 naves, y el 25 de enero de 1647 se encuentra a la altura de la isla de Makronisi. Otra tormenta azota la escuadra veneciana de Tommaso Morosini y separa a la nave capitana del resto de la escuadra. La nave de Tommaso Morosini se encuentra con la escuadra turca el 27 de enero de 1647. En la lucha que siguió Morosini perdió la vida pero causó importantes bajas en sus enemigos. Musa Pasha también resultó muerto en este combate. La flota de Grimani llegó a tiempo para impedir que el barco de Morosini cayera en manos otomanas. A pesar de la importante pérdida que supuso la muerte de Tommaso Morosini, el que una sola nave hubiese causado tan importantes daños en la flota otomana fue un duro golpe para la moral turca.

Asedio de Candía

El año 1648 empezó mal para los venecianos. Una tormenta hundió veintiocho de sus naves. Sin embargo, unos días después Bernardo Morosini llegó con su flota hasta Estambul desafiando a los otomanos. Una flota otomana al mando de Fazli Bajá salió a su paso pero fue puesta en fuga.

Tropas otomanas pusieron sitio a la ciudad de Candía y el 3 de julio lanzaron un ataque simultáneo por varias brechas mientras hacían volar una mina. Cuando los otomanos se encontraban ya dentro de la ciudad, un contraataque lanzado por Leonardo Mocenigo consigue desalojarlos de la ciudad. La falta de suministros obligó a Gazi Hüseyin Pasha a levantar el sitio de Candía por un breve espacio de tiempo.

Mehmed IV sucedió a Ibrahim I el 8 de agosto de 1648.

A principios de 1649 el almirante veneciano Giacomo da Riva tenía la misión de vigilar los movimientos de la armada otomana con su flota de 19 naves, número insuficiente para realizar la misión con efectividad. Observó una flota de 65 galeras, 6 galeazas y varias naves a la que no pudo bloquear. Pensando que eran refuerzos para el asedio de Candía, decidió seguir a la flota turca que fondeó en el antiguo puerto de Focea. Riva quiso aprovechar la ventaja que le daba el que la flota otomana estuviese anclada y la atacó el 12 de mayo de 1649. En la batalla de Focea los venecianos consiguieron capturar una nave y una galera y prendieron fuego a 3 galeazas, 2 galeras y 9 naves. Las bajas venecianas fueron mucho menos importantes, pero Riva se retiró antes de conseguir una victoria total, y el resto de la armada turca se pudo reagrupar y llegar a Creta.

Los supervivientes de la flota otomana llegan a Candía reforzando con 3.000 hombres a los sitiadores. Se lanzaron varios ataques contra la ciudad, penetrando en ella, pero todos fueron finalmente rechazados. Las tropas otomanas, viendo que ya habían perecido en el asedio 6.000 turcos, se amotinaron y Gazi Hüseyin Pasha tuvo que levantar otra vez el asedio dejando solo un cuerpo de observación.

Los Dardanelos

En 1651 una flota otomana fue capaz de romper el cerco. Alvise Mocenigo se lanzó en su persecución y logró interceptarla entre las islas de Paros. En la batalla de Paros ocurrida el 10 de julio de 1651 Mocenigo apresó 10 navíos e incendió otros 5; además se hicieron 965 prisioneros. Por parte veneciana la baja más destacada fue la de Tommaso Mocenigo, hermano del Capitán General. Alvise Mocenigo fue poco después reemplazado por Leonardo Foscolo.

Tras unos años con poca actividad bélica por ambas partes Mocenigo volvió al mando de la flota en 1654.

Giuseppe Dolfin recibió el encargo de vigilar los Dardanelos con 16 navíos, 10 galeazas y ocho galeras. Hacia la armada veneciana se dirigió una flota berberisca de 32 naves y una armada otomana de 65 naves. Estas flotan convergían hacia la flota veneciana de forma que quedaría entre dos fuegos. La Primera batalla de los Dardanelos el 20 de mayo de 1654 fue una victoria otomana. Pero aun así, dada la fuga con éxito de la flota veneciana frente a una fuerza superior, junto con las grandes bajas causadas y la gran valentía mostrada, se tomó como una victoria moral para los venecianos.

Alcise Mocenigo murió y fue sustituido por Francesco Morosini, que en la primavera de 1655, atacó Egina y arrasó la ciudad portuaria de Volos. Lazzaro Mocenigo, hermano de Alcise, fue el encargado de bloquear los Dardanelos con 4 galeazas, 6 galeras y 26 buques. Contra esta armada arremete una gran flota otomana al mando de Mustafa Pasha que contaba con 8 galeazas, 60 galeras, 30 navíos y 45 galeotas. A pesar de la superioridad numérica otomana, la Segunda batalla de los Dardanelos termina en desastre para ellos. Nueve barcos otomanos fueron incendiados, tres capturados y dos hundidos.

El 26 de junio de 1656 se enfrentaron en la Tercera Batalla de los Dardanelos una flota otomana al mando de Chinam Pasha con 9 galeazas, 60 galeras y 28 naves contra una flota veneciana de 6 galeazas, 24 galeras y 13 naves a las órdenes de Lorenzo Marcelo, apoyada por una flota maltesa de 7 galeras al mando de Gregorio Carafa. La batalla fue un fracaso para los turcos: cayeron en manos venecianas 5 galeazas, 13 galeras y 6 naves además de 4 galeazas, 34 galeras y 22 naves que se hundieron o se incendiaron. En esta batalla falleció Lorenzo Marcelo y Lazzaro Mocenigo perdió un ojo. Fue el mayor desastre naval otomano desde la batalla de Lepanto.

Gracias a esta victoria, los venecianos se apoderaron de Tenedos, Samotracia y Lemnos. Tras esta derrota Mehmed Köprülü fue nombrado Gran Visir y con prontitud levantó una nueva armada.

En la campaña de 1657 los otomanos pretenden romper el bloqueo de los Dardanelos y recuperar Tenedos y Lemnos. Mocenigo puede contar varios navíos de los Estados Pontificios al mando de Mario Chigi y de Malta a las órdenes de Gregorio Carafa. Las flotas se encuentran en la Cuarta batalla de los Dardanelos; atacó a una flota berberisca que se hallaba cerca de Quios y apresó algunas naves obligando al resto de la flota a resguardarse tras los cañones de unas fortalezas cercanas. El 19 de julio el almirante veneciano decidió adentrarse en el estrecho para atacar al resto de la flota, pero una descarga de artillería derribó los mástiles, que cayeron sobre Lazzaro Mocenigo acabando con su vida. Poco después otra descarga hizo volar la embarcación. Esta pérdida supuso un duro golpe para la moral veneciana. Pocas semanas después los otomanos retoman con facilidad Tenedos y Lemnos.

Mehmed Köprülü ofreció la paz con la condición de la entrega de Candía, pero fue rechazada por los venecianos. Venecia pidió ayuda a Francia que envió buques y 5.000 soldados que desembarcaron en Canea, ya que pretendían tomarla por sorpresa. Sin embargo, tuvieron que replegarse hacía Candía. Francesco Morosini utilizó estas tropas para intentar forzar el sitio de Candía, pero el ataque fue rechazado y quedaron en el campo de batalla 1.500 franceses.

Giorgio Morosini, asistido por el comandante maltés Fabrizio Ruffo, sorprendió a una flota otomana de 36 galeras y en la batalla de Milo destruyó veinte galeras.

Caída de Candía

Venecia pidió ayuda a las potencias cristianas y recibió 12.000 soldados de infantería y 1.200 de caballería. Estas tropas se emplearon para intentar tomar Canea y levantar el sitio de Candía, pero ambas acciones fracasaron. Las mejores tropas otomanas, al mando personal del Gran Visir, se empeñaron en el sitio de Candía, siendo su número de 60.000 soldados, mientras que los sitiados contaban con 15.000 combatientes a las órdenes de Francesco Morosini.

El 28 de mayo de 1667, los cañones otomanos empezaron a disparar sin interrupción, contestados por las baterías venecianas. El 14 de febrero de 1668, cediendo Morosini a sus temores, solicitó una conferencia con el Gran Visir.

Como Morosini no había acabado aún los recursos, y por otra parte esperaba que de un día al otro le llegaran socorros, se dispuso a combatir. El 19 de junio, llegó a Candía la primera parte del tan esperado contingente francés, bajo el mando de Francisco de Vendôme, duque de Beaufort. El resto de los refuerzos llegaría el 3 de julio.

Los otomanos habían estado haciendo un progreso constante en los últimos años, habiendo alcanzado los baluartes exteriores de la fortaleza. Los defensores se encontraban en una situación desesperada, mientras que la mayoría de la ciudad de Candía yacía en ruinas. Los franceses organizaron su primera salida el 25 de junio. Cogidos por sorpresa, los otomanos fueron derrotados rápidamente, pero los franceses se desorganizaron entre las trincheras de asedio, y un contraataque otomano les hizo retroceder. El ataque terminó en desastre, con un costo para los franceses de cerca de 800 muertos, entre ellos el duque de Beaufort mismo, que fue alcanzado por una bala.

Tras la llegada de todos los refuerzos, el 3 de julio Francesco Morosini intentó probar un ataque decisivo. La flota veneciana bombardearía al ejército otomano mientras la guarnición realizaba una salida. La salida terminó en fracaso, provocado entre otras cosas por la explosión de un barco francés que causó muchos daños en las naves circundantes. Este fracaso, unido a la catástrofe del mes anterior, enrareció las relaciones entre los franceses y los venecianos. El contingente francés finalmente salió de la ciudad el 20 de agosto. Dos ataques otomanos el 25 de agosto fueron rechazados, pero para Morosini era evidente que la ciudad ya no se salvaría.

El 6 de septiembre de 1669, la ciudad se rindió a los otomanos, mientras que los supervivientes de la guarnición, los ciudadanos y sus tesoros fueron evacuados. Por iniciativa propia, Morosini celebró un acuerdo de paz permanente con los otomanos, que, dadas las circunstancias, fue relativamente generoso: Venecia retendría las islas del Egeo de Tinos y Citera y las fortalezas de Spinalonga, Gramvousa y Souda frente a las costas de Creta, así como las ganancias realizadas en Dalmacia.

Las cifras de este asedio son asombrosas. Los otomanos dieron un total de 69 asaltos, 55 subterráneos, volaron 4.000 minas, gastaron 730.000 quintales de pólvora y perdieron 100.000 hombres. Los venecianos hicieron 96 salidas, gastaron 5.300 barriles de pólvora, arrojaron 40.000 bombas, 16.700 balas, gastaron 126.000.000 de ducados y perdieron 30.000 hombres.

Guerra transilvano-kievita

La guerra transilvano-kievita fue un conflicto militar ocurrido entre 1661 y 1563 como un intento de expansionismo transilvano hacia el este. A pesar de la poca importancia que tenía al principio el conflicto, fue el principal detonante de la Guerra de la Santa Coalición por la cual comenzó la decadencia del Imperio Otomano.

Antecedentes

Con la independencia del Estado Cosaco de Kiev reconocida en el Tratado de Oliva (3 de mayo de 1659) se crea un nuevo poder regional en la zona de los montes Cárpatos, compartiendo influencia con Polonia-Lituania y Transilvania.

La rivalidad entre estos tres estados es considerablemente notable y no tardan en saltar rencillas entre las poblaciones fronterizas. Esto, sumado a los conflictos entre guarniciones locales y el incentivo que daba el monarca transilvano Jorge Rákóczi II, hace que la zona se convierta en una olla a presión a punto de detonar, lo que finalmente ocurre en 1661, cuando una compañía de cosacos kievitas saquea y arrasa varias aldeas en la zona montañosa de Transilvania.

Rákóczi entra en cólera al recibir esta información y a pesar de la advertencia del Sultán Mehemed IV declara la guerra a Kiev como venganza.

Inicio de la Guerra

Rákóczi se dirigió contra el hetmán Ivan Briukhovetsky llevando los ejércitos moldavos consigo. La primera parte de la campaña fue exitosa, pero tras una ofensiva kievita se vio forzado a retirarse. A pesar de esto Rákóczi siempre confió en su victoria, pero pronto sufrió la derrota cuando los ejércitos aliados valacos y moldavos lo abandonaron en suelo polaco. Por un breve periodo confió los ejércitos a Juan Kemény, pero éste fue atrapado en la frontera con Crimea.

Intervención Otomana

El Gran Visir turco de Buda, Mehmed Köprülü, había llamado a los ejércitos tártaros al servicio de los otomanos y les ordenó saquear e invadir Transilvania a manera de castigo, por haber iniciado un movimiento militar a Kiev sin autorización del Sultán. Pronto las hordas tártaras destruyeron gran parte del norte de Transilvania, y el 2 de Enero de 1662, los otomanos escogieron como nuevo Príncipe a Francisco Rhédey, quien no actuaría sin su consentimiento. Al no reconocer esto, Rákóczi regresó y el 9 de Marzo recuperó el trono con un golpe de Estado, haciendo renunciar a Rhédey. Pero con gran descontento, los turcos ordenaron que Ákos Barcsay fuese nombrado en lugar de Rákóczi, asumiendo este el cargo el 11 de Diciembre de 1662. Rákóczi volvió a movilizar sus ejércitos para recuperar el trono y fue derrotado el 22 de Julio de 1663 en la Batalla de Gyalu.

Durante la batalla el monarca transilvano fue herido de muerte y fallece el 7 de Agosto, dejando el trono transilvano en manos de Barcsay. Aun así este noble no estaba bien visto por sus súbditos y no tardó en ser destituido y cambiado por el popular Juan Kemény, quien años atrás había ganado mucho prestigio por sus dotes militares.

Con Jorge Rákóczi II muerto, los otomanos obligaron a Transilvania a firmar una paz blanca con Kiev por miedo a una intervención rusa en favor de los cosacos. De esta manera se templaron los ánimos en las regiones de Ucrania y Rumanía; pero Kiev quedó frustrada tras no haber recibido ningún territorio de la "victoria" contra los transilvanos y Rusia veía con más y más ansia la posibilidad de tener un acceso al Mar Negro.

Guerra Austro-Turca

El nuevo Príncipe de Transilvania, Juan Kemény tomó el cargo en octubre de 1663, semanas después de la destitución de Ákos Barcsay. Entre sus primeras acciones estuvo la de ejecutar a todos los húngaros simpatizantes de los turcos, pero primero a Barcsay para que el Imperio Otomano no tuviese ningún simpatizante entre la nobleza de Transilvania, ahorcándolo el 16 de mayo de 1664.

Igualmente Kemény rompió relaciones con el sultán y acudió al emperador germánico y rey húngaro Leopoldo I de Habsburgo, buscando su ayuda tras recibir una declaración de guerra por parte del Imperio Otomano. Tras su huida del país, el sultán escogió a Miguel Apafi como Príncipe de Transilvania.

En el verano de 1664, un ejército otomano de más de 100.000 hombres comandados por el Gran Visir Fazıl Ahmed Paşa entró la Hungría de los Habsburgo y en septiembre conquistó la ciudad de Érsekújvár.

El comandante de los Habsburgo, Raimondo Montecuccoli, tenía sólo a sus 12.000 hombres junto con los 15.000 soldados húngaro-croatas de Nikola Zrinski para oponerse a los turcos.

El emperador Leopoldo convocó entonces la Dieta Imperial en enero de 1665, para pedir ayuda a los reyes alemanes y europeos, con éxito. Un ejército de 30.000 tropas bávaras, brandeburguesas y sajonas fue levantado. Incluso su archienemigo Luis XIV de Francia envió un ejército de 6.000 bajo el mando de Juan de Coligny-Saligny.

Al principio de la guerra, el ejército imperial fue dividido en el 3 cuerpo: En el sur 17.000 tropas húngaro-croatas bajo comando de Nikola Zrinski. En el centro el ejército principal de Montecuccoli que era 28.500 hombres y en el norte unos 8.500 hombres bajo general Jean-Louis Raduit de Souches. Había unos 12.500 hombres en reserva para defender las fortalezas.

Este ejército de 66.500 hombres no era una unidad, ya que las diferencias de opinión entre los comandantes eran muy fuertes, especialmente con Zrinski.

Como preparación para las campañas previstas para 1665, Zrinski se propuso destruir el puente otomano fuertemente fortificado que, desde 1566, había unido Darda a Osijek a través del río Drava y los pantanos de Baranya. La destrucción del puente cortaría la retirada del ejército otomano y haría imposible cualquier refuerzo turco durante varios meses. Zrinski avanzó 240 kilómetros en territorio enemigo y destruyó el puente el 1 de abril de 1665. Aun así no logró conquistar Nagykanizsa, que era el objetivo principal. El cerco tuvo que ser levantado cuando en junio el ejército principal del Gran Visir se acercó.

Después de la conquista de Novi Zrin, el ejército principal otomano marchó hacia Viena, pero fue detenido en el río Rába entre Mogersdorf y la Abadía de Szentgotthárd por el ejército de Montecuccoli. Los otomanos perdieron entre 16.000 y 22.000 de sus mejores tropas durante la Batalla de San Gotardo.

En el norte de Hungría el ejército de Souches había ganado algunas victorias más pequeñas contra Küçük Mehmed Pasha. La más importante de estas victorias fue el Sitio de Léva.

Nueve días después de la Batalla de San Gotardo (1 de Agosto de 1665), Leopoldo de Habsburgo se vio obligado a firmar la paz con el Imperio Otomano tras ver los territorios del oeste del imperio amenazados por Francia, además, la Dieta Imperial había perdido potencia tras la victoria en San Gotardo puesto que los franceses se retiraron de la coalición y muchos príncipes alemanes se negaron a mandar a sus ejércitos más hacia el este.

Intervención rusa

Las noticias de la derrota otomana en San Gotardo llamó la atención al zar Alejo, que desde el inicio de la guerra transilvano-kievita se había planteado intervenir para extender su zona de influencia por los Balcanes y obtener un puerto en el Mar Negro; de esta manera, el zar mandó un enorme contingente hacia Azov con el casus belli de proteger a Kiev a pesar de que éste ya no se encontraba en estado de guerra ni con Transilvania ni con el Imperio Otomano. Aunque los turcos posicionados en la ciudad trataron de oponer resistencia a los rusos, no eran suficientes para resistir la embestida de los eslavos por lo que la ciudad no tardó en caer.

Diplomáticamente, el zar Alejo y el emperador Leopoldo firmaron un pacto por el cual, durante la guerra ambos cooperarían para reducir el poderío Otomano. El sultán se encontraba rodeado por enemigos ya que por el este, Rusia avanzaba con decisión y su desmesurado ejército era imparable; mientras que por el oeste, Austria representaba una gran amenaza, ya que aunque no contaba con un ejército tan grande y poderoso como el otomano, la victoria en San Gotardo les había dado un gran impulso y no se podía detener su avance por Hungría.

Tregua de Kaposvár

La Tregua de Kaposvár fue un tratado firmado el 25 de Febrero de 1666 entre la Monarquía Habsburgo de Austria, el Zarato Ruso y el Imperio Otomano tras la intervención rusa en la guerra. Fue principalmente solicitado por el sultán otomano debido a la presión en el este y el oeste que sufría su país y por el emperador Leopoldo I de Habsburgo que veía amenazados los territorios del Sacro Imperio fronterizos con Francia y los Países Bajos.

En la tregua se reconocía la soberanía de Juan Kemény sobre Transilvania, expulsando de esta manera a Miguel Apafi; también se entregaba Azov a Rusia durante el periodo que durase la tregua y se mandó pagar ciertos tributos anuales al sultán durante los 15 años de tregua; aunque esto último nunca se llegó a cumplir de manera efectiva.

La Santa Coalición

Firmada la Tregua de Kaposvár, el Gran Visir Fazil Ahmed con la aprobación del sultán Mehmed IV comenzó a rearmar el ejército, preparando dos enormes contingentes en los Balcanes y en Crimea con el objetivo de detener una posible invasión austro-rusa al finalizar la tregua. Estos movimientos fueron detectados por espías venecianos que no tardaron en extender la información por todas las cortes europeas.

El miedo a la extensión del islam por el centro de Europa se fue arraigando en las mentes de los diferentes gobernantes e incluso en regiones tan lejanas como Iberia o Francia se notaba tensión. De esta manera se formó en 1671 la Santa Coalición, impulsada por Leopoldo I de Habsburgo, el Papa Clemente X y el Dux Domenico II Contarini.

Durante los siguientes años más gobernantes se unirían a la coalición, entre los que destacaron el Zar Alejo I (por motivos políticos más que religiosos); Alonso I de Andalucía; Jaime II de Aragón; Luis XIV de Francia; Francisco Kemény (hijo de Juan Kemény); Rufim Boljević, príncipe-obispo de Montenegro y Petro Doroshenko.

Guerra de la Santa Coalición

Fue en mayo de 1682 cuando las cosas comenzaron a torcerse y la tensión de la guerra se comenzó a sentir de manera masiva por toda Europa. Los otomanos habían rearmado a su ejército, y se encontraban preparados para el ataque final, en este caso sobre Austria. Más de 80.000 soldados otomanos, valacos y moldavos cruzaron entonces la frontera danubiana, directos hacia la capital del imperio, Viena.

Aunque la Santa Coalición se suponía estar preparada para ello, el ataque le pilló en cierta manera desprevenida, y en la capital sólo había una guarnición de 15.000 austriacos reforzados por otros 32.250 soldados venidos principalmente del Archiducado, Sajonia y Baviera.

El segundo sitio de Viena se dio entre el 23 y el 25 de agosto; sin contar el posterior asedio a la ciudad que duró otros siete meses, hasta que la ciudad se rindió a los otomanos. La batalla fue cruenta y las consecuencias de la victoria otomana fueron devastadoras; murieron más de 20.000 soldados imperiales y el resto fueron capturados como prisioneros, además de los miles de civiles que fallecieron bien por hambre o bien por enfermedades durante el asedio.

En enero de 1683, cuando la ciudad todavía resistía, Francia y Venecia trataron de hacer un ataque para romper el sitio, pero este fue fallido; la falta de artillería por parte del bando católico hizo que los más de 200 cañones otomanos destruyesen las filas aliadas y provocasen la retirada del ejército franco-veneciano.

Finalmente, en marzo de 1683, Ernst Rüdiger von Starhemberg rindió la ciudad a los otomanos y dejó al Sacro Imperio sin su más importante ciudad. El sultán no tardó en trasladarse allí provisionalmente durante la guerra, todo ello a modo de humillación contra el emperador Leopoldo, quien había quedado exiliado en Fráncfort.

Durante la segunda mitad de 1683 y los primeros meses de 1684, el Imperio Otomano luchó por las tierras de la Cuenca del Danubio. El país más notable que cayó fue Baviera, que se rindió tras ser duramente derrotadas las tropas del elector de Maximiliano II Emanuel de Baviera en la Batalla de Ratisbona, cerca de la ciudad homónima.

Respuesta de la Santa Coalición

Frente ruso (1682 - 1689)

Cuando la frontera austro-otomana fue cruzada en junio de 1682 por el ejército del sultán Mehmed IV; éste ya contaba con que Rusia intervendría en la guerra, y bajo el comando de Borís Sheremetev un ejército de más de 100.000 hombres salió hacia la Crimea otomana, pero para sorpresa de los rusos, ésta estaba vacía.

Lo que el sultán otomano había pactado con su Gran Visir sería que se dejaría a los rusos ocupar todo lo que comprendiese entre el Danubio y el Cáucaso. Esto no era plato de buen gusto para los otomanos, pero en cambio era la opción más viable teniendo en cuenta que los números rusos duplicaban a los otomanos que defendían dichos frentes.

Hubo varios intentos de cruzar el Danubio por parte de los rusos, pero fueron rechazados a pesar de la considerable desventaja numérica otomana; en el Cáucaso también se dieron varios intentos de cruce, pero no llegaron a tener gran repercusión.

Campaña del Peloponeso (1684)

Otro de los movimientos realizados por la Santa Coalición para debilitar al otomano fue el de atacar el Peloponeso.

Un ejército formado principalmente por tropas venecianas y pontificias se lanzó a la mar con la mayor parte de la flota veneciana, la totalidad de la pontificia e incluso algunos barcos franceses y aragoneses; esta combinación de barcos fue denominada la Santa Armada, y estuvo comandada principalmente por Francesco Morosini durante sus expediciones en el Mediterráneo.

El ejército estaba formado por unos 10.000 soldados que provenían principalmente de la península itálica junto con algunos mercenarios alemanes y suizos contratados por el Papa para ayudar a la causa. Desembarcaron pues en la ciudad de Modona, en el Peloponeso, y desde ahí comenzaron una rápida conquista de la península que se mantuvo bajo ocupación veneciana hasta finales de la guerra; en gran parte gracias a los refuerzos enviados por los caballeros de las Órdenes de San Juan y San Esteban.

Campaña de África (1684 - 1687)

El último ataque realizado por la Santa Coalición se dio a mediados de 1684 y fue la ofensiva de Alonso I de Andalucía sobre la Regencia de Argel, territorio otomano plagado de pequeñas plazas fuertes andaluzas.

A la campaña andaluza entraron los aragoneses, que mandaron un contingente de unos 5.000 soldados al mando de Fernando Joaquín Fajado. Salió pues el ejército íbero de la Plaza Fuerte de Orán y antes del final del año ya habían logrado tomar una gran parte de Tlemecén.

El sultán preparó entonces un ejército de contingencia y organizó la defensa del Tunez otomano. Aun así, era muy difícil que la compañía resistiese a un ataque masivo andaluz; pero este nunca fue lanzado debido al miedo infundado de Alonso I de que la escasa defensa otomana fuese una trampa para su ejército.

Estancamiento de la Guerra

En enero de 1685 Europa había quedado en total silencio, la mayoría de estados participantes en la guerra no realizaron grandes operaciones militares.

Se estabilizaron los territorios ocupados en Austria, Baviera y Transilvania; sobre este último se reinstauró a Miguel Apafi como príncipe de la Transilvania ocupada mientras que en la zona libre seguía reinando Juan Kemény.

Conquista de los Balcanes

La conquista de los Balcanes fue una campaña militar ocurrida a finales de la Guerra de la Santa Coalición por la cual el Imperio Otomano conquistó los enclaves venecianos en territorio balcánico y también se anexó al Principado-Obispado de Montenegro. Las batallas fueron bastante costosas para los otomanos, pero aun así acabaron en victoria la mayoría.

El cargo de Príncipe-Obispo fue abolido de Montenegro con la llegada de los otomanos y se obligó a los montenegrinos a aceptar el islam como su religión. Muchos de ellos no la aceptaron y ocurrió entonces el Gran Genocidio Montenegrino; cuando decenas de miles de montenegrinos fueron ejecutados por las fuerzas musulmanas del sultán. Se estima que más del 50% de la población del país murió en esta sangrienta operación.

No solo ocurrió la ocupación de Montenegro, también en Albania y Dalmacia (ambas controladas por Venecia) se realizaron fuertes masacres de población cristiana. Para noviembre de 1685 todos los territorios no otomanos de los Balcanes, a excepción de Ragusa que era neutral, habían quedado ocupados por el sultán y a pesar de la gran cantidad de desembarcos venecianos con el objetivo de recuperar sus fuertes costeros, ninguno logró totalmente su objetivo.

Primera Guerra Europea

La Primera Guerra Europea es uno de los conflictos englobados dentro de los enfrentamientos de la Gran Guerra Turca. Se da en el momento que Francia, aprovechando la debilidad de Austria, decide atacar al Sacro Imperio Románico Germánico y de esta manera crear un tercer bando en la guerra.

La ofensiva francesa se dio principalmente a causa de los intereses franceses sobre los estados fronterizos del oeste del Sacro Imperio, los cuales habían sido un objetivo francés durante varios siglos. A la facción francesa se unieron los Países Bajos y Escandinavia; ambos grandes aliados de la nación gala, y a pesar de tener diferentes objetivos a los que tenía ésta, todos implicaban la reducción de poder del Sacro Imperio. El cuarto país de la nueva alianza fue Brandeburgo-Prusia, qué trató de ganar mayor influencia dentro del Imperio.

La entrada a la guerra de una tercera facción supuso un cambio repentino dentro del plano internacional: Rusia se vio obligada a partir sus fuerzas entre el norte (contra Escandinavia y Estonia) y el sur (contra el Imperio Otomano); Polonia-Lituania acabó decidiéndose por entrar en el bando de la Santa Coalición contra Brandeburgo-Prusia y el Imperio Otomano; el Sacro Imperio se vio obligado a dividir sus fuerzas en tres frentes diferentes y finalmente, la guerra se trasladó también al plano americano, con conflictos entre Andalucía y los Países Bajos.

Primeras campañas

Primera Guerra en Italia (1686-1688)

Francia ya estaba preparada para la guerra, y sus vasallos, el Ducado de Milán y la República de Nápoles esperaban dicho conflicto también. Cuando se declaró la guerra, el ejército francés sobre Italia, comandado por Luis José de Borbón-Vendôme, avanzó ocupando el enclave pontificio de Avignon y la ciudad costera de Niza.

Posteriormente se realizaron ciertas operaciones militares sobre Saboya y Génova; ambos países mostraron cierta resistencia, pero las fuerzas francesas fueron capaces de derrotarles. Aun así, Génova trasladó su gobierno a la isla de Córcega, a la cual era imposible acceder debido a la superioridad naval de la Santa Coalición.

Milán, por su parte, se encargó de luchar en Brescia contra Venecia, aun así no se sacó nada en concluso, quedando las fronteras tal y como estaban. Otra de las acciones milanesas fue la de mantener una activa diplomacia con sus vecinos: Mantua, Parma, Módena y Pisa. Los cuatro estados eran en un principio neutrales, pero el temor a represalias francesas les hizo posicionarse en favor de la alianza y permitieron pasar pues al ejército franco-milanés con dirección a Gran Ducado de Toscana y los Estados Pontificios.

En el sur, las fuerzas de la Santa Coalición combatían al ejército napolitano sin verdadero éxito; quedaron ocupados los territorios pontificios de Pontecorvo y Benevento rápidamente, y para 1688 las tropas de la república habían cruzado la frontera y se encaminaban a cortar cualquier acceso al mar Adriático por parte de los Estados Pontificios.

Conflicto en el Báltico

Al comenzar Francia su ofensiva sobre el norte de Italia, Escandinavia hizo lo propio con la ayuda de los Países Bajos y Brandeburgo-Prusia comenzó una camapaña militar sobre el norte del Sacro Imperio y Polonia-Lituania.

El primer ejército salido desde Copenahgue fue un pequeño tumulto de 55.000 daneses y suecos comandados por Conrad Mardefelt que atravesaron los ducados de Schleswig-Holstein y comenzaron a ocupar los pequeños ducados del norte del Sacro Imperio, comenzando por Mecklemburgo-Schwerin, Sajonia-Lauenburgo y Brunswick-Luneburgo.

Desde el noroeste salió Jorge Federico de Waldeck con un ejército de neerlandeses que luchó valientemente contra los ejércitos de Tréveris y Münster hasta lograr ocupar ambos obispados y luego reunirse con el ejército de Mardefelt en el Ducado de Oldemburgo.

Por su parte, Brandeburgo-Prusia se centraba en defender el sur contra Sajonia mientras se enzarzaba en constantes batallas contra el ejército polaco liderado por Andrzej I Potocki, sucesor de su padre, Estanislao Potocki, en la corona polaca. Al principio de la campaña, las tropas brandemburguesas al mando de Federico de Prusia, hijo mayor del Margrave Elector de Brandeburgo y Duque de Prusia, Federico Guillermo I, no hicieron más que sufrir derrotas, pero el curso de la guerra cambió cuando llegó una pequeña compañía de 15.000 estonios al mando de Magnus Gabriel De la Gardie. El nuevo ejército se rearmó e hizo frente a los polaco-lituanos en Gumbinnen, donde obtuvieron la primera victoria y comenzaron a expulsar hacia el sur a la Santa Coalición.

Ya a inicios de 1688 los dos ejércitos brandemburgueses junto a los refuerzos estonios se encontraron en Stolp y crearon un frente común contra Polonia-Lituania que iría desde Pomerania hasta Daugavpils.

Frente escandinavo-ruso

Dicho frente fue el tercero en abrirse para 1687, al comenzar la Primera Guerra Europea y fue clave para la derrota de la Santa Coalición en la misma.

Al comenzar las maniobras en Italia, Escandinavia se vió presionada por sus enemigos. En el sur, el Sacro Imperio y todos sus microestados mientras que en el este estaba Rusia. El rey Cristián V mandó entonces dos grandes ejércitos, uno para ayudar a los Países Bajos y otro para retomar las regiones de Kola y Carelia, las cuales habían sido escandinavas entre 1593 y 1657.

El ejército que se dirigía hacia Rusia estaba comandado por el general finlandés Carl Gustaf Armfeldt y tuvo grandes éxitos al principio, debido a que todos los esfuerzos militares rusos estaban centrados en el sur, por la región de Crimea. Pronto se mandó un cuarto de la comitiva destinada al sur del país más las fuerzas de reserva para combatir al ejército escandianvo, que vio su avance frenado, pero no imposibilitado.

La división de las fuerzas rusas supuso un gran problema para la Santa Coalición, ya que el principal muro que separaba al Imperio Otomano de seguir avanzando hacia el norte había quedado debilitado, y no tardó mucho en ceder a la carga musulmana.

Guerra en América

La Primera Guerra Europea dio una vuelta de tuerca radical cuando en 1686 entraron las potencias del Bando Francés a la guerra. La entrada de dichas potencias supuso que América también se vería involucrada en el conflicto, ya que Francia, Escandinavia y Países Bajos tenían colonias en el continente y Andalucía, miembro de la santa Coalición, también.

Las primeras batallas fueron navales, entre flotas neerlandesas y francesas contra las andaluzas, aunque Nueva Granada no tardó en movilizar su ejército para ocupar las dos Guyanas, cosa que logró para 1687. El problema se planteó cuando a finales de dicho año México y Perú, aliados desde 1682, declararon la guerra a Andalucía, y por tanto a la Santa Coalición, con motivo de liberar Nueva Granada del yugo europeo.

En un principio esto fue positivo para el Bando Francés que, al tener Andalucía que mandar tropas hacia el oeste y el sur, pudieron desembarcar tropas de Québec, Nuevos Países Bajos y Vinland. La ocupación de la colonia andaluza fue rápida, al igual que las otras islas del Caribe; pero el territorio europeo seguía resistiendo, y para tenerlo, Francia tendría que cruzar Aragón.

Ya para 1688 los franceses habían cruzado los Pirineos y tenían bajo su control Cataluña; en en 1689 los aragoneses pierden su capital, Zaragoza; y en marzo de 1692 el ejército valenciano-andaluz es derrotado en la Batalla de Vall de Uxó. En el norte de África, el ejército de 5.000 católicos comandados por Alonso I de Andalucía fue expulsado de la Regencia de Argel por una comitiva de tropas tunecinas y volvió totalmente derrotado a su país. La posibilidad de un desembarco otomano en la costa Mediterránea de andalucía era muy alta, y ese miedo hizo que el monarca acabáse rindiéndose ante sus enemigos.

Las condiciones de paz fueron sencillas: Francia recibiría Puerto Rico, que pasaría a ser parte del Caribe Francés, y Nueva Granada en su totalidad, que por ende pasaría a ser una nueva colonia francesa; los Países Bajos recibirían todas las islas al norte de Nueva Granada, como por ejemplo Trinidad y Tobago e Isla Margarita; el Imperio Otomano obtendría todas las plazas fuertes andaluzas en la Regencia de Argel y Tlemecén.

El problema se dio cuando llegó la propuesta de paz mexicana, la cual reclamaba que se cediese la independencia total a Nueva Granada. Dicha propuesta fue rechazada por el Rey Alonso I puesto que el virreinato ya no estaba bajo su control, pero la negativa andaluza no cambió el hecho de que las autoridades independentistas tomasen el control de la zona.

Nueva Granada

La situación internacional de Nueva Granada se covirtió en un caos total. Los estados europeos reconocían la soberanía francesa sobre la colonia, ya que ésta había sido corroborada por Alonso I de Andalucía, pero en la práctica, el territorio estaba controlado por un gobierno propio de allí, liderado por el militar Gil de Cabrera y Dávalos, quién con anterioridad había estado cerca de obtener el título de Rey del Perú.

Las tensiones entre los protectores de Nueva Granada (México y Perú) frente a Francia fueron aumentando con el tiempo, y no tardaría en detonar una nueva guerra entre las mayores potencias del planeta para la época.

Segunda Fase

Ocurridas las primeras campañas en Europa, la guerra continuó. En estas segundas campañas se dio el declive final de la Santa Coalición, la paz con el Imperio Otomano y el fin de la guerra en América.

El Reino de Italia

Con la ocupación de Saboya y Génova, Francia se lanzó a ayudar a Milán en su frente con Venecia, destruyendo rápidamente al ejécito enemigo y ocupando en su totalidad el territorio continental veneciano. Habiéndo hecho esto, la atención francesa se giró hacia Toscana y los Estados Pontificios, miembros ambos de la Santa Coalición; éstos fueron ocupados en su totalidad por los ejercitos franco-milaneses que no tardaron en hacer capitular al Gran Duque de Toscana Cosme III de Médici y al Papa Inocencio XII en febrero de 1692.

Llegados a este punto, la Santa Coalición había perdido toda su influencia en Italia, pero era demasiado poco para Luis José de Borbón-Vendôme quién decidió lanzar una última campaña contra los estados italianos de Mantua, Parma, Módena y Pisa. La guerra contra éstos fue costosa, pero acabó en victoria francesa a finales de 1694.

Con todo el norte de Italia ocupado por los franceses, se realizó la Concordia de Milán, donde el Rey Luis XIV de Francia concedió a Luis José la corona del Reino de Italia, que ocuparía todo el norte y parte del centro de la península bajo un mismo país.

Ofensiva Otomana en el Danubio (1689)

Tras la ocupación de Crimea, Moldavia y parte de Transilvania por Rusia, el Imperio Otomano se veía realmente presionado. En el oeste, los príncipes alemanes trataban de resistir a los musulmanes y mantenerlos retenidos en Baviera; mientras que en el este Rusia se mantuvo realizando constantes ataques contra Valaquia y los territorios otomanos en Bulgaria y el Cáucaso.

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